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Kirjailija

Benito Perez Galdos

Kirjat ja teokset yhdessä paikassa: 1 074 kirjaa, julkaisuja vuosilta 1987–2026, suosituimpiin kuuluu Luchana. La campaña del Maestrazgo. La estafeta romántica. Vergara: Episodios Nacionales III. Tomo II. Vertaile teosten hintoja ja tarkista saatavuus suomalaisista kirjakaupoista.

Nimi esiintyy myös muodoissa: Benito Pérez Galdós, Benito Pérez Galdos, Benito Peréz Galdos, Benito Peréz Galdós, Benito Pérez Gáldos, Benito Pérez-Galdós

1 074 kirjaa

Kirjojen julkaisuvuodet: 1987–2026.

Torquemada en el Purgatorio

Torquemada en el Purgatorio

Benito Perez Galdos

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2018
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Cuenta el Licenciado Juan de Madrid, cronista tan diligente como malicioso de los Dichos y hechos de D. Francisco Torquemada, que no menos de seis meses tard Cruz del guila en restablecer en su casa el esplendor de otros d as, y en rodearse de sociedad honesta y grata, demostrando en esto, como en todas las cosas, su consumada discreci n, para que no se dijera cuidado que pasaba con fam lica prontitud de la miseria lacerante al buen comer y al visiteo alegre.
Las tormentas del 48

Las tormentas del 48

Benito Perez Galdos

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2018
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Vive Dios, que no dejo pasar este d a sin poner la primera piedra del grande edificio de mis Memorias... Espa oles nacidos y por nacer: sabed que de alg n tiempo ac me acosa la idea de conservar empapelados, con los f ciles ingredientes de tinta y pluma, los p blicos acaecimientos y los privados casos que me interesen, toda impresi n de lo que veo y oigo, y hasta las propias melancol as o las fugaces dulzuras que en la soledad balancean mi alma; sabed asimismo que, a la hora presente, idea tan saludable pasa del pensar al hacer. Antes que mi voluntad desmaye, que harto s cu n f cilmente baja de la clara firmeza a la vaguedad perezosa, agarro el primer pedazo de papel que a mano encuentro, tiro de pluma y escribo: Hoy 13 de Octubre de 1847, tomo tierra en esta playa de Vinaroz, orilla del Mediterr neo, despu s de una angustiosa y larga traves a en la urca Pepeta, mala peste para Neptuno y Eolo , desde el puerto de Ostia, en los Estados del Papa....
España trágica

España trágica

Benito Perez Galdos

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2018
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1. de Enero.- Ha sonado la ltima campanada de las doce. 1870 recoge la herencia del escandaloso 69, a o de acciones difusas y de oratoria sinf nica... ' Y qu har yo con tantos discursos? -dice este pobrecito 70, que nace sobre los mismos hielos que han sido sepultura de su padre-. De qu me servir la opulencia verbosa de estos caballeros constituyentes?... Por ventura, el diluvio ret rico fecundar la simiente de la Rep blica o nos traer un nuevo reto o del rbol secular de la Monarqu a?
Los duendes de la camarilla

Los duendes de la camarilla

Benito Perez Galdos

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2018
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Medio siglo era por filo... poco menos. Corr a Noviembre de 1850. Lugar de referencia: Madrid, en una de sus m s pobres y feas calles, la llamada de Rodas, que sube y baja entre Embajadores y el Rastro. La ma ana hab a sido glacial, destemplada y brumosa la tarde; entr la noche con tinieblas y lluvia, un gotear lento, menudo, sin tregua, como el llanto de las aflicciones que no tienen ni esperanza remota de consuelo. A las diez, la embocadura de la calle de Rodas por la de Embajadores era temerosa, siniestro el espacio que la obscuridad permit a ver entre las dos filas de casas negras, gibosas, mal encaradas. El farol de la esquina dorm a en descuidada lobreguez; el inmediato pesta eaba con resplandor ag nico; s lo brillaba, despierto y acechante, como bandido plantado en la encrucijada, el que al promedio de la calle alumbra el paso a una m sera v a descendente: la Pe a de Francia.
Gerona

Gerona

Benito Perez Galdos

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2018
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En el invierno de 1809 a 1810 las cosas de Espa a no pod an andar peor. Lo de menos era que nos derrotaran en Oca a a los cuatro meses de la casi indecisa victoria de Talavera: a n hab a algo m s desastroso y lamentable, y era la tormenta de malas pasiones que bramaba en torno a la Junta central. Suced a en Sevilla una cosa que no sorprender a mis lectores, si, como creo, son espa oles, y es que all todos quer an mandar. Esto es achaque antiguo, y no s qu tiene para la gente de este siglo el tal mando, que trastorna las cabezas m s s lidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los d biles, al modesto audacia y al honrado desverg enza. Pero sea lo que quiera, ello es que entonces andaban a la gre a, sin atender al formidable enemigo que por todas partes nos cercaba.
El terror de 1824

El terror de 1824

Benito Perez Galdos

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2018
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En la tarde del 2 de octubre de 1823 un anciano bajaba con paso tan precipitado como inseguro por las afueras de la puerta de Toledo en direcci n al puente del mismo nombre. Llov a menudamente, pero sin cesar, seg n la usanza del hermoso cielo de Madrid cuando se enturbia, y la ronda pod a competir en lodos con su vecino Manzanares, el cual hinch ndose como la madera cuando se moja, extend a su saliva fangosa por gran parte del cauce que le permiten los inviernos. El anciano transe nte marchaba con pie resuelto, sin que le causara estorbo la lluvia, con el pantal n recogido hacia la pantorrilla y chapoteando sin embarazo en el lodo con las desfiguradas botas. Iba estrechamente forrado, como tizona en vaina, en a oso gab n oscuro, cuyo borde y solapa se sujetaban con alfileres all donde no hab a botones, y con los agarrotados dedos en la parte del pecho, como la m s necesitada de defensa contra la humedad y el fr o.
Tristana

Tristana

Benito Perez Galdos

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2018
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En el populoso barrio de Chamber , m s cerca del Dep sito de Aguas que de Cuatro Caminos, viv a, no ha muchos a os, un hidalgo de buena estampa y nombre peregrino; no aposentado en casa solariega, pues por all no las hubo nunca, sino en plebeyo cuarto de alquiler de los baratitos, con ruidoso vecindario de taberna, merendero, cabrer a y estrecho patio interior de habitaciones numeradas. La primera vez que tuve conocimiento de tal personaje y pude observar su catadura militar de antiguo cu o, algo as como una reminiscencia pict rica de los tercios viejos de Flandes, dij ronme que se llamaba don Lope de Sosa, nombre que trasciende al polvo de los teatros o a romance de los que traen los librillos de ret rica; y, en efecto, nombr banle as algunos amigos maleantes; pero l respond a por D. Lope Garrido. Andando el tiempo, supe que la partida de bautismo rezaba D. Juan L pez Garrido, resultando que aquel sonoro D. Lope era composici n del caballero, como un precioso afeite aplicado a embellecer la personalidad; y tan bien ca a en su cara enjuta, de l neas firmes y nobles, tan buen acomodo hac a el nombre con la espigada tiesura del cuerpo, con la nariz de caballete, con su despejada frente y sus ojos viv simos, con el mostacho entrecano y la perilla corta, tiesa y provocativa, que el sujeto no se pod a llamar de otra manera. O hab a que matarle o decirle D. Lope.
Nazarin

Nazarin

Benito Perez Galdos

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2018
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A un periodista de los de nuevo cu o, de estos que designamos con el ex tico nombre de rep rter, de estos que corren tras de la informaci n, como el galgo a los alcances de la liebre, y persiguen el incendio, la bronca, el suicidio, el crimen c mico o tr gico, el hundimiento de un edificio y cuantos sucesos afectan al orden p blico y a la Justicia en tiempos comunes o a la higiene en d as de epidemia, debo el descubrimiento de la casa de hu spedes de la t a Chanfaina (en la fe de bautismo Estefan a), situada en una calle cuya mezquindad y pobreza contrastan del modo m s ir nico con su alt sono y coruscante nombre: calle de las Amazonas. los que no est n hechos a la eterna guasa de Madrid, la ciudad (o villa) del sarcasmo y las mentiras maleantes, no parar n mientes en la tremenda fatuidad que supone r tulo tan sonoro en calle tan inmunda, ni se detendr n a investigar qu amazonas fueron esas que la bautizaron, ni de d nde vinieron, ni qu demonios se les hab a perdido en los Madro ales del Oso. He aqu un vac o que mi erudici n se apresura a llenar, manifestando con orgullo de sagaz cronista que en aquellos lugares hubo en tiempos de Mari-Casta a un corral de la Villa, y que de l salieron a caballo, aderezadas a estilo de las hero nas mitol gicas, unas comparsas de mujeronas que concurrieron a los festejos con que celebr Madrid la entrada de la reina do a Isabel de Valois. Y dice el ingenuo avisador coet neo, a quien debo estas profundas sabidur as: "Aquellas hembras, buscadas ad hoc, hicieron prodigios de valor en las plazas y calles de la Villa, por lo arriesgado de sus juegos, equilibrios y volteretas, figurando los guerreros cogerlas del cabello y arrancarlas del arz n para precipitarlas en el suelo." Memorable debi ser este divertimiento, porque el corral se llam desde entonces de las Amazonas, y aqu ten is el glorioso abolengo de la calle, ilustrada en nuestros d as por el establecimiento hospitalario y ben fico de la t a Chanfaina.
Torquemada y San Pedro

Torquemada y San Pedro

Benito Perez Galdos

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2018
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Todo podr a ser. Los de a caballo, embrazando 6] la adarga, en actitud de torneo m s que de guerra, tomar anse por inmensos juguetes, que fueron solaz de la Historia cuando era ni a... En alguno de los guerreros de a pie, cuando ya la luz del d a determinaba por entero sus formas, pod a observarse que los maniqu es vestidos del pesado traje de acero, se aburr an soberanamente, hartos ya de la inmovilidad que desencajaba sus m sculos de cart n, y del plumero que les limpiaba la cara un s bado y otro, en miles de semanas. Las manos podridas, con alg n dedo de menos, y los dem s tiesos, no habr an podido sostener la lanza o el mandoble, si no se los ataran con un tosco bramante. En lo alto de aquel lindo museo, las banderas blancas con la cruz de San Andr s colgaban mustias, polvorosas, deshilachadas, recordando los tiempos felices en que ondeaban al aire, en las bizarras galeras del Tirreno y del Adri tico.
Memorias de un cortesano de 1815

Memorias de un cortesano de 1815

Benito Perez Galdos

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2018
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En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp ritu Santo, doy principio a la historia de una parte muy principal de mi vida; quiero decir que empiezo a narrar la serie de trabajos, servicios, proezas y afanes, por los cuales pas en poco tiempo, desde el m s oscuro antro de las regias covachuelas, a calentar un sill n en el Real Consejo y C mara de Castilla. Abran los o dos y escuchen y entiendan c mo un var n listo y honrado pod a medrar y sublimarse por la sola virtud de sus merecimientos, sin sentar el pie en los tortuosos caminos de la intriga, ni halagar lisonjero las orejas de los grandes con la m sica de la adulaci n, ni poner tarifa a su conciencia o vil tasa a su honor, cual suelen hacer los menguados ambiciosillos del d a, despu s que las sanas costumbres, la modestia, la sobriedad y la cristiana mansedumbre han huido avergonzadas del mundo, y son tan m seros de virtud los tiempos, que no se encuentra un hombre de bien aunque den por l medio mill n de p caros vividores.
Doña perfecta (Spanish Edition)

Doña perfecta (Spanish Edition)

Benito Perez Galdos

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2018
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Pepe Rey, hombre de ideas liberales, acude a Orbajosa, peque a ciudad episcopal castellana, donde piensa casarse con una prima suya, Rosario, matrimonio acordado por su padre, Juan, y por la hermana de ste, la madre de la novia, Perfecta, viuda de Polentinos. Los novios se gustan de inmediato, apenas conocerse, y se declaran amor eterno, pero el malmetimiento de un can nigo de la catedral, don Inocencio, descarrila las buenas intenciones del padre y de la t a, y contrar a el flechazo amoroso sentido por los j venes. La infeliz marcha de los acontecimientos desemboca en un enfrentamiento entre la t a y el sobrino, cuando sta se niega a que la hija se case con un descre do.
Los condenados

Los condenados

Benito Perez Galdos

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2018
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Debo decir que la mayor a de las personas que acudieron al teatro en aquella desgraciada noche, iban con el deseo y quiz s con la confianza del xito. Otras, en cambio, las menos sin duda, llevaron la previsi n y la seguridad de la derrota. M s que la alegr a de stas (cosa muy propia de las luchas literarias, y que no debe asustar a nadie), me duele a m el desenga o de las primeras. La pena que mostraban en el curso de la representaci n, y al retirarse de la sala, centuplicaba el desconsuelo con que actores y autor ve amos perdido nuestro trabajo, y malo gradas las esperanzas de la empresa.
La Sombra

La Sombra

Benito Perez Galdos

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2018
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Conviene principiar por el principio, es decir, por informar al lector de qui n es este don Anselmo; por contarle su vida, sus costumbres, y hablar de su car cter y figura, sin omitir la opini n de loco rematado de que gozaba entre todos los que le conoc an. Esta era general, un nime, profundamente arraigada, sin que bastaran a desmentirla los frecuentes rasgos de genio de aquel hombre incomparable, sus momentos de buen sentido y elocuencia, la afable cortes a con que se prestaba a relatar los m s curiosos hechos de su vida, haciendo en sus narraciones uso discreto de su prodigiosa facultad imaginativa.
Electra

Electra

Benito Perez Galdos

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2018
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Sala lujosa en el Palacio de los se ores de Garc a Yuste. A la derecha, paso al jard n. Al fondo comunicaci n con otras salas del edificio. A la derecha primer t rmino, puerta de la habitaci n de ELECTRA. (Izquierda y derecha se entiende del espectador.)
Halma

Halma

Benito Perez Galdos

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2018
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Doy a mis lectores la mejor prueba de estimaci n sacrific ndoles mi amor propio de erudito investigador de genealog as... vamos, que les perdono la vida, omitiendo aqu el largu simo y enfadoso estudio de linajes, por donde he podido comprobar que do a Catalina de Artal, Xavierre, Iraeta y Merch n de Caracciolo, Condesa de Halma-Lautenberg, pertenece a la m s empingorotada nobleza de Arag n y Castilla, y que entre sus antecesores figuran los Borjas, los Toledos, los Pignatellis, los Gurreas, y otros nombres ilustres. Explorando la selva geneal gica, m s bien que rbol, en que se entrelazan y confunden tan antiguos y preclaros linajes, se descubre que, por el casamiento de do a Urianda de Galcer n con un pr ncipe italiano, en 1319, los Artales entroncan con los Gonzagas 6] y los Caracciolos. Por un lado, si los Xavierres de Arag n aparecen injertos en los Guzmanes de Castilla, en la rama de los Iraetas corre la savia de los Loyolas, y en la de los Moncadas de Catalu a la de los Borromeos de Mil n. De lo cual resulta que la noble se ora no s lo cuenta entre sus antepasados varones insignes por sus haza as b licas, sino santos gloriosos, venerados en los altares de toda la cristiandad.
La Primera Republica

La Primera Republica

Benito Perez Galdos

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2018
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Venid ac otra vez, fieles parroquianos de estas p ginas, y escuchad la voz de aquel buen Tito, entrometido indagador de cosas y personas, familiar diablillo que os entretuvo con la vaga historia del Rey saboyano; venid ac otra vez, y os contar c mo salt Espa a del trono mayest tico al tablado de la Rep blica, las fatigas, desazones y horribles discordias que afligieron a esta Patria nuestra, tan animosa como incauta, y por fin, el traqueteo nervioso y epil ptico que la precipit a su desdichada ca da.
El Grande Oriente

El Grande Oriente

Benito Perez Galdos

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2018
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S ; era en la calle de Coloreros, en esa oscura v a que abre paso desde la calle Mayor hasta la plazuela y arco de San Gin s. All era, sin duda alguna, y hasta se puede asegurar que en la misma casa donde hoy admira el at nito p blico fabulosa cantidad de pececillos de colores dentro de estanques de madera y muestras preciosas de una important sima industria: las jaulas de grillo. All era, s , y no es f cil que ning n contempor neo lo niegue, como han negado que Francisco I estuviese en la torre de los Lujanes y que Sertorio fundara la Universidad de Huesca (que es achaque de los modernos meterse a desmentir la tradici n). All era, s , en la calle de Coloreros y en la casa de los rojos peces y de las jaulas de grillos, donde viv a el gran D. Patricio Sarmiento.
La de Bringas

La de Bringas

Benito Perez Galdos

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2018
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La de Bringas es una novela publicada en 1884 por Benito P rez Gald s, una de las que componen su magna serie de Novelas espa olas contempor neas que, al desarrollarse casi en su totalidad en escenarios de la capital de Espa a, han generado literariamente el "Madrid galdosiano", similar al Londres de Dickens o el Par s de Balzac. La novela, junto con El doctor Centeno (1883) y Tormento (1884), cierra una posible y discutida trilog a que transcurre en los a os anteriores a la Revoluci n de 1868. Algunos cr ticos han se alado la posibilidad de que Gald s usase el conjunto para explicar la similitud entre esos a os y los de la Restauraci n, per odo durante el cual escribi la novela. Rosal a Pipa n, esposa de Francisco de Bringas (alias Thiers) ha logrado su sue o y ahora vive en el Palacio Real de Madrid, al servicio de la reina Isabel II con la que tiene ciertas semejanzas tanto f sicas como psicol gicas (del mismo modo que su marido con don Francisco de As s, consorte de la reina). Con sus aspiraciones sociales conseguidas, no puede evitar embarcarse en una serie de gastos para poder mantener el nivel de la clase que la rodea, excesos que va acumulando sin que se entere su marido, hasta que las deudas acumuladas la lleven a prostituirse.
El audaz

El audaz

Benito Perez Galdos

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2018
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I El padre Jer nimo de Matamala, uno de los frailes m s discretos del convento de franciscanos de Oca a, hombre de genio festivo y arregladas costumbres, dej la esculpida y lustrosa silla del coro en el momento en que se acababa el rezo de la tarde, y muy de prisa se dirigi a la porter a, donde le aguardaba una persona, que hab a mostrado grandes deseos de verlo y hablarle.