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Kirjailija
Adolfo Perez Agusti
Kirjat ja teokset yhdessä paikassa: 247 kirjaa, julkaisuja vuosilta 2013–2026, suosituimpiin kuuluu Auxiliar de enfermería Tomo tres: Curso formativo. Vertaile teosten hintoja ja tarkista saatavuus suomalaisista kirjakaupoista.
Nimi esiintyy myös muodoissa: Adolfo Pérez Agustí, Adolfo Pérez Agusti
Este libro, escrito con toda la seriedad que el tema de la mente humana necesita, le aportar todos los datos que usted necesita, tanto para estudiar, como para potenciar sus facultades mentales, adem s de incluir numerosos ejercicios pr cticos y sencillos que le servir n para despertar las zonas del cerebro menos desarrolladas. Por supuesto, una parte muy importante est dedicada al estudio de las plantas medicinales y nutrientes que se emplean con xito para mejorar las facultades mentales. Pero para que el lector tenga siempre un control absoluto de sus pensamientos, consiguiendo que su personalidad aflore en cada acci n u omisi n, este completo manual le ayudar primero a mejorar y luego a potenciar sus facultades mentales, consiguiendo as una plenitud espiritual y an mica insospechada. Leyendo y releyendo las soluciones y consejos que aqu se detallan lograr mejores resultados en los estudios, en sus conclusiones filos ficas y hasta en sus intercambios sociales, pues de nada le valdr a una mente poderosa si no la puede manifestar en algo pr ctico. Adem s, y como anta o dijo Noel Claras , "Tratar de mejorarse a s mismo es empresa que suele dar mejor resultado que tratar de mejorar a los dem s".
Este novelista norteamericano, escritor de novelas y relatos cortos, cuyos libros han alcanzado un gran xito popular, es ya un cl sico de la ficci n y el terror desde los a os setenta. El papel de este escritor moderno puede compararse al de J. R. R. Tolkien, quien igualmente cre un nuevo tipo de fantas a. Sin embargo, King ha expresado las preocupaciones fundamentales de su poca, y usado el g nero de terror como su propia forma de expresi n art stica. Seg n ha subrayado, en este mundo de cinismo, desesperaci n y crueldades, es posible para los individuos encontrar el amor y descubrir recursos inesperados en ello. Sus personajes conquistan al lector con sus problemas comunes y los poderes mal volos que giran a su alrededor intentando destruirles. Lo que hizo a King alguien diferente es que l no aspiraba solamente a ser escritor, sino que fue adelante con ello.
Resistente al paso de los tiempos y teniendo como principal opositora a la terapias qu micas, la medicina natural ha conseguido permanecer como un valor seguro en el tratamiento de los enfermos. Aunque manejada frecuentemente de manera artesanal y emp rica por gentes sencillas dotadas de un agudo y certero criterio sobre las enfermedades, con el paso de los a os ha sido objeto de estudio por parte de personas bien formadas culturalmente. Poco a poco, lo que en un principio era un esbozo en el arte de curar, una inspiraci n m s que un aprendizaje, se ha convertido en una de las pocas ciencias al servicio del ser humano cuyos principios y postulados permanecen siglo tras siglo. La ciencia, y sus representantes los cient ficos, no han querido todav a reconocer precisamente su gran valor para la Humanidad, enfrascados en las experiencias de sus laboratorios, tratando de demostrar que todo aquello que no est avalado por "la ciencia", no es digno de tener en cuenta. Su razonamiento poco objetivo se resume as Para que algo -una planta, por ejemplo- pueda tener efectos positivos demostrables, estos deben poderse reproducir tantas veces como se quiera en los enfermos. Pero olvidan un detalle que hace inviable esta posibilidad, y es que estamos tratando con seres org nicos, dotados de cuerpo, mente y alma. Al contrario que un motor o un experimento qu mico, los seres humanos somos tan complejos que aquello que funciona en uno puede perjudicar a otro; aquello que cura a tres enfermos seguramente ser un fracaso en un cuarto. Por eso es imposible dotar a la Medicina Natural, ni a ninguna otra, de una evaluaci n "cient fica". Sin embargo, el m todo emp rico es tan sencillo como concluyente: Lo importante es que funcione, no importa el porqu , y aqu radica precisamente el valor de la Medicina Natural. Como ciencia de la salud ha conseguido curar a millones de personas de todas las pocas, edades, sexos y condiciones sociales, de cualquier pa s del mundo, y en la mayor a de las ocasiones sin generar efectos iatrog nicos, es decir, aquellos males originados por el mismo remedio que se aplica para curar. Durante m s de 5.000 a os los mejores investigadores y m dicos del mundo han tratado a las gentes con los remedios que la Naturaleza pon a a su alcance, lo que ha generado el mejor y m s amplio banco de datos experimental conocido en la historia. Estas experiencias se han transmitido de generaci n en generaci n, pero tambi n a trav s de cientos de libros escritos en todos los idiomas, tan comprensibles y certeros que cualquier persona pod a aprovecharse de estas ense anzas. No hay nada, pues, de improvisado o de espont neo en los remedios naturales que se aplican hoy en d a, pues la misma planta medicinal que usted pueda emplear es similar a aquella que Hip crates utilizaba. Sus efectos y posibles contraindicaciones est n mucho mejor definidos que cualquiera de los medicamentos que ahora se utilizan. Afortunadamente, la Humanidad sigue teniendo a su disposici n los miles de sustancias curativas que la naturaleza pone a su alcance, con las cuales no hay sorpresas desagradables, y por eso no es extra o que hasta la Organizaci n Mundial de la Salud exija el reconocimiento urgente de las Terapias Alternativas por parte de todos los gobiernos, recomendaci n que se estrella una y otra vez por la prepotencia y el poder de los representantes de la Medicina Qu mica. Sin embargo, y seg n unas encuestas, si los ciudadanos pudieran elegir libremente qu tipo de medicina quieren que se emplee en primer lugar (debidamente financiada por el Estado y contando con los adecuados centros sanitarios), m s del 90% elegir an la Medicina Natural. Al impedir la libre libertad de los individuos para elegir el tipo de medicina, se est conculcando uno de los derechos m s importantes, como es el de poder elegir con qui n y c mo quieren curarse de sus enfermedades.
La b squeda de la felicidad es la m xima ambici n del ser humano, pero tan sujeto est a las presiones de la vida en sociedad que le resulta casi imposible lograr una continuidad en su buen estado emocional. Para ayudarle, la medicina natural no solamente le ofrece diversos remedios que le aportar n ese soporte imprescindible, sino que le indica soluciones filos ficas adecuadas para lograr que vea el conjunto de su vida como un vaso medio lleno. Es este, pues, un libro optimista, con soluciones pr cticas y sencillas que llevar n r pidamente a la persona depresiva a un mejor estado an mico y corporal. "Si exager semos nuestras alegr as como lo hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perder an su importancia."
Este curso de PUBLICIDAD Y RELACIONES P BLICAS est dirigido a todas aquellas personas que trabajan en empresas que tengan que vender o comunicarse con el p blico Contiene amplias lecciones sobre psicolog a, sociolog a, marketing. medios publicitarios y t cnicas para hablar y comunicarse con el p blico. Al final de cada lecci n hay un amplio cuestionario para que el lector eval e sus conocimientos, por lo que puede ser empleado en centros docentes.
La terapia de las Flores de Bach alcanza hasta los planos m s sutiles de la persona, y su eficacia fue reconocida en 1976 por la Organizaci n Mundial de la Salud, constituyendo, por tanto, una gran ayuda para los momentos de transici n. Su efecto, consiguiendo la armonizaci n de los cuerpos f sico, emocional y et reo, facilita el libre flujo de las energ as internas a trav s de la personalidad. Los remedios del Dr. Bach, obtenidos a partir de flores escogidas, proporcionan una ayuda estimable para las enfermedades psicol gicas, pero tambi n para aquellas en las cuales la propia enfermedad f sica termina por socavar los sentimientos, ocasionando finalmente mayor da o que el puramente org nico. La dinamizaci n de los remedios ha proporcionado a estas terapias una mayor eficacia, ampliando as sus enormes posibilidades curativas.
Lo que comenz como una sencilla forma de solucionar conflictos entre las personas, ha alcanzado ahora la categor a de una terapia para borrar lastres del pasado y construir nuestro futuro. Y es quiz esta ltima propiedad lo que hace al Ho'oponopono tan apasionante. Nuestro devenir lo podemos dise ar seg n nuestros deseos, pues alguien all fuera lo puede remodelar a nuestra entera satisfacci n. En este libro se analizan los principales conflictos que surgen en la relaci n sentimental y se aportan los numerosos recursos y herramientos que proporciona el Ho'oponopono para resolver los conflictos.
Peque as, vivaces, coloridas e inteligentes, las abejas constituyen una especie en la naturaleza solamente comparable a las hormigas. Organizadas en comunidades de miles de individuos, con reinas, soldados y lacayos, no sabemos si ha sido el ser humano quien ha copiado esa jerarqu a o es simplemente un dictado natural para ciertas especies animales. Poseen, adem s, otras cualidades que tambi n se encuentran reproducidas en los seres humanos, como el trabajo comunitario para lograr un fin, el ej rcito que proporciona seguridad en el interior de su h bitat pero que, simult neamente, tambi n protege de los enemigos externos, as como el entendimiento en la recolecci n de los alimentos para pocas de escasez. Las abejas tambi n se parecen a las avispas, sus primas hermanas (aunque en realidad surgieron de ellas), y al igual que stas la mayor a de las abejas hembras tienen un aguij n funcional que emplear n para solucionar violentamente sus problemas internos o para defenderse con su picadura de sus enemigos, humanos o animales. No sabemos las causas por las cuales las avispas se dividieron en dos especies, una m s agresiva que la otra, aunque encontramos esta similitud en los lobos y el perro, lo que quiz indica que la mano del hombre, al convivir con ellas, modific sus costumbres poco a poco. Una gran mayor a de las especies de abejas son solitarias y cada hembra hace su propio nido, donde almacena provisiones para sus larvas. Algunas abejas, sin embargo, son comunales y la diferencia es que varias hembras pertenecientes a la misma generaci n comparten el mismo nido, construyendo cada una sus propias celdillas para alojar los huevos, larvas y pupas. Finalmente, unos cuantos tipos de abejas son semisociales, pues viven en peque as colonias de dos a siete miembros de la misma generaci n, uno de los cuales es la reina, o principal ponedora, mientras que las dem s son trabajadoras. Las abejas comunales hacen nidos y celdillas similares, pero en su caso, cada nido (por un t nel excavado en el suelo) est ocupado por varias abejas. Las abejas semisociales hacen tambi n nidos y celdillas como los de sus parientes solitarias, pero la construcci n y aprovisionamiento de stas es, a menudo, una tarea conjunta. Finalmente, las abejas altamente sociales, unos pocos cientos de especies, forman colonias permanentes en las que la reina y las castas trabajadoras presentan estructuras muy diferentes, cada una de ellas especializada en una determinada tarea e incapaz de sobrevivir sin las dem s. No es extra o, pues, que tal perfecci n social y organizativa no tuviera su fruto, en esta ocasi n tan dulce como la miel, con el cual se alimentan ellas mismas, si antes el ser humano y algunos animales no se lo han arrebatado. Y junto a este alimento de los dioses, nuestros diminutos insectos nos aportan tres milagros de la naturaleza, la Jalea real, el Polen y el Pr polis, dotados cada uno de tantas cualidades que resulta imposible encontrar en toda la naturaleza algo similar. Las razones por las cuales el Creador decidi dotar a tan peque os seres de la capacidad para fabricar tan extraordinarios productos no la sabemos, pero debe ser suficiente interrogante como para que las cuidemos y apreciemos cada vez un poco m s.
Dentro de su aparente complejidad, una planta medicinal es un ejemplo de sencillez y perfecci n, con su estructura pugnando por llegar un poco m s alto y sus ra ces empe adas en afianzarse cada vez m s en la tierra. Organismo vivo, bello casi siempre, y capaz de proporcionar al ser humano y a los animales alimento y curaci n al mismo tiempo, ha sabido adaptarse en el tiempo y a cualquier lugar, en cualquier circunstancia. Las plantas medicinales deben consumirse tal y como la naturaleza las presenta, pues aunque su principio vital parece sumamente sencillo, con la fotos ntesis que transforma el di xido de carbono y el agua en az cares, por medio de la energ a solar, los procesos metab licos que se crean posteriormente hacen dif cil cualquier valoraci n sobre cu l es ese principio activo real. Son los flavonoides o las vitaminas? Los taninos o los aceites esenciales? Quiz el secreto est en esas enzimas que se crean o modifican cuando las calentamos o entran a formar parte de nuestro sistema digestivo? Y si la respuesta es quim rica c mo es posible que todav a haya cient ficos que insistan en extraer de las plantas medicinales su esencia? Tambi n hay otro elemento a n m s sugestivo, y es el referente a la informaci n que porta y transmite la planta medicinal, una informaci n producto de miles de a os de evoluci n. Esta informaci n es integrada al individuo que la ingiere, sum ndose a la ya existente, lo que aumenta la eficacia del ADN celular. Se establece entonces una sincron a entre los diferentes elementos, una uni n y perfecci n en la energ a cu ntica, lo que conlleva a la armon a y corrige la distorsi n hasta ahora existente. Se puede lograr este efecto con un producto qu mico carente en su totalidad de vibraci n cu ntica? Ese producto hace tiempo que dej de ser org nico, vivo, y por tanto el ADN celular no lo reconoce, no sabe qu hacer con l. Ello no excluye que no tenga efectos terap uticos, pero a la larga crear una distorsi n org nica nueva. Hasta ahora se han aislado en el interior de las plantas medicinales m s de 12.000 principios org nicos, y gracias a ellos los seres humanos (tambi n los animales y las especies insect voras), han empleado y emplean las plantas medicinales en su estado natural desde hace 5.000 a os, y eso de una manera racional, puesto que con anterioridad fueron empleadas con m s o menos acierto de forma intuitiva. Sin embargo, cuando los qu micos empezaron a propagar que tanta tradici n milenaria no ten a "base cient fica", miles de personas olvidaron toda la informaci n sabiamente recopilada durante siglos, y pasaron a ser consumidores de los medicamentos. La llegada espectacular de los antibi ticos, las hormonas sint ticas y los analg sicos, contribuyeron en gran medida a estos hechos y pronto ni un solo m dico se atrevi a volver a utilizar con sus pacientes ninguna planta medicinal en su estado natural. Y es que no proporcionaba ninguna categor a, ni social ni cient fica, tratar de curar a los enfermos empleando productos que se pod an coger en cualquier huerta o comprar en un modesto herbolario. Es m s, los mismos enfermos reclamaban el medicamento m s caro del mercado, en la creencia de que tras el precio estaba su eficacia. Con el paso del tiempo y en la medida en que los medios de informaci n se hicieron gratuitos y de f cil acceso, las personas volvieron a reconsiderar el uso de las plantas medicinales y reclamaron su uso libre para curar sus enfermedades. Ahora las plantas medicinales est n tambi n en las farmacias, al igual que en los herbolarios. No est n todas las que quisi ramos, ya que algunas las han llevado a las farmacias alegando que son peligrosas (y de gran venta, seamos sinceros), pero todav a hay tanta variedad disponible que con el consejo acertado de un experto seguro que logramos curarnos de nuestros males con alguna de ellas. En resumen, sea usted sabio y utilice los productos de
Los humanos se han trasladado hace muchos a os a las grandes ciudades, en donde los depredadores les acechan de mil maneras para hacerles sucumbir mediante el sencillo sistema de ponerles la vida dif cil. El intenso tr fico, la poluci n, los ensordecedores y pertinaces ruidos, lo mismo que el implacable reloj, son algunas de estas zancadillas que se encargan cada d a de impedirnos que podamos considerar la existencia como un bien. Junto a esto, el trabajo rutinario (la mayor a de las veces ejercido bajo presi n de los jefes), los clientes y el propio ambiente insalubre, as como el poco tiempo disponible para comer relajadamente (frecuentemente en sitios que no se parecen a nuestro hogar), se unen al fantasma del despido si somos asalariados, o a los malos resultados econ micos si ejercemos como empresarios. Por si fueran pocas estas presiones, nuestra vida social es casi siempre un nuevo quebradero de cabeza, pues tenemos la preocupaci n mensual para poder pagar las facturas, adem s del empe o en disponer del confort imprescindible en nuestros hogares, lo que nos obliga a intentar d a a d a mejorar la posici n econ mica y social. Pero la lucha continuada para adaptarnos suele estar tambi n a nuestro lado, justo en ese reducto de paz al que llamamos hogar y que en no pocas ocasiones es la causa de nuestras desventuras y tensiones. La propia convivencia con nuestra familia, sean los hijos, padres o c nyuge, con las peleas frecuentes, los malentendidos y las enfermedades propias y ajenas, forman una larga serie de adaptaciones y dificultades que nos hacen perder las fuerzas con frecuencia. Y es que sobrevivir es casi un milagro, aunque la mayor a de las personas, por si fueran pocas las dificultades antes mencionadas, se empe an en buscar la felicidad y la relajaci n en formas y sitios inadecuados, como el tabaco, el alcohol y las drogas, sin olvidar la comida insana, las peleas por motivos superfluos, pedir ayuda incluso para clavar un clavo, y hasta utilizar el malhumor como una prueba de que estamos deseando continuar con todas estas presiones. Seguramente no es as realmente, al menos en su totalidad, pero nuestros actos nos demuestran que una cosa es lo que decimos y otra lo que hacemos. "Las dificultades est n para estimular, no para quitar el nimo, pues el esp ritu humano se hace m s fuerte en la lucha"
Seguramente es cierto que est n ah , a nuestro alrededor, velando por justos y pecadores, pues una misi n tan divina no pod a excluir a nadie. Durante la ni ez su presencia nos ha acompa ado en nuestras fantas as y creencias religiosas, y sus representantes en la tierra nos han asegurado que est n a nuestro lado para ofrecernos protecci n contra los demonios y las circunstancias adversas. Ten amos (en la ni ez con seguridad, ahora no sabemos), un ngel de la Guarda para cada uno, un ser divino que nos cuidaba para que nada malo nos ocurriera. Los dibujos, m s que los sacerdotes, nos los describ an siempre con alas blancas, elemento imprescindible para que pudiesen volar desde el cielo a la tierra velozmente, incluso m s que un avi n, aunque ahora simplemente se aparecen ante los mortales. Posiblemente no tengan alas, pero tampoco estamos seguros de lo contrario, puesto que los pocos mortales que han tenido el privilegio de verlos no han confirmado esta peculiaridad. Por supuesto, habitualmente son invisibles f sicamente, pero su presencia se percibe y sus acciones son puramente terrenales. La Biblia los ha descrito como el ej rcito alado de Dios, pues parece imposible que exista un rey sin soldados, y por eso ellos pudieron expulsar del Cielo a ese arc ngel a quien no le gustaba obedecer y que decidi convertirse en el Demonio. Esencialmente, un ngel es un ser espiritual que existe en la mayor a de las religiones, y en todas se le atribuye la labor de ayudar al ser supremo en su misi n universal y de estar en posesi n de facultades incre bles, entre ellas comprender los misterios del universo, volar o materializarse solamente delante de personas espec ficas. Y para entender mejor su labor, la Creaci n dise a los Demonios, pues ninguna moneda est completa sin la otra cara.
Nos referimos a ellos como aquellos centros de energ a situados en el cuerpo humano y posiblemente de otros animales, de los cuales fluye la energ a de la mente. Provenientes de la palabra s nscrita que significa rueda o v rtice, hace referencia a los siete centros de energ a que componen nuestra conciencia y nuestro sistema nervioso. Los podemos encontrar situados en las cejas, el coraz n, el pecho, los genitales, el ombligo y en la base de la columna vertebral. Funcionando como verdaderos centros energ ticos, al igual que una bomba o v lvula, regulan el flujo de la energ a a trav s de nuestro sistema org nico, condicionando las decisiones que tomamos para reaccionar ante las circunstancias de nuestra vida. De una manera intuitiva y frecuentemente voluntaria, abrimos y cerramos estas v lvulas para decidir c mo debemos sentir, asimilar y pensar, algo que logramos escogiendo el adecuado filtro perceptivo a trav s del que queremos experimentar el mundo que nos rodea. Para los budistas solamente hay cuatro chacras, pero otras tendencias, como la tibetana, nos describen un total de seis, llegando hasta siete en el tantrismo hinduista. Para todos, sin embargo, los chacras no son f sicos y los consideran como aspectos de nuestra conciencia, como las auras, pero m s densos y con capacidad para interaccionar con el cuerpo f sico a trav s de dos veh culos principales: el sistema endocrino y el sistema nervioso. En este libro, adem s, se estudian otras formas de energ a afines y complementarias.
Con ellos representamos nuestras fantas as, con sucesos y escenas la mayor a de las veces imposibles de representar en la vigilia, salvo con la ayuda de una nueva fantas a que los muestre con dibujos o t cnicas visuales. Para muchos suponen casi otra forma de vida, en ocasiones placentera y con demasiada frecuencia aterradora, pues parece ser que nos sacan del interior de la mente, justo del rinc n m s oculto, nuestros verdaderos deseos y temores. Los estudiosos, entre los cuales podemos encontrar a personalidades tan ilustres como Freud y Jung, nos dicen que la interpretaci n de los sue os es factible y en ocasiones necesaria, ya que no existe otro modo mejor de llegar al inconsciente, pues en ese momento es cuando nuestras defensas est n anuladas. En este libro encontrar con seguridad, explicaci n a sus dudas.
La Medicina Natural, la m s antigua y fiable de las medicinas, proporciona al enfermo de c ncer una puerta abierta a la esperanza, no solamente para mitigar sus dolencias, sino para darle una buena calidad de vida y, en lo posible, conseguir curar su enfermedad. En este libro encontrar el lector todo cuanto se ha descubierto en los ltimos a os sobre esta enfermedad, as como la descripci n detallada de todos los remedios naturales a su alcance, entre ellos los antioxidantes, las plantas medicinales y la homeopat a.
No es una cuesti n de ignorantes, pues todo el mundo recurre cotidianamente, y con frecuencia diariamente, a alguien, persona o instituci n, que pueda predecir un futuro cercano y en ocasiones lejano. Quiere saber sobre su futuro quien acude doliente al m dico para curarse de su mal y le pregunta cu ndo se curar o, m s resignadamente, si su enfermedad le permitir seguir disfrutando de la vida. Tambi n quiere saber su futuro quien tiene todos sus ahorros en la Bolsa y acude a su agente para que le informe de sus predicciones sobre el futuro econ mico de las empresas en las cuales ha invertido su dinero. Del mismo modo, los hombres del tiempo nos vaticinan sin mucho convencimiento sus pron sticos para ma ana o pasado ma ana, y los pol ticos realizan sus planes con un a o de antelaci n, mientras consultan febrilmente los sondeos de opini n que les vaticinan un concreto n mero de votos. Tambi n ejercen de adivinos aquellos que aseguran a su d scolo hijo que se matar si sigue corriendo velozmente con su destartalada motocicleta, lo mismo que quienes aseguran a su joven hija que se quedar embarazada pronto si insiste en no emplear ning n anticonceptivo. No hay nadie, o casi nadie, que no realice en su vida vaticinios y predicciones del futuro, ni siquiera el labriego cuando asegura que llover porque el aire "est cargado de humedad", ni los ejecutivos de esa agencia de marketing cuando recomiendan sacar al mercado determinado producto que "arrasar el mercado". Sin embargo, y a pesar de que todos efectuamos nuestras predicciones, nadie tiene tan poco prestigio cient fico como los futur logos y adivinos. Enfundados en sus casacas floridas, rodeados de una parafernalia impresionante y con mil y un sistemas para predecir el futuro, se enfrentan a los incr dulos trat ndoles de demostrar que el futuro no solamente es predecible, sino modificable. Y es que su misi n en esta vida est mal entendida, puesto que aunque con frecuencia traten de hablarnos demasiado de nuestro pasado (algo que ya sabemos sin necesidad que nos lo expliquen) y poco del futuro, sus palabras en general tratan de darnos aliento y confianza en el porvenir, ese lugar en el tiempo que siempre llega, salvo en el momento de nuestra muerte. Por eso, escuchar a un adivino no es propio de ignorantes (aunque en ocasiones ellos son los ignorantes), sino solamente de personas que buscan consuelo en alguien que les asegure que cualquier tiempo futuro ser mejor. Ese cometido deber a formar parte de la familia o amigos, pero con demasiada frecuencia escuchamos m s palabras desalentadoras que est mulos y demasiados malos augurios que buenos presentimientos, por lo que acudir a un futur logo experto es siempre una terapia saludable. La fe mueve monta as, dicen, y puestos a tener fe en algo prefiero tenerla en quien me asegura que pr ximamente (este t rmino puede indicar d as o a os) ser feliz, fuerte, rico o intensamente amado. Quien guste de escuchar reproches por el pasado, quejas por el presente y amenazas hacia el futuro, seguro que encontrar muchas personas a su alrededor dispuestas a explic rselo con todo detalle, pero yo prefiero, si me permiten, lo otro: los buenos augurios.
Ahora, cuando las artes marciales est n s lidamente ancladas en todo el mundo, y una vez que hemos dejado atr s las leyendas que las rodeaban, es cuando el supremo arte del Ninjutsu cobra m s importancia. Dotado de elementos que le hacen nico, como el uso de las armas tradicionales, las habilidades para aprovechar la naturaleza, el amplio conocimiento de la psicolog a humana, y el alejamiento deliberado de cualquier uso deportivo, el Ninjutsu es quiz el nico arte marcial que nunca se ha apartado de la senda del guerrero. El lector encontrar en este libro (continuaci n de EL ARTE SECRETO DEL NINJA), docenas de fotograf as t cnicas de f cil entendimiento, as como toda la sabidur a e historia procedentes de nuestros ancestros y creadores. El sensei Adolfo P rez, nacido en 1945, pertenece a la primera generaci n de maestros en Ninjutsu de la Bujinkan, galard n que le fue concedido a principios de los a os 80, cuando este sistema de lucha acababa de eclosionar en occidente. Con una experiencia anterior en Taekwondo, K rate, Full contact, Kenpo (1 Dan) y Kung f (4 Dan), descubrir el Ninjutsu supuso la definitiva ruptura con los estilos anteriores, pues le permit a conocer facetas inexploradas hasta entonces. Con 68 a os cumplidos, piensa seguir practicando Ninjutsu hasta el fin de sus d as, y para esto solamente necesita un tatami r stico y un alumno que quiera ser ense ado. Lo dem s, los danes, los trofeos, la popularidad o el dinero, no le supone ning n inter s.
Desde que en 1928 Albert Szent Gvordyi, profesor de Qu mica de la Universidad de Budapest, aisl la vitamina C del pimiento verde, y por cuyo descubrimiento (hubo otros), le dieron el premio Nobel de Medicina y Fisiolog a en 1937, hasta hoy, la importancia de los nutrientes esenciales en la salud humana ha cobrado creciente inter s. Pero tambi n hubo otros investigadores que aislaron lo que posteriormente se denomin como vitaminas, entre ellos Casimiro Funk, quien asegur a principios del siglo XX que si faltaban en la dieta ciertas sustancias se produc an determinadas alteraciones. Estudi el beriberi, una enfermedad hasta entonces incurable y que afectaba al sistema nervioso, y encontr un producto que adicionado a la dieta en cantidades peque simas, evitaba la aparici n de la enfermedad. El t rmino vitaminas, pues, se lo debemos a l, aunque se equivoc al englobar a todas en este grupo, quiz porque crey que en cada una de ellas hab a siempre un radical amina, deduciendo que estos elementos eran esenciales para la vida. M s tarde se comprob que pocos de estos compuestos eran aminas, pero se sigui utilizando el nombre porque ya su difusi n era universal. Hoy en d a, hasta los m dicos se refieren a las vitaminas como aquellos elementos presentes en los alimentos que deben ser ingeridos regularmente para conservar la salud, y en ocasiones, la vida. Pero qu ha ocurrido para que estos nutrientes b sicos hayan sido apartados de las recetas m dicas habituales? C mo han podido pasar de ser uno de los pilares de la salud, a ser los grandes ignorados por los m dicos? Parad jicamente, y aunque casi han desaparecido de las estanter as de las farmacias y apenas si existen recetas otorgadas por los m dicos, "las vitaminas" est n ahora m s alcance del p blico que nunca; hasta los supermercados las ofrecen en atractivos envases y a precios econ micos. La raz n para esta aparente incongruencia m dica es sencilla: si no sirven para casi nada para qu recetarlas? Y si son inocuas, deber n estar junto a los alimentos de uso cotidiano. Por ello, a finales de la d cada de los 70 apenas si hab a alguien que diera importancia a estos nutrientes esenciales, y mucho menos a otros similares como los oligoelementos, las enzimas, los amino cidos o los antioxidantes, sustancias todas condenadas al olvido en favor de los poderosos f rmacos con los cuales aseguran poder curar cualquier enfermedad. Afortunadamente la medicina natural ha aprovechado este desinter s "cient fico", y nuevos investigadores no ligados a intereses de los laboratorios especializados en la qu mica, est n sacando conclusiones esperanzadoras para el tratamiento de numerosas enfermedades mediante lo que se denomina como Medicina Ortomolecular.
Nada genera m s entusiasmo y admiraci n en los aficionados al cine que los premios de la Academia, con su desfile previo y la incertidumbre sobre qui nes ser n los galardonados. En su intento de honrar lo mejor del cine mundial, los organizadores han realizado eventos que son una mezcla de buen gusto, arte esc nico y extravagancia, logrando con ello que a o tras a o las ceremonias -que son seguidas a trav s de la televisi n por millones de fans de todo el mundo- muestren la esencia del cine, que no es otra cosa que aportar magia y sue os, casi siempre dentro de esa f brica de ilusiones que es Hollywood. Pero como todo premio, los Oscars siempre son objeto de largas y controvertidas pol micas, b sicamente de quienes ni siquiera han sido nominados, pues hay que reconocer que estos galardones han contribuido sensiblemente al xito fulgurante de los premiados. En el camino se quedan no siempre los peores, pero cuya calidad art stica no es suficiente para un jurado de expertos que debe hilar muy fino para no tener que aguantar luego una gran cantidad de cr ticas. Posteriormente, y en ocasiones en franca oposici n a este jurado, est el p blico, el nico que certifica lo que verdaderamente interesa o no. Y es que el tiempo ha demostrado que el cine es, ante todo, un espect culo de masas, no un arte para minor as intelectuales a quienes parecen gustar todo lo que aburre a la mayor a. Por eso, y aunque sea ir en contra de los eruditos, una pel cula que no logra atraer la atenci n del gran p blico y que supone un fracaso econ mico es, deber amos ser sinceros, una pel cula frustrada.
Qu irritantes son esos anuncios en los cuales se promete una belleza esplendorosa si se acude a determinada cl nica Ya solamente les falta asegurar la felicidad o la inmortalidad gracias a sus t cnicas avaladas por "m dicos expertos". La credulidad de algunas personas les lleva a endeudarse durante varios a os, con tal de conseguir esa figura casi perfecta que muestra la modelo del anuncio. Una modelo a quien, por cierto, los maquilladores le han tapado y alisado cualquier imperfecci n corporal, mientras que las t cnicas de tratamiento digital de im genes han conseguido quitar un poco de aqu y aumentar un poco de all . Si han logrado que Spiderman volase por los aires utilizando una tela de ara a qu no habr n conseguido hacer en un corto anuncio de apenas 20 segundos? Pero si la perfecci n f sica que prometen ya est cercana al Olimpo de los dioses, miren la sonrisa de esa modelo, sus ojos destellantes y esos guapos mozos que se la comen con los ojos. Todo gracias a que ha pasado por esa cl nica de belleza que ya cotiza en Bolsa. P ngase guapa hoy y pague ma ana. As de f cil. Por eso, cuando una mujer mira a una de estas modelos inmediatamente dice: "Quiero ser como ella", pues est segura que detr s de esa cirug a est tica est tambi n la felicidad. Qu van a perder? Pues dinero, seguro. Tiempo? Obviamente. Salud? Muy probablemente. Qu ha pasado con esa creencia filos fica de que la belleza est en el interior? Alguien duda de que una persona feliz, que lleve una vida saludable, no es poseedora tambi n un bello rostro? Esta es la finalidad de este libro: conseguir que seamos un poco m s hermosos cada d a utilizando los remedios que la naturaleza nos pone a nuestro alcance, la mayor a de ellos tan baratos como el agua, el n mero uno de los cosm ticos.
Casi como un sistema en franca oposici n a la musculaci n con pesas, pero perfectamente complementario e imprescindible, el programa de estiramiento y elasticidad constituye una de las formas m s saludables y racionales de mejorar la est tica corporal y las facultades deportivas. Aunque se cree que los m sculos est n dise ados esencialmente para la contracci n, mediante la cual se genera fuerza y velocidad, lo cierto es que siempre tiene que existir otro m sculo antagonista que permita el movimiento y lo frene cuando aquel llega a su m xima potencia. De no existir ese freno, nuestras articulaciones se dislocar an en pocos minutos y los desgarros musculares nos impedir an volver a efectuar el mismo movimiento. Por ello, si dotamos a nuestros m sculos, ligamentos y tendones, de la adecuada elasticidad y capacidad de elongaci n, lograremos que cuando sea necesaria una gran potencia muscular todo nuestro cuerpo pueda responder al un sono. Ya sabemos que los m sculos poseen la doble funci n de contraerse y relajarse, siempre de un modo continuado y de manera refleja, siendo igualmente f cil de entender que del mismo modo que procuramos que no se atrofien mediante la pr ctica de los adecuados movimientos, deberemos posteriormente someterlos a una corta sesi n de estiramiento. El cuerpo humano siempre posee las dos caras de la moneda, fuerte y d bil, largo y corto, acortamiento y elongaci n, pero ya apenas dedicamos unos minutos al d a al sano ejercicio del estiramiento. Solamente cuando permanecemos muchas horas sentados en una inc moda silla o nos levantamos de la cama despu s de una larga noche, tenemos en cuenta las se ales de nuestro cuerpo que nos invitan, imperiosamente, a estirarnos. Una vez que lo hemos hecho, un enorme placer se percibe en todo el cuerpo, y nos sentimos llenos de vitalidad, pues hemos devuelto a los m sculos su largura inicial. La conclusi n es que el estiramiento es un instinto b sico, ya que estiramos nuestros m sculos cuando sentimos necesidad de hacerlo y con frecuencia involuntariamente, aunque la normas sociales nos invitan a reprimir ese instinto esencial. Estamos sentados tranquilamente y, antes de que nos demos cuenta de ello, nuestros brazos se han disparado hacia arriba, con los dedos estirados, como si quisieran tocar el techo, al mismo tiempo que de la boca se nos escapa un profundo suspiro. Por fortuna, el estiramiento puede hacerse en cualquier sitio y en cualquier momento: en la cama, en el despacho, sentado o tumbado en el sof mientras se ve la televisi n o se escucha m sica; no obstante, si pretendemos mejorar sustancialmente nuestro cuerpo deberemos seguir un programa m s amplio y cient fico, tal y como mostramos en este libro. Todo lo que se necesita para recibir los efectos ben ficos de los estiramientos es dedicarles cinco minutos al d a (aunque cuanto m s tiempo les dedique, tanto mejor.) Puede comenzar por la ma ana, mientras a n est en la cama, o tambi n por la tarde, al regresar del trabajo. El estiramiento cotidiano pronto le pondr en contacto con sus ritmos corporales y si lo acompa a de ejercicios respiratorios, con el tiempo notar una diferencia significativa en su flexibilidad y temperamento, as como en el bienestar mental y emocional.