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Kirjailija
Edgar Allan Poe
Kirjat ja teokset yhdessä paikassa: 2 091 kirjaa, julkaisuja vuosilta 1840–2027, suosituimpiin kuuluu Heureka ja muita kirjoituksia. Vertaile teosten hintoja ja tarkista saatavuus suomalaisista kirjakaupoista.
The story is introduced with the epigraph "Ce grand malheur, de ne pouvoir tre seul" - a quote taken from The Characters of Man by Jean de La Bruy re. It translates to This great misfortune, of not being able to be alone. This same quote is used in Poe's earliest tale, "Metzengerstein". After an unnamed illness, the unnamed narrator sits in an unnamed coffee shop in London. Fascinated by the crowd outside the window, he considers how isolated people think they are, despite "the very denseness of the company around". He takes time to categorize the different types of people he sees. As evening falls, the narrator focuses on "a decrepit old man, some sixty-five or seventy years of age", whose face has a peculiar idiosyncrasy, and whose body "was short in stature, very thin, and apparently very feeble" wearing filthy, ragged clothes of a "beautiful texture". The narrator dashes out of the coffee shop to follow the man from afar. The man leads the narrator through bazaars and shops, buying nothing, and into a poorer part of the city, then back into "the heart of the mighty London". This chase lasts through the evening and into the next day. Finally, exhausted, the narrator stands in front of the man, who still does not notice him. The narrator concludes the man is "the type and genius of deep crime" due to his inscrutability and inability to leave the crowds of London.
En plenos carnavales de alguna ciudad italiana del siglo XIX, Montresor busca a Fortunato con nimo de vengarse de una pasada humillaci n. Al hallarlo ebrio, le resulta f cil convencerlo de que lo acompa e a su palazzo con el pretexto de darle a probar un nuevo vino. Lo conduce a las catacumbas de la casa, y all consuma su venganza.
Est inspirado por el fen meno del Maelstr m, un remolino que se produce en las costas de Noruega, formado por la conjunci n de las fuertes corrientes que atraviesan el estrecho de Moskenstraumen y la gran amplitud de las mareas. El relato en s se trata de una historia dentro de otra historia, contada desde lo alto de un abismo. Est narrada por un anciano que afirma no serlo, pese a su apariencia: "No hizo falta m s que un d a para transformar mis cabellos negros en canas, debilitar mis miembros y destrozar mis nervios." El narrador cuenta que un d a se hizo a la mar con dos de sus hermanos, cuando se desat un terrible hurac n, que atrap el barco en su v rtice. Los dos hermanos murieron, mientras que el narrador ca a al centro del remolino y se quedaba maravillado ante lo que ve a. Se arroj al agua, sujet ndose a un barril. Al cabo de un tiempo impreciso, fue izado a la borda de un barco de conocidos suyos que no le reconocieron.
Es la segunda narraci n en la que aparece el detective Auguste Dupin. Est basado en la tragedia real de Mary Cecilia Rogers sucedida en Nueva York. En el relato, la asesinada cambia su nombre al de Marie Rog t y Poe convierte Nueva York en Par s. Mary Rogers era una atractiva vendedora de cigarrillos y su crimen nunca fue resuelto del todo; en el caso de Marie Rog t, el personaje "ficticio", se sugiere que el asesino era un marinero desech ndose asimismo la especulaci n de la polic a respecto de que Marie fuera v ctima de una pandilla; sin embargo, el mismo Poe evita anunciar que acaso haya resuelto el caso de la vida real aunque algunos contempor neos suyos vieron en el relato precisamente ello, un intento de mayor notoriedad por parte del escritor norteamericano al buscar dar soluci n al cr men de Mary Rogers.
Un narrador protagonista an nimo en primera persona omnisciente cuenta la historia de su matrimonio con Morella, una culta y extra a mujer que lee y profundiza en las prohibidas p ginas del misticismo. Sus sentimientos hacia ella hab an sido siempre extra os e indefinibles, el narrador sabe que nunca sinti amor por Morella. Como resultado de sus pr cticas y lecturas, logr la inmortalidad de su alma, pero su forma f sica hab a empezado a deteriorarse cada vez m s, por lo tanto pasa su tiempo en su cama hablando con su marido y ense ndole las artes oscuras que hab a aprendido. l estaba sumamente asustado por las palabras de Morella y en secreto le deseaba la muerte, pese a que intentaba disimularlo todo el tiempo. Finalmente, muere durante el parto, pero su alma pasa a habitar en el cuerpo de la hija de ambos. Morella, antes de morir le dice al narrador, su marido, que nunca fue amada por l, por consiguiente, despu s de la muerte ser a amada por l con un amor perfecto y puro. A medida que va pasando el tiempo, la hija de Morella iba pareci ndose a su madre en todo, cosa que perturbaba al narrador de manera desmedida. Nunca le hab a puesto un nombre, por el simple hecho de que no sab a cu l ponerle. Cuando la chica va a cumplir diez a os, l decide bautizarla para eliminar cualquier demonio que tuviera en su interior. Cuando el sacerdote le pregunta cu l es su nombre, l contesta "Morella". En ese mismo momento, ella dice " Estoy aqu ", y cae muerta en el piso. La historia llega a su fin cuando la segunda Morella es depositada en el mismo sepulcro que la anterior, y el narrador se da cuenta que los huesos de su esposa difunta ya no estaban all .
El narrador, el marido de Ligeia, describe sus cualidades: una mujer hermosa, apasionada e intelectual de pelo negro y ojos oscuros, que conoci en "una vieja y ruinosa ciudad cercana al Rin". Se casan, pero despu s de unos a os Ligeia muere; el marido, desconsolado, se muda a Inglaterra donde compra y reforma una abad a. Pronto, entra en un matrimonio sin amor con "Lady Rowena Trevanion de Tremaine, de rubios cabellos y ojos azules". En el segundo matrimonio, Rowena empieza a sufrir de fiebre y ansiedad. Una noche, cuando est a punto de desmayar, el narrador le llena un vaso de vino. Drogado por opio, ve (o cree ver) gotas de un "l quido brillante color rub " caer en el vaso. Su condici n empeora r pidamente, y unos d as despu s muere y su cuerpo es envuelto para ser enterrado. Mientras el protagonista mantiene vigilia por la noche, escucha un susurro que proviene del lecho de muerte. Al detenerse a escuchar, no detecta ruido, pero m s tarde vuelve a escucharlo, m s fuerte. Se acerca al lecho y ve color en las mejillas, frente y p rpados de Lady Rowena. sta muestra repetidas se ales de recuperaci n, pero vuelve a caer en muerte aparente. Mientras l intenta la resurrecci n, las reanimaciones de Rowena se hacen progresivamente m s fuertes, pero las reca das, m s finales. Cuando amanece, el marido est sentado y emocionalmente exhausto por la lucha de la noche; el cuerpo aparentemente muerto se mueve con tal energ a que no se lo termina de creer y comienza a preguntarse si ese cuerpo es realmente de su esposa Lady Rowena Trevanion de Tremaine. Desesperado, se arroja a los pies de su esposa, estremeci ndose sta ante el contacto, cayendo las vendas y revelando unos cabellos negros 'como ala de cuervo en la noche'. Ella abre los ojos, y el protagonista afirma: ' en esto, al menos, jam s podr equivocarme, pues esos son, los oscuros, los hermosos ojos de Lady... de Lady Ligeia '.
El relato se inicia con la siguiente cita del moralista franc s Jean de la Bruy re: "Ce grand malheur, de ne pouvoir tre seul", tomada de su obra Caract res. Dicha cita puede traducirse: Qu gran desgracia la de no poder estar solo. La misma cita puede encontrarse en el primer cuento de Poe, Metzengerstein.1 Tras superar una enfermedad no definida, el narrador pasa el tiempo en un caf londinense. Fascinado por la multitud que observa pasar a trav s de la ventana, considera los distintos tipos y personajes (nobles, amanuenses, comerciantes, abogados...), y el aislamiento a que est n sometidos, a pesar de vivir api ados en la gran ciudad. Al caer la tarde, el narrador se fija en a decrepit old man, some sixty-five or seventy years of age (un anciano decr pito de unos sesenta y cinco o setenta a os). Era de escasa estatura, flaco y aparentemente muy d bil. Vest a ropas tan sucias como harapientas. El narrador, lleno de curiosidad, decide dejar el caf y seguir a este hombre. ste conduce al narrador por tiendas y comercios, sin comprar nunca nada, hasta acabar en una zona muy pobre de la ciudad, para regresar otra vez al coraz n de la misma. La persecuci n se prolonga a lo largo de toda la noche y todo el d a siguiente. Finalmente, exhausto, el narrador se enfrenta cara a cara al extra o anciano, quien, sin darse cuenta de haber sido seguido, pasa de largo. El narrador sospecha, al verlo perderse de nuevo entre la multitud, que debe de ser un terrible criminal, llam ndolo el hombre de la multitud.
UNA.- Renacida? MONOS.-S , mi hermosa y m s amada Una. sta era la palabra, sobre cuyo m stico significado yo hab a meditado tan larga mente, rechazando la explicaci n del sacerdote, hasta que la Muerte ha descifrado el secreto para m . UNA.- La Muerte MONOS.-;Qu extra amente repites mis palabras, dulce Una Y qu gozosa inquietud en tus ojos Est s confusa y sobrecogida por la majestuosa novedad de la Vida Eterna. S , hablaba de la Muerte, y qu singularmente suena aqu esa palabra que en los viejos tiempos acostumbraba llenar de terror todos los corazones, haciendo marchitar todos los deleites
"Larga y sin piedad es la tortura aqu por la sed de sangre inocente, sin saciar, sin alimentar, ahora que la patria est protegida y rota est la gruta f nebre, la muerte estuvo donde ahora hay vida saludable." El narrador/protagonista comienza el relato, ya agotado, en una oscura celda en donde la inquisici n espa ola encierra a las personas que condena, y donde la tortura que esta aplica consiste en la soledad, el abandono, la oscuridad, el fr o y el hambre. El torturado protagonista se encuentra atado en casi su totalidad y experimenta la angustia de conocer su pr xima muerte pues un p ndulo desciende hacia l. Luego de medir el tama o de su celda, este descubre un profundo pozo con agua ubicado en el centro del sitio. Seguro de que ser muerto por la navaja del extremo de tal p ndulo, se entretiene con la trayectoria del objeto, pero luego se le ocurre una idea, recordando que tiene a su disposici n un poco de carne, comida que compart a con las ratas. Con dificultad logra rociar su cuerpo con un poco del alimento, y los roedores le saltan encima, comiendo y royendo la cuerda que le tiene atado. Ya liberado, de inmediato el p ndulo se detiene y razona el hombre en cuesti n que est siendo vigilado, y que ya se prepara para l una muerte quiz peor. La habitaci n calienta su ambiente al rojo vivo y cambia de forma reduciendo su tama o, haciendo que las paredes se cierren en torno de el protagonista, y empuj ndolo al borde del ominoso pozo. El narrador se ve en la disyuntiva de morir triturado o de lanzarse al pozo que originalmente iba a ser su "sepultura". Cuando se encuentra sin m s espacio para huir, totalmente desesperanzado y a punto de tirarse al pozo, una mano lo sujeta y lo salva. La mano es la de un l der militar franc s que hab a entrado en Toledo durante las Guerras Napole nicas y descubierto las torturas a las que eran sometidas las v ctimas de la inquisici n.
Eight Tales of Poe / Ocho Cuentos de Poe contains eight of Edgar Allan Poe's most popular short stories, or tales (The Murders in the Rue Morgue, The Fall of the House of Usher, The Mask of the Red Death, The Cask of Amontillado, The Black Cat, Descent into the Maelst
Aunque la teor a del mesmerismo est a n envuelta en dudas, sus sobrecogedoras realidades son ya casi universalmente admitidas. Los que dudan de stas pertenecen a la casta in til y despreciable de los que dudan por pura profesi n. No hay mejor manera de perder el tiempo que proponerse probar en la actualidad que el hombre, por el simple ejercicio de su voluntad, puede impresionar a su semejante al punto de sumirlo en un estado anormal cuyas manifestaciones se parecen estrechamente a las de la muerte, o por lo menos en mayor grado que cualquier otro fen meno conocido en condiciones normales; que, en ese estado, la persona as influida utiliza s lo con esfuerzo y en consecuencia d bilmente los rganos exteriores de los sentidos y, sin embargo, percibe con agudeza y refinamiento, y por v as presuntamente desconocidas, cosas que est n m s all del alcance de los rganos f sicos; que, adem s, sus facultades intelectuales se hallan en un maravilloso estado de exaltaci n y fuerza; que las simpat as con la persona que as influye sobre ella son profundas, y, finalmente, que su susceptibilidad de impresi n va en aumento gradual, al tiempo que en la misma proporci n, se extienden y acent an cada vez m s los peculiares fen menos producidos.