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Kirjailija

Gustavo Vazquez Lozano

Kirjat ja teokset yhdessä paikassa: 70 kirjaa, julkaisuja vuosilta 2016–2019, suosituimpiin kuuluu The Virgin of Guadalupe: The History and Legacy of One of the Catholic Church's Most Venerated Images. Vertaile teosten hintoja ja tarkista saatavuus suomalaisista kirjakaupoista.

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70 kirjaa

Kirjojen julkaisuvuodet: 2016–2019.

Los Libros Perdidos del Antiguo Testamento y Otros Apócrifos Judíos

Los Libros Perdidos del Antiguo Testamento y Otros Apócrifos Judíos

Gustavo Vázquez-Lozano; Charles River

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2018
nidottu
El estudio de los evangelios ap crifos -relatos de la vida o dichos de Jes s que no entraron al Nuevo Testamento- es una disciplina popular entre los acad micos que llena ya varios estantes de cualquier biblioteca respetable. A pesar de la creciente secularizaci n de la sociedad, parece haber un apetito por la figura hist rica de Jes s. Mucho menos lectores de estudios b blicos consideran la cuesti n de si el Antiguo Testamento, conocido tambi n como Biblia Hebrea, est "completo", es decir, si hubo otros libros aparte del G nesis, el xodo y Jueces, con distintas historias y personajes desconocidos, que quedaron excluidos de la colecci n y perdidos en las arenas del tiempo. La mayor parte de los lectores da por hecho que la gran saga de Israel, comenzando por los relatos pastoriles de los patriarcas, la epopeya del xodo y la conquista de la Tierra Prometida, hasta la corte del rey David, es una historia compacta, completa, nica, que desde un principio estuvo en su forma actual, y que como tal fue aceptada de manera un nime en la antig edad. Escribi alguien en el antiguo Israel otras versiones de las conocidas historias de la escuela dominical? Los descubrimientos arqueol gicos y textuales recientes han revelado que la literatura del pueblo de Israel antes de Cristo era mucho m s extensa y variada de lo que se supon a. Ya entre los primeros comentaristas cristianos y jud os se conoc an algunos textos cuyo estatus era impreciso. Pertenec an o no a las escrituras sagradas libros como Tob as, Macabeos y Judith, aceptados por los jud os de la di spora pero no por los de Palestina? D nde quedaron ciertos libros que se mencionan dentro de la misma Biblia pero que nadie presume haber visto jam s? Consid rense las referencias, por ejemplo, a una historia de la corte del rey David -que debi de ser una de las primeras en ponerse por escrito-, los Anales de Salom n, un Libro de Jasher, y de manera prominente el Libro de las Guerras del Se or. Todos ellos se han perdido en la penumbra de la historia. En tercer lugar est otro grupo de libros que despierta el mayor inter s: una extensa colecci n de textos jud os y judeo-helen sticos que han llegado hasta nosotros -algunos en estado fragmentario- pero que por alguna raz n fueron excluidos del Antiguo Testamento; algunos fueron recuperados o desenterrados, otros permanecieron bajo la celosa custodia de bibliotecas secretas o her ticas. Entre ellos se hallan el libro de Enoc, el libro de los Jubileos y el Apocalipsis de Mois s, entre muchos m s. Y a pesar de no haber sido aceptados, las doctrinas que ah se exponen lograron permear en la cultura popular no s lo de nuestros tiempos, sino de la antig edad, incluyendo los primeros cristianos. La rebeli n de los ngeles malvados liderados por quien despu s ser a llamado Satan s, los castigos para los pecadores en el mundo de los muertos, la idea de un mes as que morir a por su gente, la creencia en la resurrecci n de los m rtires con la recomposici n literal de sus cuerpos mutilados, son ideas que surgieron en libros ap crifos del Viejo Testamento. Estas creencias no se encuentran en ning n lugar de la Biblia Hebrea.
Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano

Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2018
nidottu
En el siglo I de nuestra era vivi un hombre llamado Jes s en Judea, en ese tiempo una provincia de Roma. El hombre de origen rural era considerado por unos como un profeta, por otros como un loco y por otros m s como un peligro para la seguridad de Israel. En sus ltimos d as predic en Jerusal n sobre la inminente destrucci n de la ciudad santa y de su templo. Su profec a inclu a lenguaje parab lico. Jes s hablaba, seg n las fuentes que nos han llegado, sobre el viento que tra a se ales, posiblemente haciendo un eco a las palabras del profeta Isa as, y enigm ticas par bolas sobre el novio de bodas y la novia. Algunas personas hallaron ofensivas sus palabras, lo hicieron arrestar y azotar. Sin estar seguros de qu hacer con l, las autoridades del templo lo entregaron al procurador romano. Cuando Jes s estuvo frente a l, el gobernador de Roma lo interrog y le pregunt qu era todo aquello que estaba profetizando, pero el prisionero no dijo una sola palabra; permaneci en silencio. El procurador lo hizo azotar de nuevo, sin que el hombre se lamentara ni mostrara una l grima. Tampoco maldijo a quienes se burlaban de l y lo golpeaban. Jes s se lament una vez m s por el destino de los habitantes de Jerusal n y finalmente ah , no lejos del templo, encontr la muerte... aplastado por la piedra de una catapulta. No hay muchos detalles m s sobre la vida de Jes s hijo de Anan as, o Jes s ben Anan as, excepto que pereci cerca del templo en el a o 70 DC cuando un proyectil de una catapulta romana lo golpe en la cabeza durante el sitio a la ciudad. Este desafortunado profeta estuvo activo cuatro d cadas despu s de su mucho m s c lebre antecesor, Jes s de Nazaret, que muri no alcanzado por un proyectil en el templo, sino crucificado afuera de la ciudad alrededor del a o 30 DC. Es posible que ambos personajes alguna vez se hayan cruzado, cuando el hijo de Anan as era un muchacho y el nazareno ya un profeta influyente. Quiz el segundo inspir al primero. Nunca lo sabremos con seguridad, como tampoco sabremos qu otras cosas dijo e hizo Jes s hijo de Anan as, porque sus disc pulos -si es que los tuvo- no preservaron sus palabras ni repitieron ritualmente sus acciones. Solamente el historiador jud o Flavio Josefo preserv la curiosa historia de ese otro Jes s en su libro La Guerra de los Jud os, escrito cinco a os despu s de los hechos. El anterior es la mejor evidencia de que Jes s de Nazaret, el mes as cristiano, no fue el nico l der de un movimiento prof tico carism tico en el siglo I en Judea, ni siquiera en su natal Galilea, poblada de profetas y revolucionarios. Tampoco fue el nico jud o de su poca en ser considerado hijo de Dios con el poder de hacer milagros. Ciertamente tampoco fue el nico en ser llamado mes as cuando Roma ocupaba el pa s. Como l, otros galileos fueron ejecutados por las fuerzas de ocupaci n bajo cargos de sedici n (" ste es el rey de los jud os"). El fundador del cristianismo vivi en una provincia y en una poca que produjo otros como l, hombres inspirados que dec an tener un mensaje divino o una misi n del Padre celestial para la redenci n de su pueblo, Israel. En su mayor parte olvidados, ellos fueron los otros profetas, hacedores de milagros y mes as -en algunos casos aclamados como reyes- contempor neos de Jes s de Nazaret. El Nuevo Testamento no niega la existencia de otros hacedores de milagros activos en la misma poca; dan pistas sutiles pero inequ vocas de su presencia, y en el caso m s conspicuo, aunque reconocen su enorme carisma, se esmeran en ponerlo como inferior a Jes s. Estamos hablando de Juan el Bautista, un profeta por derecho propio, con un ministerio independiente que incluso expres sus dudas sobre su competidor, Jes s. Pero hubo otros m s.
Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano

Competidores de Jesucristo: La historia de los otros Mesías de Israel durante el reinado del Imperio Romano

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2018
nidottu
En el siglo I de nuestra era vivi un hombre llamado Jes s en Judea, en ese tiempo una provincia de Roma. El hombre de origen rural era considerado por unos como un profeta, por otros como un loco y por otros m s como un peligro para la seguridad de Israel. En sus ltimos d as predic en Jerusal n sobre la inminente destrucci n de la ciudad santa y de su templo. Su profec a inclu a lenguaje parab lico. Jes s hablaba, seg n las fuentes que nos han llegado, sobre el viento que tra a se ales, posiblemente haciendo un eco a las palabras del profeta Isa as, y enigm ticas par bolas sobre el novio de bodas y la novia. Algunas personas hallaron ofensivas sus palabras, lo hicieron arrestar y azotar. Sin estar seguros de qu hacer con l, las autoridades del templo lo entregaron al procurador romano. Cuando Jes s estuvo frente a l, el gobernador de Roma lo interrog y le pregunt qu era todo aquello que estaba profetizando, pero el prisionero no dijo una sola palabra; permaneci en silencio. El procurador lo hizo azotar de nuevo, sin que el hombre se lamentara ni mostrara una l grima. Tampoco maldijo a quienes se burlaban de l y lo golpeaban. Jes s se lament una vez m s por el destino de los habitantes de Jerusal n y finalmente ah , no lejos del templo, encontr la muerte... aplastado por la piedra de una catapulta. No hay muchos detalles m s sobre la vida de Jes s hijo de Anan as, o Jes s ben Anan as, excepto que pereci cerca del templo en el a o 70 DC cuando un proyectil de una catapulta romana lo golpe en la cabeza durante el sitio a la ciudad. Este desafortunado profeta estuvo activo cuatro d cadas despu s de su mucho m s c lebre antecesor, Jes s de Nazaret, que muri no alcanzado por un proyectil en el templo, sino crucificado afuera de la ciudad alrededor del a o 30 DC. Es posible que ambos personajes alguna vez se hayan cruzado, cuando el hijo de Anan as era un muchacho y el nazareno ya un profeta influyente. Quiz el segundo inspir al primero. Nunca lo sabremos con seguridad, como tampoco sabremos qu otras cosas dijo e hizo Jes s hijo de Anan as, porque sus disc pulos -si es que los tuvo- no preservaron sus palabras ni repitieron ritualmente sus acciones. Solamente el historiador jud o Flavio Josefo preserv la curiosa historia de ese otro Jes s en su libro La Guerra de los Jud os, escrito cinco a os despu s de los hechos. El anterior es la mejor evidencia de que Jes s de Nazaret, el mes as cristiano, no fue el nico l der de un movimiento prof tico carism tico en el siglo I en Judea, ni siquiera en su natal Galilea, poblada de profetas y revolucionarios. Tampoco fue el nico jud o de su poca en ser considerado hijo de Dios con el poder de hacer milagros. Ciertamente tampoco fue el nico en ser llamado mes as cuando Roma ocupaba el pa s. Como l, otros galileos fueron ejecutados por las fuerzas de ocupaci n bajo cargos de sedici n (" ste es el rey de los jud os"). El fundador del cristianismo vivi en una provincia y en una poca que produjo otros como l, hombres inspirados que dec an tener un mensaje divino o una misi n del Padre celestial para la redenci n de su pueblo, Israel. En su mayor parte olvidados, ellos fueron los otros profetas, hacedores de milagros y mes as -en algunos casos aclamados como reyes- contempor neos de Jes s de Nazaret. El Nuevo Testamento no niega la existencia de otros hacedores de milagros activos en la misma poca; dan pistas sutiles pero inequ vocas de su presencia, y en el caso m s conspicuo, aunque reconocen su enorme carisma, se esmeran en ponerlo como inferior a Jes s. Estamos hablando de Juan el Bautista, un profeta por derecho propio, con un ministerio independiente que incluso expres sus dudas sobre su competidor, Jes s. Pero hubo otros m s.
La Revolución de Texas: La historia y el legado de la Guerra del estado de Texas por la Independencia de México

La Revolución de Texas: La historia y el legado de la Guerra del estado de Texas por la Independencia de México

Gustavo Vazquez-Lozano; Charles River

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2018
nidottu
*incluye fotos *incluye las cuentas de las batallas Aqu va una adivinanza. Qu parte de Estados Unidos ha estado bajo la soberan a de seis pa ses diferentes? La respuesta, por el t tulo de este libro, es obvia. "Texas es un estado mental, pero creo que es mucho m s que eso. Es una m stica que se aproxima a una religi n. A pesar de su enorme extensi n, variedad de climas y diferencias en el paisaje, Texas tiene una cohesi n interna quiz m s s lida que cualquier otra parte de la Uni n Americana", escribi John Steinbeck en Travels with Charley: In Search of America. No es raro que el texano promedio sienta un gran orgullo por el simple hecho de serlo, e incluso juegue con la noci n de que su estado podr a, y quiz deber a ser una gran naci n alg n d a. Terminada la colonizaci n europea en el continente, Texas dej de pertenecer a Espa a y Francia para formar parte del Imperio Mexicano; despu s fue un pa s independiente y actualmente es uno de los 50 estados de la Uni n Americana, aunque durante un breve periodo la rebelde Texas volvi a separarse para formar, junto con otros aliados, los Estados Confederados de Am rica. Decir que algo es "del tama o de Texas" expresa grandiosidad y abundancia, y sus habitantes ciertamente han mostrado la laboriosidad para hacer de esta parte de Norteam rica uno de los estados que mayormente contribuye al producto interno bruto de su pa s. Las historias sobre la revoluci n que en el siglo XIX la libr de la intolerancia, opresi n y crueldad mexicanas se cuenta lo mismo en las escuelas que en la astuta museograf a de las principales centros culturales del "Estado de la Estrella Solitaria". En particular la batalla del lamo, rodeada de leyendas y testimonios de hero smo, es un ejemplo de libro de texto de c mo se ve ah la conquista de la libertad, comparable a la batalla de Masada para los jud os. Las palabras "m rtires", por un lado, y "tiran a mexicana" por el otro, casi siempre est n presentes en los recuentos. Remember the Alamo es a la vez un slogan de auto-glorificaci n como de martirio. Pero sta es, desafortunadamente, una visi n pintada de rosa. Como en cada historia, todo depende del lado en que nos coloquemos y las historias de qui n estemos leyendo. La guerra de Texas ciertamente buscaba la libertad, pero no el ideal abstracto of "las masas cansadas, despojadas que anhelan respirar libres; los rechazados expulsados de lejanas costas". Era m s bien la libertad para ir comi ndose las tierras de un pa s d bil y mantener la esclavitud en sus campos de algod n, as como la ambici n de tierras baratas e inagotables recursos naturales. Texas no viv a bajo una tiran a, los colonos no hab an sido esclavizados por nadie -por el contrario, se les hab an regalado tierras y permitido todas las facilidades para prosperar-, ni el ej rcito mexicano era las fuerzas del mal cuyo nico objetivo era, en palabras de la poca, imponer "la barbarie y el despotismo (...) de la raza h brida hispanoamericana y la raza negra contra la civilizaci n" (Pacheco, 1997). Los colonos texanos, en su mayor parte familias pac ficas y trabajadoras, hicieron por a os lo que har a cualquier grupo humano en busca de mejores oportunidades teniendo ante s territorios deshabitados y no vigilados: entrar, asentarse en ellos, trabajarlos y defender lo logrado. Por su parte, M xico reaccion como lo hubiera hecho cualquier pa s que viera visto invadido su territorio por rebeldes extranjeros armados: expulsarlos o apaciguarlos. Sin embargo, durante la guerra de Texas y hasta la fecha, tiende a verse con actitud rom ntica el recuerdo de aquella rebeli n. La guerra de independencia que ah se llev a cabo fue el pre mbulo de otra m s extensa, destructiva y sangrienta: la guerra entre M xico y Estados Unidos en 1847. No es sta una historia de h roes ni de villanos.
Pancho Villa: La Vida y La Leyenda de Famoso Revolucionario de México

Pancho Villa: La Vida y La Leyenda de Famoso Revolucionario de México

Gustavo Vazquez Lozano

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2018
nidottu
"Pancho Villa", dec a la gente en M xico a principios del siglo XX, "puede andar 100 kil metros sin parar, vivir 100 d as sin comer, aguantar 100 noches sin dormir y matar 100 hombres sin ning n remordimiento". La leyenda de Francisco Villa est saturada de hero smo, tragedia y romanticismo; es la historia de un campesino pobre que se convierte en bandolero por necesidad, por haber vengado una injusticia sobre su familia; la del genio militar que primero huye del gobierno opresor, y despu s, frente al ej rcito revolucionario m s grande en la historia de su pa s, lo derrota y se convierte en el liberador de M xico, s lo para volver a caer en la desgracia cuando sus tropas lo abandonan o son liquidadas por el enemigo. La caballer a de Pancho Villa, agregan los mexicanos con algo de orgullo, invadi Estados Unidos, y aunque vinieron a buscarlo, jam s lo pudieron encontrar. sta es, cuando menos, la versi n que conoce la mayor parte de sus compatriotas, que ciertamente no es la de sus libros de texto.
Los Evangelios Apócrifos: La Historia de los Apócrifos del Nuevo Testamento que no se Incluyeron en la Biblia

Los Evangelios Apócrifos: La Historia de los Apócrifos del Nuevo Testamento que no se Incluyeron en la Biblia

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2018
nidottu
Jes s de Nazareth fue un maestro jud o de origen rural que vivi en el primer tercio del siglo I de nuestra era. Durante una celebraci n de la Pascua en Jerusal n fue condenado a la pena de muerte -espec ficamente crucifixi n- por la autoridad imperial de Roma, que en ese momento ten a el control de su pa s. Muchas cosas m s podr an decirse de su vida, pero aparte de este peque o resumen y quiz uno o dos detalles m s, ser a complicado que todos los acad micos estudiosos de la Biblia levantaran su mano en se al de acuerdo. Sin embargo, la literatura escrita en los siguientes 250 a os despu s de la muerte de este predicador jud o -relativamente desconocido en vida- fue abundante, casi estridente. Cu ntas personas dejaron por escrito vida o dichos de Jes s de Nazareth? La persona poco versada en estos temas responder que cuatro: los autores de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, libros que se encuentran en el Nuevo Testamento. Pero para muchos resulta una sorpresa saber que los evangelios que aparecen en la Biblia no son sino una peque a muestra de los que se produjeron. Desde el principio, la producci n literaria de quienes consideraban a Jes s como Mes as fue abundante. Sin contar las breves menciones sobre la vida de Jes s que aparecen en las cartas de San Pablo, en los primeros dos siglos y medio de nuestra se compusieron muchas otras colecciones de dichos y hechos sobre el maestro jud o, algunas de ellas posiblemente por testigos oculares, o cuando menos, por cristianos de la primera o segunda generaci n (disc pulos de los disc pulos de Jes s). Algunos de esos textos fueron tan populares y gozaron de tal difusi n que han dejado su influencia hasta nuestros d as. Los nombres de los reyes magos -Melchor, Gaspar y Baltazar-, la tradici n de que Jos el padre de Jes s era viudo, los nombres de los bandidos que perecieron junto a l en la cruz -Dimas y Gestas- y el de la esposa de Pilatos, por citar s lo algunos ejemplos, provienen todos de los ap crifos: nunca se mencionan en la Biblia. La imponente pintura que est en la iglesia de San Paolo Maggiore, en N poles, que muestra a San Pedro luchando contra el mago Sim n, tambi n proviene de la imaginer a ap crifa.
San Pedro: La vida y el legado del apóstol más importante de Jesús

San Pedro: La vida y el legado del apóstol más importante de Jesús

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2017
nidottu
Adem s de Jes s, no hay otro personaje trazado m s v vidamente en los evangelios que Pedro. Hablar de San Pedro es hablar de un hombre de acci n. No en balde es el ap stol m s mencionado en el Nuevo Testamento: un total de 195 veces. En comparaci n, Juan, el siguiente m s popular, alcanza apenas 29 menciones. Es en los momentos decisivos, donde se requiere una acci n r pida y categ rica, donde el l der de los ap stoles brilla; ah Pedro no tiene rival en el c rculo interno de personas que segu an a Jes s de Nazareth. Es la inacci n y en la incertidumbre donde vacila, se derrumba, muestra su lado humano. Con todo eso, y a pesar de ello, se convirti en el hombre de confianza de Jes s, y con el tiempo, en el l der de la naciente Iglesia. Reconstruir la biograf a de Sim n Pedro, el pescador galileo, implica lanzar las redes sobre aguas de las m ltiples tradiciones sobre el l der de los Doce, el hombre siempre presente en los puntos de inflexi n de la historia. Con buenas razones se ha dicho que la narraci n evang lica est escrita desde su punto de vista. Es l a quien Jes s llama primero cuando se halla trabajando en la orilla del mar; es Pedro quien proclama con ciego entusiasmo que su maestro es el Mes as; quien discute con l sobre las consecuencias y el significado de ese t tulo; quien llora amargamente ante su fracaso; quien se introduce en a la casa del sumo sacerdote donde tienen preso al rab , y quien despu s de la crucifixi n se arroja a las oscuras aguas, antes de la salida del sol, cuando cree verlo parado en la orilla del mar. Pedro ya era un hombre casado con oficio permanente en Caperna m cuando Jes s de Nazaret pas a su lado y le dijo: "S gueme y te har pescador de hombres". A pesar de que los cuatro evangelios can nicos suelen tener desacuerdos entre s , todos coinciden en un aspecto crucial: la preeminencia de Pedro. Sim n Bar-jon s (el hijo de Jon s) fue portavoz y l der de los ap stoles, el disc pulo de confianza del Se or e, ir nicamente, el que una y otra vez le fall por medio de su incomprensi n, sus titubeos, sus negaciones e impulsividad, como cuando desenfund la espada para herir, cuando su maestro claramente estaba en contra de la violencia. Sin embargo, de acuerdo a varios reportes independientes, Jes s resucitado fue a aparecerse antes que nadie a l, como para confirmarlo en su encargo de "apacentar a sus ovejas". Nunca en la Iglesia primitiva se puso jam s en duda la primac a del tosco pescador. Despu s de aquella funesta celebraci n de Pascua donde pareci terminar el sue o, el l der de los Doce fue el primero en salir del encierro, identificarse como seguidor del rebelde que acaba de ser crucificado, y ponerse a predicar con un valor que compens con creces su anterior cobard a. Con l comenz la Iglesia m s numerosa del mundo. Considerando todo esto, resulta extra o que se conozcan tan pocos detalles sobre su vida tras la muerte de Jes s. Que Sim n "Cefas", el pescador de Galilea es una figura hist rica, es un hecho que nadie -ni siquiera los que dudan de la existencia de Jes s- pondr a en duda. La evidencia textual va directamente hasta los a os en que vivi en Jerusal n, y al menos un contempor neo menciona un encuentro con l en sus escritos. Pero los detalles son escasos. Ir nicamente la mayor parte de la informaci n confiable proviene de otro l der cristiano con quien tuvo enfrentamientos: Pablo. Tradiciones y leyendas sobre la vida de San Pedro hay muchas -sin mencionar multitud de escritos atribuidos a l-; algunas pueden contener memorias hist ricas, otras son par bola; pero lo que no es leyenda es que en vida, y durante dos mil a os, Pedro fue y ha sido objeto de acaloradas controversias.
San Pedro: La vida y el legado del apóstol más importante de Jesús

San Pedro: La vida y el legado del apóstol más importante de Jesús

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2017
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Adem s de Jes s, no hay otro personaje trazado m s v vidamente en los evangelios que Pedro. Hablar de San Pedro es hablar de un hombre de acci n. No en balde es el ap stol m s mencionado en el Nuevo Testamento: un total de 195 veces. En comparaci n, Juan, el siguiente m s popular, alcanza apenas 29 menciones. Es en los momentos decisivos, donde se requiere una acci n r pida y categ rica, donde el l der de los ap stoles brilla; ah Pedro no tiene rival en el c rculo interno de personas que segu an a Jes s de Nazareth. Es la inacci n y en la incertidumbre donde vacila, se derrumba, muestra su lado humano. Con todo eso, y a pesar de ello, se convirti en el hombre de confianza de Jes s, y con el tiempo, en el l der de la naciente Iglesia. Reconstruir la biograf a de Sim n Pedro, el pescador galileo, implica lanzar las redes sobre aguas de las m ltiples tradiciones sobre el l der de los Doce, el hombre siempre presente en los puntos de inflexi n de la historia. Con buenas razones se ha dicho que la narraci n evang lica est escrita desde su punto de vista. Es l a quien Jes s llama primero cuando se halla trabajando en la orilla del mar; es Pedro quien proclama con ciego entusiasmo que su maestro es el Mes as; quien discute con l sobre las consecuencias y el significado de ese t tulo; quien llora amargamente ante su fracaso; quien se introduce en a la casa del sumo sacerdote donde tienen preso al rab , y quien despu s de la crucifixi n se arroja a las oscuras aguas, antes de la salida del sol, cuando cree verlo parado en la orilla del mar. Pedro ya era un hombre casado con oficio permanente en Caperna m cuando Jes s de Nazaret pas a su lado y le dijo: "S gueme y te har pescador de hombres". A pesar de que los cuatro evangelios can nicos suelen tener desacuerdos entre s , todos coinciden en un aspecto crucial: la preeminencia de Pedro. Sim n Bar-jon s (el hijo de Jon s) fue portavoz y l der de los ap stoles, el disc pulo de confianza del Se or e, ir nicamente, el que una y otra vez le fall por medio de su incomprensi n, sus titubeos, sus negaciones e impulsividad, como cuando desenfund la espada para herir, cuando su maestro claramente estaba en contra de la violencia. Sin embargo, de acuerdo a varios reportes independientes, Jes s resucitado fue a aparecerse antes que nadie a l, como para confirmarlo en su encargo de "apacentar a sus ovejas". Nunca en la Iglesia primitiva se puso jam s en duda la primac a del tosco pescador. Despu s de aquella funesta celebraci n de Pascua donde pareci terminar el sue o, el l der de los Doce fue el primero en salir del encierro, identificarse como seguidor del rebelde que acaba de ser crucificado, y ponerse a predicar con un valor que compens con creces su anterior cobard a. Con l comenz la Iglesia m s numerosa del mundo. Considerando todo esto, resulta extra o que se conozcan tan pocos detalles sobre su vida tras la muerte de Jes s. Que Sim n "Cefas", el pescador de Galilea es una figura hist rica, es un hecho que nadie -ni siquiera los que dudan de la existencia de Jes s- pondr a en duda. La evidencia textual va directamente hasta los a os en que vivi en Jerusal n, y al menos un contempor neo menciona un encuentro con l en sus escritos. Pero los detalles son escasos. Ir nicamente la mayor parte de la informaci n confiable proviene de otro l der cristiano con quien tuvo enfrentamientos: Pablo. Tradiciones y leyendas sobre la vida de San Pedro hay muchas -sin mencionar multitud de escritos atribuidos a l-; algunas pueden contener memorias hist ricas, otras son par bola; pero lo que no es leyenda es que en vida, y durante dos mil a os, Pedro fue y ha sido objeto de acaloradas controversias.
Jesus of Nazareth: The Historical Search for the Christian Messiah

Jesus of Nazareth: The Historical Search for the Christian Messiah

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2017
nidottu
*Includes pictures *Analyzes the Biblical accounts of Jesus and the sources the Gospels relied on *Includes online resources and a bibliography for further reading *Includes a table of contents The life story of Jesus of Nazareth, considered by billions of Christians to be the Messiah prophesized in the Old Testament of the Bible, is perhaps the most famous in history. Described in detail in the New Testament, Jesus comes from both divine yet humble roots, born in a manger to a young woman, but in time he leads a fervent following as tales of his miracles spread across the Holy Land. Of course, a central aspect of Jesus's life is the situation in Israel and its ongoing conflict with Rome, which helped compel and inspire Jews to seek a savior that would deliver them from their enemies. The country is dismembered and hides religious renegades in the wilderness, waiting inside caves for the final battle against Rome. Apocalyptic effervescence has never been so intense in Israel as now. Jesus speaks in parables and enacts them, and they are understandable to the ears and eyes of a 1st century Jews. His words certainly don t talk about resignation or about future life in heaven, but about a plan, a program. His aphorisms don t command good behavior or spiritual contemplation, like the Buddha. They speak of judgment, first, and then the restoration of Israel, though perhaps not in the way that their listeners expect. He compares his movement with the mustard plant, this pernicious botanical species that the Latin naturalists describe as a destructive pest, since it invades agricultural land and attracts birds, thus destroying the crops. He compares the Kingdom of God with yeast, which remains hidden inside the bread until the decisive moment, when it can no longer be ignored. He speaks preferably to the lowest of the low, the nobodies: the prostitutes, children, lepers and beggars, and he asks them to be ready, to watch and be alert for the signs. The crucifixion and resurrection that follow create the climactic resolution of Jesus' life story and cement his status as the Christ, at least in the eyes of the burgeoning religious movement that would sweep across the region in the coming decades. An anonymous writer would compose the first gospel, Mark, and the major theme would be the way of Jesus to his death. His followers, whose movement would originally be called "the way," would also bring about a new religion that has lasted 20 centuries, and while it is focused on the figure of Jesus, the rural man of Israel who started it all, the historical Jesus was gradually enshrined under layers of sermons, chants, legends and philosophies that would be alien to Jews in Jesus's day. Like ideological strata, they covered the historical facts, obscuring the Jesus of history under the Christ of faith. Given the fact that the Bible's account is so well known, it's perhaps unsurprising that people in the modern day have become more interested in trying to uncover lesser known details about Jesus, arguably the most important figure in history. This has ranged from arguments over his life to arguments over his very existence, making the historical search for Jesus all the more important. From supporters citing 1st century sources like Tacitus to skeptics comparing Jesus to past religions' heroes and other mythological figures, people continue to try bolstering their case, no matter which side they fall on. Jesus of Nazareth: The Historical Search for the Christian Messiah chronicles the life of Jesus and the historicity of the man believed to be the savior of Christianity. Along with pictures of important people, places, and events, you will learn about Jesus like never before, in no time at all.
Jesús de Nazareth: La Búsqueda Histórica del Mesías Cristiano

Jesús de Nazareth: La Búsqueda Histórica del Mesías Cristiano

Charles River; Gustavo Vazquez Lozano

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2017
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Hoy, el profeta de Nazareth sigue despertando un vivo inter s en una amplia cantidad de c rculos ortodoxos y heterodoxos. Los libros sobre l son tan abundantes como la proverbial planta de mostaza. Jes s, cuya muerte ocurri hace casi dos mil a os, contin a siendo la m s c lebre figura religiosa, seguida por cuando menos dos mil millones de personas en todo el mundo, y fuente de inspiraci n para algunas m s.
El Cristianismo Olvidado: La Historia de los Evangelios de Nag Hammadi

El Cristianismo Olvidado: La Historia de los Evangelios de Nag Hammadi

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2017
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Muchas personas interesadas en los temas b blicos han le do sobre los Rollos del Mar Muerto y sus guardianes, los misteriosos esenios, esa secta del juda smo que escondi en cuevas su valiosa biblioteca, antes de lanzarse a la batalla final contra los romanos, seguros de que Dios intervendr a en el momento decisivo. La historia y la literatura encontrada entre esas rocas calizas han producido toneladas de literatura. Menos personas saben de un hallazgo igual de fascinante y enigm tico, realizado cerca de la misma regi n del planeta, y apenas con unos meses de diferencia: una colecci n de antiqu simos c dices con tratados cristianos hasta entonces desconocidos, encontrada accidentalmente por unos campesinos cerca de la ciudad de Nag Hammadi, Egipto. Entre los c dices se encontraba, despu s de haber estado perdido por diecis is siglos, el Evangelio de Tom s, adem s de otros t tulos desconocidos como El Evangelio de Felipe y los Hechos de Pedro y los Doce Ap stoles. En este caso no eran esenios quienes los hab an confiado al cuidado de las cuevas y de los siglos en el siglo IV de nuestra era, sino monjes que practicaban una variante del cristianismo hoy olvidada, llamada gnosticismo. Su filosof a les promet a un mundo mejor que el que estaban viviendo: un Egipto ocupado por una Roma que sangraba al pa s; en materia doctrinal, estaban bajo la autoridad de un patriarca distante en Alejandr a que los trataba con desprecio. "Eran los hippies de su poca", coment James Robinson, uno de los m s reconocidos expertos en la colecci n de Nag Hammadi. A los monjes les interesaba m s la praxis que con la ortodoxia. Para ellos lo importante era el ascetismo, escapar del mundo. Su filosof a tachaba de malvado, fraudulento y d bil al dios del Antiguo Testamento, y cre a que la serpiente era el gran Instructor, el verdadero h roe del G nesis, la bestia que hab a hecho accesible el conocimiento (gnosis) a los humanos. Los gn sticos eran m sticos que hab an perdido la esperanza en el mundo. Sus escritos fueron prohibidos cuando la iglesia defini los libros autorizados para ser le dos en las congregaciones. Por alg n motivo, en lugar de destruirlos, los monjes de Nag Hammadi decidieron legarlos a la posteridad, quiz en espera de mejores tiempos. Al igual que ese otro gran descubrimiento del siglo XX, los Rollos del Mar Muerto, los evangelios y otros tratados de Nag Hammadi fueron descubiertos accidentalmente, por gente sencilla que estaba haciendo labores del campo; en el caso del Mar Muerto, buscando una cabra perdida; en el segundo, obteniendo fertilizante. Ambos hallazgos ocurrieron en lugares relativamente cercanos -Israel y Egipto- y de manera simult nea, con unos meses de diferencia. Los dos pasaron peripecias para salir a la luz. Tanto la biblioteca de los esenios como la de la comunidad que enterr los c dices de Egipto tuvieron que esperar d cadas para ser publicados en forma completa, y es posible que en un inicio ambas colecciones hayan sufrido da os irreparables. En ltimo t rmino, los Rollos del Mar Muerto y los evangelios y tratados de Nag Hammadi fueron sin duda los dos descubrimientos arqueol gicos m s importantes del siglo XX en materia de textos antiguos. La biblioteca de Nag Hammadi es tan importante para el estudio del cristianismo primitivo, como los escritos de los esenios para la comprensi n del juda smo en la poca de la ocupaci n romana. Las diferencias entre ambas colecciones tambi n son importantes: desde el punto de vista de la historia de las religiones, los respectivos textos fueron compuestos a los lados opuestos de ese parteaguas que fue el siglo I, momento de dos acontecimientos decisivos: el nacimiento del cristianismo y la destrucci n del templo de Jerusal n.
El Cristianismo Olvidado: La Historia de los Evangelios de Nag Hammadi

El Cristianismo Olvidado: La Historia de los Evangelios de Nag Hammadi

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

Createspace Independent Publishing Platform
2017
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Muchas personas interesadas en los temas b blicos han le do sobre los Rollos del Mar Muerto y sus guardianes, los misteriosos esenios, esa secta del juda smo que escondi en cuevas su valiosa biblioteca, antes de lanzarse a la batalla final contra los romanos, seguros de que Dios intervendr a en el momento decisivo. La historia y la literatura encontrada entre esas rocas calizas han producido toneladas de literatura. Menos personas saben de un hallazgo igual de fascinante y enigm tico, realizado cerca de la misma regi n del planeta, y apenas con unos meses de diferencia: una colecci n de antiqu simos c dices con tratados cristianos hasta entonces desconocidos, encontrada accidentalmente por unos campesinos cerca de la ciudad de Nag Hammadi, Egipto. Entre los c dices se encontraba, despu s de haber estado perdido por diecis is siglos, el Evangelio de Tom s, adem s de otros t tulos desconocidos como El Evangelio de Felipe y los Hechos de Pedro y los Doce Ap stoles. En este caso no eran esenios quienes los hab an confiado al cuidado de las cuevas y de los siglos en el siglo IV de nuestra era, sino monjes que practicaban una variante del cristianismo hoy olvidada, llamada gnosticismo. Su filosof a les promet a un mundo mejor que el que estaban viviendo: un Egipto ocupado por una Roma que sangraba al pa s; en materia doctrinal, estaban bajo la autoridad de un patriarca distante en Alejandr a que los trataba con desprecio. "Eran los hippies de su poca", coment James Robinson, uno de los m s reconocidos expertos en la colecci n de Nag Hammadi. A los monjes les interesaba m s la praxis que con la ortodoxia. Para ellos lo importante era el ascetismo, escapar del mundo. Su filosof a tachaba de malvado, fraudulento y d bil al dios del Antiguo Testamento, y cre a que la serpiente era el gran Instructor, el verdadero h roe del G nesis, la bestia que hab a hecho accesible el conocimiento (gnosis) a los humanos. Los gn sticos eran m sticos que hab an perdido la esperanza en el mundo. Sus escritos fueron prohibidos cuando la iglesia defini los libros autorizados para ser le dos en las congregaciones. Por alg n motivo, en lugar de destruirlos, los monjes de Nag Hammadi decidieron legarlos a la posteridad, quiz en espera de mejores tiempos. Al igual que ese otro gran descubrimiento del siglo XX, los Rollos del Mar Muerto, los evangelios y otros tratados de Nag Hammadi fueron descubiertos accidentalmente, por gente sencilla que estaba haciendo labores del campo; en el caso del Mar Muerto, buscando una cabra perdida; en el segundo, obteniendo fertilizante. Ambos hallazgos ocurrieron en lugares relativamente cercanos -Israel y Egipto- y de manera simult nea, con unos meses de diferencia. Los dos pasaron peripecias para salir a la luz. Tanto la biblioteca de los esenios como la de la comunidad que enterr los c dices de Egipto tuvieron que esperar d cadas para ser publicados en forma completa, y es posible que en un inicio ambas colecciones hayan sufrido da os irreparables. En ltimo t rmino, los Rollos del Mar Muerto y los evangelios y tratados de Nag Hammadi fueron sin duda los dos descubrimientos arqueol gicos m s importantes del siglo XX en materia de textos antiguos. La biblioteca de Nag Hammadi es tan importante para el estudio del cristianismo primitivo, como los escritos de los esenios para la comprensi n del juda smo en la poca de la ocupaci n romana. Las diferencias entre ambas colecciones tambi n son importantes: desde el punto de vista de la historia de las religiones, los respectivos textos fueron compuestos a los lados opuestos de ese parteaguas que fue el siglo I, momento de dos acontecimientos decisivos: el nacimiento del cristianismo y la destrucci n del templo de Jerusal n.
La cruz de Cristo y la Lanza del Destino: Cómo las dos reliquias más importantes del cristianismo cambiaron la historia

La cruz de Cristo y la Lanza del Destino: Cómo las dos reliquias más importantes del cristianismo cambiaron la historia

Gustavo Vázquez Lozano; Charles River

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2017
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Que Jes s de Nazareth (ca. 4 AC-30 DC) fue crucificado es una de las afirmaciones m s cercanas a un hecho hist rico que pueda hacerse sobre su l. Sobre los detalles de qu hizo o dijo la academia ha pasado siglos debatiendo, pero en este hecho, que sufri la pena capital a manos de la autoridad romana por medio de la crucifixi n, coincide la abrumadora mayor a de los historiadores del mundo antiguo. Que hubo una cruz donde sufri y muri es, por tanto, la siguiente afirmaci n l gica. De hecho, su caso no es raro: como l, hubo muchos otros jud os que perecieron clavados a un madero en las afueras de Jerusal n; miles de acuerdo al historiador Josefo, testigo presencial de la gran rebeli n contra Roma. La cruz, que era un s mbolo de fracaso y verg enza para quienes mor an en ella y sus familias, fue considerada desde el inicio del cristianismo como el momento triunfal en la carrera de su mes as; su crucifixi n el momento de su ascensi n a su trono como verdadero rey de los jud os. De ah que, una vez terminada la persecuci n contra el cristianismo, y pasados los suficientes a os, comenzaran a surgir los interesados en buscar la evidencia. Ir en pos de, contemplar, besar y en el mejor de los casos llevarse a casa un pedazo de la hist rica cruz fue una de las obsesiones primero de los creyentes, despu s de reyes y emperadores. Junto con la cruz, siguiendo el relato evang lico, aparece otro objeto que incluso m s que el Santo Grial, ha mantenido de una forma u otra su enigm tica e inquietante presencia a lo largo de la historia: la lanza de Longinus, el soldado romano que perfor el costado de Jes s. La Verdadera Cruz era una reliquia de sanaci n y protecci n, pero la lanza, de acuerdo a la leyenda, era para la guerra y la conquista. "Aqu l que posea esta lanza y descubra su secreto tendr el destino del mundo en sus manos, para bien o para mal." As lo creyeron los antiguos emperadores del Sacro Imperio Romano, Napole n e incluso Adolph Hitler. No es casual que a esta codiciada reliquia le haya conocido desde tiempos inmemoriales como la Lanza del Destino. Hasta aqu la leyenda. El verdadero problema surge al apartar el mito y tratar de identificar c mo y cu ndo aparecieron por primera vez estas dos reliquias en la historia, y de ah seguir su complicada historia de siglos, pasando de generaci n en generaci n, de mano en mano de reyes y papas; de creyentes a enemigos del cristianismo; c mo fueron perdidas y recuperadas, repartidas en fragmentos por todo el mundo y en ocasiones vueltas a reunir; alguna vez robadas y utilizadas como impresionante medio de propaganda; incluso extraviadas y finalmente recuperadas y depositadas en los lugares donde hoy se veneran. Es posible que la cruz de Jes s haya sido encontrada trescientos a os despu s de su muerte y que sus fragmentos todav a puedan contemplarse en diversas iglesias del mundo? Se sabe con certeza que a mediados del siglo IV (ca. 350 DC) una antiqu sima cruz era venerada en Jerusal n y se utilizaba en la liturgia de la Semana Santa. La lanza apareci en la siguiente centuria en la Bas lica del Monte Si n en Jerusal n. De entrada, los siglos que las separan del evento de la crucifixi n (ca. 30 DC) hace problem tico abogar por su autenticidad. Opiniones en favor y en contra de la Cruz que se veneraba en Jerusal n desde los tiempos del emperador Constantino y de la lanza que empu Carlomagno en su coronaci n, los hay a favor y en contra. Pero hay casos en los que la historia de un objeto, y los tumultos que provocaron a su alrededor, resultan m s apasionantes que la cuesti n de la autenticidad en s misma. Este volumen sigue la complicada trayectoria de las dos reliquias existentes m s importantes del cristianismo, su aparici n en Palestina, su traslado a Bizancio y su dispersi n por toda Europa despu s del saqueo de Constantinopla, y c mo en el trayecto de diecis is siglos cambiaron el cu
La Historia y El Legado de María Magdalena, La Primera Cristiana y Apóstol de La Iglesia Primitiva

La Historia y El Legado de María Magdalena, La Primera Cristiana y Apóstol de La Iglesia Primitiva

Gustavo Vazquez Lozano; Charles River

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2017
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Mar a Magdalena es probablemente la figura m s c lebre del cristianismo popular, una mujer de nuestro tiempo, la que los medios de comunicaci n y las sensibilidades modernas pueden abrazar con mayor convicci n. La industria del entretenimiento como el cine, el teatro y la literatura de aeropuerto han tenido desde hace m s de cien a os una obsesi n con esta pelirroja, que lleg a su cl max en la primera d cada de este siglo y no parece que vaya a desvanecerse. Magdalena tiene todo para ser una super-estrella: joven y atractiva, liberada e inteligente, ejemplo de una espiritualidad m s libre, no sometida por una Iglesia controlada por hombres; en la mente de muchos, Magdalena encarna la oposici n a un sistema dominado por ancianos con sotana, lo "sagrado femenino", y por si fuera poco, tiene el mejor partido del mundo: el mism simo Jesucristo. Hasta aqu la imagen presentada por la cultura popular. Esta Magdalena afrancesada, de pelo suelto y brillante, que aparece en innumerables obras de artes medievales y modernas con un manto rojo, s mbolo de rebeld a y libertad (aunque en la Edad Media la intenci n era mostrarla como una mujer descarriada), es una creaci n de la Iglesia occidental, y m s recientemente de los medios masivos de comunicaci n. Es la Magdalena enterrada bajo siglos de luchas intertextuales, homil as condescendientes, leyendas medievales, novelas en busca de ventas y documentales para la televisi n por cable. Pero hubo una Mar a hist rica, la mujer llamada Miriam (su nombre hebreo) nacida en Galilea en tiempos del rey Herodes, y que muri , muy probablemente, en la actual Turqu a, venerada, cuando el cristianismo era solamente una variante del juda smo. Seguramente ella misma no se hubiera reconocido en nuestros retratos modernos o en la idea que el cristiano promedio ha tenido de ella desde hace 1500 a os. Si desde el siglo XVIII ha habido una b squeda del Jes s hist rico, el hombre real que camin en las colinas de Galilea y muri en una cruz en Jerusal n, hace falta tambi n una b squeda similar de la Magdalena hist rica; no por simple curiosidad; la figura en cuesti n no es menor: si hemos de dar cr dito a las fuentes del siglo I, Mar a de Magdala fue la primera cristiana de la historia, la primera en proclamar la tesis fundamental del cristianismo, la resurrecci n de Jes s. A pesar de la escasa informaci n confiable, hay algunos hechos que podemos saber con certeza sobre esta mujer; por ejemplo, que era una respetada y bien recordada seguidora de Jes s de Nazareth, una de las mujeres que apoyaron al movimiento del galileo desde su primera etapa. Algunos estudiosos de la Biblia creen ver evidencia interna en los evangelios que Magdalena era una mujer mayor de edad, muy probablemente bien acomodada, si no es que rica. "Por todos los indicios", opina E. P. Sanders en su libro The Historical Figure of Jesus, "ten a ochenta y seis a os, no ten a hijos, y ten a la tendencia a cuidar j venes desarraigados". Magdalena no s lo permaneci al lado de Jes s en su hora de mayor desgracia, la crucifixi n; tambi n tuvo una extra a experiencia junto a su tumba el domingo en la madrugada despu s de la Pascua. Los evangelios difieren en los detalles, pero no en el hecho de que le sucedi a ella.
Mary Magdalene: The Life and Legacy of the Woman Who Witnessed the Crucifixion and Resurrection of Jesus

Mary Magdalene: The Life and Legacy of the Woman Who Witnessed the Crucifixion and Resurrection of Jesus

Gustavo Vázquez Lozano; Charles River

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2017
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*Includes pictures *Includes Gospel passages and apocryphal passages *Includes online resources and a bibliography for further reading "After that, Jesus traveled about from one town and village to another. The Twelve were with him, and also some women who had been cured of evil spirits and diseases: Mary (called Mary Magdalene) from whom seven demons had come out-and many others. These women were helping to support them out of their own means." - Luke 8:1-3 Mary Magdalene is one of the most talked about figures in modern Christianity, a woman who mainstream media and modern sensibilities can hold with more conviction. The media, press, movie industry, and airport literature have been obsessed with this redhead for more than 100 years, a fascination that reached its climax in the first decade of this century, and does not seem likely to end any time soon. Mary Magdalene is frequently depicted as young and attractive, liberated and intelligent, a symbol of a freer spirituality, and not controlled by a male-dominated church. In the minds of many, she embodies opposition to a system dominated by old men in white cassocks, the "sacred feminine." As if that is not enough, she has the best bachelor in the world: Jesus Christ himself. The French-made, fair-haired Mary Magdalene who appears in innumerable works of medieval and modern art with a red robe, a symbol of rebellion and freedom (although in the Middle Ages the intention was to show her as a loose woman), is a creation of the Western Church and, more recently, the media. It is a depiction laden with centuries of intertextual struggles, patronizing homilies, medieval legends, novels looking for bestseller status, and documentaries for cable television. But there was a historical Mary Magdalene, a woman named Miriam (Hebrew for Mary) born in Galilee in the time of King Herod, and she died, most likely in present-day Turkey, when Christianity was only a variant of Judaism. Mary Magdalene would not recognize herself in modern portraits or the perception the average Christian of the last 1500 years has of her. If there has been a search for the historical Jesus since the 18th century, the real man who walked in the hills of Galilee and died on a cross in Jerusalem, a similar quest is necessary for the historical Mary Magdalene, but not out of mere curiosity, because she is important in the narrative of Jesus's life. If the early sources are accurate, Mary of Magdala was the first Christian in history, and the first to announce the fundamental kerygma of early Christianity: Jesus is risen Despite the shortage of information, there are a few certain facts historians know about Mary Magdalene. For example, she was a respected and well-remembered follower of Jesus, one of the female disciples who supported the movement of the Galilean preacher. Some scholars studying the gospels believe that Mary Magdalene was an elderly woman and probably well-to-do, if not wealthy. "For all we know," opines E. P. Sanders in The Historical Figure of Jesus, "she was eighty-six, childless, and keen to mother unkempt young men." She not only remained by Jesus side in his darkest hour, the crucifixion, she also had a strange experience at Jesus s tomb on Easter morning. The gospels disagree on the details, but not in the fact that it happened to her. Mary Magdalene: The Life and Legacy of the Woman Who Witnessed the Crucifixion and Resurrection of Jesus examines what is known and unknown about one of the Bible's most famous figures. Along with pictures depicting important people, places, and events, you will learn about Mary Magdalene like never before.
Mary Magdalene: The Life and Legacy of the Woman Who Witnessed the Crucifixion and Resurrection of Jesus

Mary Magdalene: The Life and Legacy of the Woman Who Witnessed the Crucifixion and Resurrection of Jesus

Gustavo Vázquez Lozano; Charles River

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*Includes pictures *Includes Gospel passages and apocryphal passages *Includes online resources and a bibliography for further reading "After that, Jesus traveled about from one town and village to another. The Twelve were with him, and also some women who had been cured of evil spirits and diseases: Mary (called Mary Magdalene) from whom seven demons had come out-and many others. These women were helping to support them out of their own means." - Luke 8:1-3 Mary Magdalene is one of the most talked about figures in modern Christianity, a woman who mainstream media and modern sensibilities can hold with more conviction. The media, press, movie industry, and airport literature have been obsessed with this redhead for more than 100 years, a fascination that reached its climax in the first decade of this century, and does not seem likely to end any time soon. Mary Magdalene is frequently depicted as young and attractive, liberated and intelligent, a symbol of a freer spirituality, and not controlled by a male-dominated church. In the minds of many, she embodies opposition to a system dominated by old men in white cassocks, the "sacred feminine." As if that is not enough, she has the best bachelor in the world: Jesus Christ himself. The French-made, fair-haired Mary Magdalene who appears in innumerable works of medieval and modern art with a red robe, a symbol of rebellion and freedom (although in the Middle Ages the intention was to show her as a loose woman), is a creation of the Western Church and, more recently, the media. It is a depiction laden with centuries of intertextual struggles, patronizing homilies, medieval legends, novels looking for bestseller status, and documentaries for cable television. But there was a historical Mary Magdalene, a woman named Miriam (Hebrew for Mary) born in Galilee in the time of King Herod, and she died, most likely in present-day Turkey, when Christianity was only a variant of Judaism. Mary Magdalene would not recognize herself in modern portraits or the perception the average Christian of the last 1500 years has of her. If there has been a search for the historical Jesus since the 18th century, the real man who walked in the hills of Galilee and died on a cross in Jerusalem, a similar quest is necessary for the historical Mary Magdalene, but not out of mere curiosity, because she is important in the narrative of Jesus's life. If the early sources are accurate, Mary of Magdala was the first Christian in history, and the first to announce the fundamental kerygma of early Christianity: Jesus is risen Despite the shortage of information, there are a few certain facts historians know about Mary Magdalene. For example, she was a respected and well-remembered follower of Jesus, one of the female disciples who supported the movement of the Galilean preacher. Some scholars studying the gospels believe that Mary Magdalene was an elderly woman and probably well-to-do, if not wealthy. "For all we know," opines E. P. Sanders in The Historical Figure of Jesus, "she was eighty-six, childless, and keen to mother unkempt young men." She not only remained by Jesus side in his darkest hour, the crucifixion, she also had a strange experience at Jesus s tomb on Easter morning. The gospels disagree on the details, but not in the fact that it happened to her. Mary Magdalene: The Life and Legacy of the Woman Who Witnessed the Crucifixion and Resurrection of Jesus examines what is known and unknown about one of the Bible's most famous figures. Along with pictures depicting important people, places, and events, you will learn about Mary Magdalene like never before.
La cruz de Cristo y la Lanza del Destino: Cómo las dos reliquias más importantes del cristianismo cambiaron la historia

La cruz de Cristo y la Lanza del Destino: Cómo las dos reliquias más importantes del cristianismo cambiaron la historia

Gustavo Vázquez Lozano; Charles River Editoirs

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2017
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Que Jes s de Nazareth (ca. 4 AC-30 DC) fue crucificado es una de las afirmaciones m s cercanas a un hecho hist rico que pueda hacerse sobre su l. Sobre los detalles de qu hizo o dijo la academia ha pasado siglos debatiendo, pero en este hecho, que sufri la pena capital a manos de la autoridad romana por medio de la crucifixi n, coincide la abrumadora mayor a de los historiadores del mundo antiguo. Que hubo una cruz donde sufri y muri es, por tanto, la siguiente afirmaci n l gica. De hecho, su caso no es raro: como l, hubo muchos otros jud os que perecieron clavados a un madero en las afueras de Jerusal n; miles de acuerdo al historiador Josefo, testigo presencial de la gran rebeli n contra Roma. La cruz, que era un s mbolo de fracaso y verg enza para quienes mor an en ella y sus familias, fue considerada desde el inicio del cristianismo como el momento triunfal en la carrera de su mes as; su crucifixi n el momento de su ascensi n a su trono como verdadero rey de los jud os. De ah que, una vez terminada la persecuci n contra el cristianismo, y pasados los suficientes a os, comenzaran a surgir los interesados en buscar la evidencia. Ir en pos de, contemplar, besar y en el mejor de los casos llevarse a casa un pedazo de la hist rica cruz fue una de las obsesiones primero de los creyentes, despu s de reyes y emperadores. Junto con la cruz, siguiendo el relato evang lico, aparece otro objeto que incluso m s que el Santo Grial, ha mantenido de una forma u otra su enigm tica e inquietante presencia a lo largo de la historia: la lanza de Longinus, el soldado romano que perfor el costado de Jes s. La Verdadera Cruz era una reliquia de sanaci n y protecci n, pero la lanza, de acuerdo a la leyenda, era para la guerra y la conquista. "Aqu l que posea esta lanza y descubra su secreto tendr el destino del mundo en sus manos, para bien o para mal." As lo creyeron los antiguos emperadores del Sacro Imperio Romano, Napole n e incluso Adolph Hitler. No es casual que a esta codiciada reliquia le haya conocido desde tiempos inmemoriales como la Lanza del Destino. Hasta aqu la leyenda. El verdadero problema surge al apartar el mito y tratar de identificar c mo y cu ndo aparecieron por primera vez estas dos reliquias en la historia, y de ah seguir su complicada historia de siglos, pasando de generaci n en generaci n, de mano en mano de reyes y papas; de creyentes a enemigos del cristianismo; c mo fueron perdidas y recuperadas, repartidas en fragmentos por todo el mundo y en ocasiones vueltas a reunir; alguna vez robadas y utilizadas como impresionante medio de propaganda; incluso extraviadas y finalmente recuperadas y depositadas en los lugares donde hoy se veneran. Es posible que la cruz de Jes s haya sido encontrada trescientos a os despu s de su muerte y que sus fragmentos todav a puedan contemplarse en diversas iglesias del mundo? Se sabe con certeza que a mediados del siglo IV (ca. 350 DC) una antiqu sima cruz era venerada en Jerusal n y se utilizaba en la liturgia de la Semana Santa. La lanza apareci en la siguiente centuria en la Bas lica del Monte Si n en Jerusal n. De entrada, los siglos que las separan del evento de la crucifixi n (ca. 30 DC) hace problem tico abogar por su autenticidad. Opiniones en favor y en contra de la Cruz que se veneraba en Jerusal n desde los tiempos del emperador Constantino y de la lanza que empu Carlomagno en su coronaci n, los hay a favor y en contra. Pero hay casos en los que la historia de un objeto, y los tumultos que provocaron a su alrededor, resultan m s apasionantes que la cuesti n de la autenticidad en s misma. Este volumen sigue la complicada trayectoria de las dos reliquias existentes m s importantes del cristianismo, su aparici n en Palestina, su traslado a Bizancio y su dispersi n por toda Europa despu s del saqueo de Constantinopla, y c mo en el trayecto de diecis is siglos cambiaron el cu