Kirjailija
Adolfo Perez Agusti
Kirjat ja teokset yhdessä paikassa: 247 kirjaa, julkaisuja vuosilta 2013–2026, suosituimpiin kuuluu Auxiliar de enfermería Tomo tres: Curso formativo. Vertaile teosten hintoja ja tarkista saatavuus suomalaisista kirjakaupoista.
Nimi esiintyy myös muodoissa: Adolfo Pérez Agustí, Adolfo Pérez Agusti
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Kirjojen julkaisuvuodet: 2013–2026.
Viento suave y apacible, empleado en poes a, que nos define igualmente el h lito, aliento y el soplo divino que todos los seres vivos tenemos. Pero tambi n es el favor, aplauso, la aceptaci n general y hasta la irradiaci n luminosa de car cter paranormal que algunos dicen percibir alrededor de los cuerpos humanos, animales y vegetales. Para los materialistas es solamente una crisis epil ptica, o hist rica; una sensaci n como la que ocasionar a un vapor que se elevase desde una regi n del tronco o de los miembros hasta la cabeza, la cual precede, insisten, algunas veces a los paroxismos epil pticos o hist ricos. Aunque en un principio se pensaba que solamente pod a ser vista por los iniciados, los m sticos y los profetas, ahora se han encontrado perfectos y f ciles m todos para fotografiarla. Ya no hay manera de negar su existencia y aunque la ciencia sigue sin tener en cuenta su presencia para valorar la salud y la enfermedad de las personas, su energ a vital, es una manifestaci n f sica tan coherente que no hay explicaci n racional para ignorarla. Los espiritualistas van un poco m s all de su pura valoraci n f sica sobre la energ a corporal, pues est n seguros que su color demuestra c mo es la persona y el estado an mico en el que se encuentra. Tambi n es muy posible, puesto que somos esp ritu y materia unidos, que el aura sea la emanaci n visible del cuerpo et rico, astral y espiritual de una persona. De gran similitud es la aureola, ese resplandor, disco o c rculo luminoso, que suele figurarse detr s de la cabeza de las im genes santas, tan intenso que posiblemente tenga su origen en un eclipse de sol situado detr s de una persona santa legendaria.
El Karma ("para hacer", "acci n" u "obra") tiene una base real y a lo largo de la historia los videntes de la India lo inmortalizaron en el Veda, aunque sufri mala prensa cuando los misioneros europeos lo empeque ecieron denomin ndolo como "destino" y "fatalismo". Hoy, los hallazgos demuestran que se trata de algo sutil y que abarca todos los principios que gobiernan el universo, involucrando por ello las experiencias del hombre, tal y como la fuerza de gravedad atrae a todos los seres. El Karma siempre ha estado y est aqu , con toda su fuerza, incluso cuando las personas no lo comprendan ni crean en ello. Como todas las leyes, la Ley del Karma est bajo el mando, la jurisdicci n, de ciertas entidades, en este caso, los Se ores del Karma. Ellos son los jueces c smicos y miran la acci n y reacci n de causas y efectos que nosotros pusimos en movimiento, y regulan esto seg n nuestras necesidades. Siempre que el alma se encarna en cada entidad, humana o subalterna, nuestras almas adquieren una personalidad con una estructura dada de energ a. Las almas cooperan con los Se ores del Karma decidiendo qu dolor o placer tendremos en cualquiera de nuestras vidas, aunque ello es una mala manera para describir lo que pasa. El alma no est interesada, ni siquiera lo est n los Se ores del Karma, en nuestro placer o sufrimiento. Estas son reacciones absolutamente dependientes de nuestras acciones o pensamientos. En lo que ellos est n interesados es en el funcionamiento de la Ley, la Ley c smica de Causa y Efecto, aunque tambi n el alma tiene sus propios prop sitos para cada encarnaci n dada. Se proporciona un veh culo, la personalidad, con reserva mental, as como cuerpos emocionales y f sicos que mantendr n la posibilidad de que sus intenciones se vayan logrando en esa vida. Ese prop sito no podr a lograrse por s mismo, pero el alma proporciona la posibilidad y esa posibilidad alimenta su esperanza y con ella la vida. El ltimo objetivo es vivir la vida de semejante manera que nosotros no tengamos ning n Karma personal. Podemos hacer eso siendo perfectos o estando muertos. Ser perfectos es mucho m s interesante que estar muertos, nadie lo duda, por lo que la mayor a de las personas acepta la premisa de intentar, m s o menos, lograr el prop sito del alma y quedarse con vida hasta el ltimo momento para labrar su destino. As , nosotros trabajamos con esta carga que nos hemos creado en el presente y en las vidas pasadas. En t rminos populares Karma ("acto") es un concepto que se emplea en las tres grandes religiones de la India para definir la efectividad de los actos humanos, y mediante los cuales quedar n determinados la clase y el nivel de la siguiente reencarnaci n. El Karma, pues, concibe la existencia humana como una larga cadena de vidas, en la que cada vida particular est determinada por las acciones de esta persona en su vida anterior. Por ello, una acci n se convierte en Karma cuando se realiza buscando un fin, especialmente en cuanto a asegurarse una buena reencarnaci n. En las religiones de la India, que no conocen los conceptos de culpa, castigo y redenci n, el Karma es un concepto esencial para comprender los comportamientos humanos y el necesario equilibrio para asegurarse un comportamiento individual correcto
Referente al esp ritu hay tantas acepciones en el diccionario que resulta complicado elegir la m s adecuada. Para unos se trata de un ser inmaterial y dotado de raz n que vive a nuestro alrededor sin ser visto, pero para los creyentes es solamente un modo diferente de referirse al alma racional, el elemento inmortal que controla, informa y aconseja al ser humano. Es, igualmente, ese don sobrenatural y la gracia particular que Dios suele dar a algunas criaturas y que proporciona vigor natural, virtud que alienta y nos fortifica el cuerpo para obrar. Gracias a ello conseguimos nimo, valor, aliento, br o, esfuerzo, cualidades unidas que definen en ocasiones la inteligencia. Sin embargo, en este libro se hablar solamente del alma de una persona muerta a la que se supone en comunicaci n sensible con los vivos y, por extensi n, a cualquier ser sobrenatural de la mitolog a o las leyendas, aunque, como designaci n no se aplica a los dioses ni a los h roes. Tambi n tenemos otros esp ritus menos importantes, como el esp ritu de contradicci n, afici n habitual en los j venes en sus conversaciones con los padres, t ctica que muchos adultos lo suelen confundir como peculiaridad en los j venes con ideas propias. Estas personas inclinadas a contradecir siempre no tienen un momento de descanso en su trabajo y es igual que usted diga blanco o negro, pues le llevar n la contraria gracias a su esp ritu de contradicci n. Hay tambi n el esp ritu de la golosina referido a una persona muy flaca y extenuada, o el esp ritu de sal cuando mencionamos familiarmente al cido clorh drico, as como el esp ritu de vino, algo as como adulterar un buen caldo con la mitad de agua. Si decimos de una persona que tiene un esp ritu fuerte no le estamos halagando, pues nos referimos a alguien incr dulo, esc ptico y despreocupado, casi como cuando hablamos de un esp ritu inmundo para insultar al propio diablo. M s acertado es mencionarlo como el esp ritu maligno, pues al no ser un mortal tenemos que considerarlo como un esp ritu, sin que suponga ning n parecido con ese misterioso Esp ritu Santo. Aunque todos nos acordamos de rezar a Dios Padre y Dios Hijo, a esta tercera persona de la Sant sima Trinidad que procede igualmente del Padre y del Hijo, nadie le dedica ni una m nima alabanza. Otro esp ritu no menos importante es el esp ritu vital, cierta sustancia sutil y liger sima que se consideraba necesaria para la vida de todos los seres vivos, y que en la antig edad dec an que se distribu a mediante fluidos muy tenues y sutiles que serv an para determinar los movimientos de nuestros miembros. No podemos olvidarnos, finalmente, de esa palmada en el hombro que equivale a levantar el esp ritu y que invita a coger nimo y vigor para ejecutar alguna cosa, lo contrario a ser un pobre de esp ritu, clasificaci n para quien mira con desinter s los bienes y honores mundanos.
Los or genes de King Kong hay que buscarlos desde que el cine le inmortaliz en 1933, aunque anteriormente el escritor Sir Arthur Conan Doyle ya le hab a descrito con todo detalle en su novela "El Mundo perdido". Esta historia fue llevada al cine en 1925 por Harry Hoyt, aunque su popularidad no alcanzar a cotas importantes hasta que Merian C. Cooper y David O'Selznick, vicepresidente de la R. K. O., retomaron la f bula del personaje y lo llevaron a la gran pantalla. La historia, escrita entre Edgar Wallace, Ruth Rose y James Ashmore, nos lleva hasta una desconocida y remota isla llamada Skull Island, en donde los nativos adoran y temen a un gigantesco gorila al que llaman Kong, quien gusta de manosear y luego comer jovencitas asustadas. El filme cost seiscientos mil d lares y se tard en rodar un a o, emple ndose numerosos efectos especiales in ditos hasta entonces. Mezclando transparencias, maquetas, dibujos y la animaci n fotograma a fotograma, consigui entusiasmar al p blico de entonces y pasar a la historia del cine con honores. Aunque en esa ocasi n Kong muere perseguido por aviones de combate, despu s de una aterradora ca da desde la azotea del Empire State, los escritores le han resucitado en numerosas ocasiones. Cuando terminen de leer esta novela sabr n que ese gigantesco gorila sigue a n entre nosotros, oculto en una invisible isla que le mantiene a salvo de los depredadores humanos.
Todo cuanto no se puede medir, pesar o contar, suele ser ignorado por los cient ficos y con frecuencia considerado como superstici n. La sabidur a popular, aquella que nace exclusivamente de la experiencia y la observaci n, no es tenida en cuenta por no ser "cient fica." Ellos, los cient ficos, analizan las cosas por sus principios, causas y fen menos en que participan, lo que parece razonable cuando se trata de las ciencias exactas, fisicoqu micas. Por supuesto, tambi n estudian los fen menos naturales y otros aspectos del saber por s mismos, sin tener en cuenta sus aplicaciones, pero con frecuencia tratan de buscar hechos y consecuencias rigurosamente demostrables. Y este puede ser el mayor freno pues no todo se puede demostrar, ni mucho menos reproducir a voluntad, aunque s se puede sentir. Las ciencias humanas, aquellas que, como la psicolog a, antropolog a, sociolog a, historia, filosof a, etc., se ocupan de aspectos del hombre no estudiados en las ciencias naturales, pueden llegar a analizar y clasificar el comportamiento humano, pero nunca lograr n medir y reproducir a voluntad las emociones, los sentimientos, la imaginaci n y ni siquiera los sue os. Todas estas sensaciones est n ah , lo sabemos, las sentimos, pero no pueden ser analizadas "cient ficamente" porque no son expresiones exactas. Las ciencias naturales tienen por objeto el estudio de la geolog a, bot nica, zoolog a, y el conjunto de la naturaleza y por eso suelen incluir la f sica y la qu mica. Sus clasificaciones y conclusiones cambian frecuentemente, como cambia la medicina, pues al no ser ciencias exactas y tratarse del estudio de los seres vivos, las sorpresas son frecuentes y los grandes dogm ticos han demostrado con el tiempo m s su torpeza que su sabidur a.
Preparación física: Primer nivel
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
La preparaci n f sica es aquel conjunto de ejercicios mediante los cuales una persona, sea deportista o no, pretende mejorar su condici n f sica para poder efectuar mejor sus requerimientos cotidianos. Aunque admitimos que es una pauta imprescindible para los deportistas -pues sin ella no se conseguir an buenas marcas-, lo cierto es que incluso para nuestra vida cotidiana constituye el puntal imprescindible para lograr un buen estado de salud. Sin un adecuado acondicionamiento del cuerpo, realizado siempre bajo la adecuada direcci n o mediante los conocimientos correctos, nuestro cuerpo nunca podr rendir todo su potencial, lo que nos llevar a con toda probabilidad a un estado an mico defectuoso. El problema habitual es que cuando una persona decide po¬nerse a realizar un ejercicio f sico o a practicar un deporte lo hace con m s voluntad que conocimientos, no solamen¬te en lo relativo al propio deporte que comienza, sino tam¬bi n en cuanto a lo qu es correcto y no lo es desde el pun¬to de vista de su salud. El primer concepto equivocado es confundir precisamente deporte con ejercicio f sico, ya que mientras que el primero indica una actividad f sica en la cual ganar, o al menos participar, es la finalidad principal, en el segundo solamente estamos tratando de mover y mejorar adecuadamente nuestro cuerpo. Por ello, en el caso de aquellas personas que, preocu¬padas por su salud o su est tica, desean mejorar su condici n f sica mediante el ejercicio, les recomendar a que no practicaran un deporte colectivo, y que en sustituci n de l se dedicaran solamente a mejorar su condici n f sica mediante los ejercicios que eli¬ja, olvid ndose de competir incluso consigo mismos, ya que la base de la preparaci n f sica es la mejora de la salud y nunca ganar algo o a alguien. En este primer volumen, el lector encontrar todos los conocimientos necesarios para poder emprender la larga tarea del acondicionamiento f sico, tanto si desea una simple preparaci n f sica, como si prefiere dedicarse a la pr ctica de alg n deporte. Sin estos conocimientos es casi impensable conseguir buenos resultados, mucho menos en el deporte, pues para saber c mo mover los m sculos o lograr la m xima potencia y velocidad, se necesitan unos amplios conocimientos. Del mismo modo, un mal acondicionamiento f sico nos llevar a a lesiones m s o menos graves, e incluso a deformidades articulares, que conducir an al necesario abandono del entrenamiento. Una vez que estos conceptos generales han sido comprendidos, es el momento de pasar a estudiar materias algo m s complejas, aunque igualmente sencillas de entender, que el lector podr encontrar en el segundo volumen de esta colecci n. Al final de cada cap tulo el lector encontrar unos ejercicios de autoevaluaci n, as como las respuestas correctas. Le emplazamos a que repase las lecciones adecuadas en el supuesto de que no sepa con certeza alguna de las respuestas.
Son poderosos, nicos, encantadores con frecuencia y hasta capaces de amar a los sufridos mortales, pero tan inaccesibles como los mitol gicos dioses del Olimpo. Producto de la f rtil imaginaci n de los escritores m s audaces, los superh roes se acercan en ocasiones a la figura de un dolo de masas carism tico, viviendo ambos en un mundo de ensue o en el cual quisi ramos entrar. Pero qu es lo que diferencia un dolo de masas de un superh roe? Obviamente, la posibilidad de imitarles, pues mientras que el dolo es un modelo o patr n en nuestras vidas, alguien que nos gustar a tocar y llegar a ser como l, el superh roe sabemos que est por encima de esa posibilidad; ser a algo as como un dios y ya sabemos que los dioses no conviven con los humanos, salvo excepciones. El cine ha sabido diferenciar perfectamente a ambos personajes y ha tratado con la misma intensidad a los dos, consciente de que hay un p blico para cada uno. Como dolos nos han puesto a los actores y actrices, a los directores y a multitud de personajes biogr ficos o imaginarios que han ocupado las pantallas cinematogr ficas. Todos ellos han sido motivo para llenar nuestras habitaciones con sus fotos, para estar en nuestros recuerdos, constituyendo muchas veces una gu a para encauzar nuestras vidas. Pero el superh roe es algo muy distinto. Es alguien a quien sabemos que nunca podremos tocar, ni hablar con l y, he aqu lo m s importante, ni siquiera imitar. No es un modelo para seguir y, adem s, tiene cualidades f sicas que suelen estar por encima de la l gica o de la f sica. Lo curioso de estos dioses de la imaginaci n es que gustan por igual a ni os que a mayores y para muchos jubilados constituyen el ltimo lazo que les liga emocionalmente a otras pocas m s felices. Al ser imperecederos, invulnerables, y no estar sometidos a las leyes naturales del envejecimiento, los superh roes nos acompa an durante toda la vida conservando siempre el mismo aspecto. El tiempo no existe para ellos y esto hace que, en cierto modo, nos creamos que tampoco para nosotros. Este libro quiere rendir un homenaje de admiraci n a todos aquellos dibujantes y guionistas que han sido capaces de hacernos so ar con estos superh roes. La mayor a de ellos fueron plasmados posteriormente en el cine, contribuyendo as entre todos a hacernos creer que la vida puede ser mucho m s hermosa si admitimos que es s lo un sue o.
El libro de los muertos y los espiritus
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
La muerte, el paso hacia la otra vida, es el enigma m s investigado por la Humanidad, tanto como lo es la causa de nuestra propia existencia. Quiz inmersos en un c rculo eterno, con miles de vidas, y cuyo destino final deber a ser un lugar o existencia m s placentera, los seres humanos han buscado multitud de recursos para tranquilizar nuestros enloquecidos esp ritus, en un intento de comprender la raz n de vivir y morir. Las religiones han aportado no pocas esperanzas a sus fieles, pues la mayor a les aseguran que justo al final de esta existencia carnal habr otra (o varias), bien sea para llegar a un para so o para adorar a un Dios omnipotente cuya sola visi n asegurar la felicidad. No obstante, estas conjeturas no han podido impedir que en Occidente la idea de la muerte siga inspirando pensamientos l gubres, en ocasiones de p nico, mientras que en otras civilizaciones m s antiguas morir es, simplemente, cambiar, empezar de nuevo. El final de la vida ser a el comienzo de la Nueva Vida, o en un lenguaje m s simb lico, la Muerte de lo Viejo, seguido del Nacimiento de lo Nuevo o el Renacimiento. "Algo debe morir para que podamos nacer", ser a una frase inspiradora de tal pensamiento. Por ello, si existe un concepto apasionante en el pensamiento de los seres humanos, este es el de la Reencarnaci n. Puesto que es un hecho asumido que somos mortales y que nuestra vida no se prolongar mucho m s all de los 80 a os -y eso si tenemos suerte-, la posibilidad de poder prolongar nuestra existencia una y otra vez nos resulta m s interesante que la idea de morir para siempre. Es probable que no exista ni una sola persona que no haya pensado alguna vez a lo largo de su vida sobre qu es lo que sucede una vez que morimos. Este pensamiento nos persigue especialmente cuando tenemos que asistir al entierro de un ser querido, cuando padecemos una enfermedad severa y, muy intensamente, cuando llegamos a la frontera de los 50 y nos planteamos nuestro incierto futuro. Antes, en la juventud, la muerte es algo que ocurre "a los mayores", o a las personas que tienen "mala suerte" y sufren un accidente mortal en la carretera. La vemos tan lejana que ni siquiera nos cuestionamos que nosotros estamos ya, invariablemente, como mortales, en esa lista de futuros fallecidos. Al cumplir la cincuentena llegan la mayor a de las crisis existenciales, pues junto con las pocas posibilidades profesionales que el futuro nos puede deparar, la vida sentimental ya no ofrece tantas oportunidades de freno y vuelta a empezar. Igualmente, somos conscientes que el decaimiento inexorable del cuerpo no lo podremos detener con curas de adelgazamiento, gimnasia agotadora, ni p ldoras rejuvenecedoras. Algunos ilusos, especialmente mujeres, se gastan ingentes cantidades de dinero en cremas de belleza y cl nicas de cirug a est tica, en un intento vano de detener lo que es imposible. Afortunadamente, las religiones y los parapsic logos nos dan una brisa de esperanza y nos aseguran, aunque ninguno de ellos nos aportan pruebas fehacientes, que existen otras formas de vida, algunas ciertamente apasionantes, como quienes nos hablan de un Cielo eterno en el cual solamente hay felicidad y ausencia de dolor. La reencarnaci n no es una opci n de eternidad mejor que otras, ya que posiblemente nos toque volver a repetir el penoso calvario de la vida humana, con las mismas peleas, hambre, guerras y el ineludible trabajo. Sin embargo, es una opci n vital que nos gusta, pues a fin de cuentas ya conocemos en qu consiste la vida. Las dem s opciones, especialmente aquellas que nos hablan de esp ritus, almas o entes inmateriales, nos dan un poco de miedo y preferimos, si pudi ramos elegir, aquello de "m s vale lo malo conocido...". Afortunadamente, ahora sabemos que si tenemos suerte podremos igualmente volver a disfrutar del amor por la pareja y los hijos, del placer de estar en plena naturaleza o de recrearnos con las maravillas art sticas realiza
Curacion con aminoacidos
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
La ciencia de la diet tica afortunadamente ha seguido un camino diferente al de los restaurantes y la comida hogare a, demostrando que no basta con comer lo que nos gusta, en el momento en que nos apetece y cocinado de manera agradable al paladar, al olfato y hasta a la vista, sino que nos indica que nuestros alimentos deben cantidades equilibradas y proporcionales de carbohidratos, prote nas y grasas, adem s de vitaminas, minerales y amino cidos -entre otros elementos- en cantidad suficiente, ya que de no ser as los alimentos no nos pueden asegurar la salud y en ocasiones ni siquiera la vida. El problema surge cuando una persona que tiene delante de s un apetitoso plato de comida le resulta totalmente imposible averiguar si dispondr de todos esos elementos considerados indispensables, aunque si el paladar queda satisfecho poco le importa. Quiz , con el paso de los a os, las deficiencias nutricionales le ocasionar n problemas m s o menos serios en su salud, algunos de ellos irreversibles, pero siempre podr rectificar y comenzar de nuevo O quiz no? Aunque en un principio solamente se consideraron como nutrientes imprescindibles a los hidratos de carbono (gl cidos), las prote nas (pr tidos) y las grasas (l pidos), pronto se descubri que hab a otros componentes, presentes en cantidades ciertamente nfimas, que eran tan importantes como los macronutrientes b sicos. Pronto se hicieron populares las vitaminas y los minerales, m s tarde los oligoelementos y las enzimas, y m s recientemente la fibra, un elemento aparentemente est ril (no se absorbe, ) pero igualmente imprescindible en la alimentaci n humana. Y as , la ciencia de la nutrici n analiz los alimentos y sus componentes, llegando a descubrir que del mismo modo que hab a diferentes tipos de grasas (saturadas, insaturadas, poliinsaturadas) y de carbohidratos (simples y complejos, ) las prote nas tambi n eran diferentes, no tanto por su procedencia (animal, vegetal, marina, ) sino por su riqueza en amino cidos. Sin embargo, pocos expertos han sido capaces de recomendar la utilizaci n de los amino cidos por su funci n espec fica, bien sea mezclados o aislados, algo que en este libro vamos a procurar realizar.
Curacion con Omega 3, 6 y 9
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
La poderosa industria del alimento est sufriendo una transformaci n intensa a causa de las presiones de los consumidores -cada vez m s y mejor informados-, quienes demandan ahora alimentos de cultivo biol gico, libres de sustancias qu micas, y dotados de propiedades terap uticas que le alivien sus enfermedades o, al menos, las prevengan. Las farmacias se defienden como pueden, pues a fin de cuentas les est n quitando un mercado que hasta ahora era de su exclusividad, e intentan alertar al p blico con mensajes como "consulte a su farmac utico" o "de venta exclusiva en farmacias". Con ello intentan impedir lo que ya no podr n lograr, que no es otra cosa que el derecho de los ciudadanos a cuidar su salud por medios propios, sin necesidad de recetas m dicas ni de pagar precios desorbitados. Lo curioso de este cambio es que las tiendas de herbodiet tica ya llevan muchos a os comercializando numerosos compuestos saludables bajo el ep grafe "complemento alimenticio", y padeciendo por ello numerosas trabas para poder incluir prospectos orientativos en sus envases, pues los organismos de Sanidad (regidos por farmac uticos) les proh ben cualquier tipo de papel informativo. Sin embargo, ahora vemos en los supermercados docenas de productos puramente alimenticios con ostentosa publicidad que nos habla de "reforzar las defensas", "bajar el colesterol" y "controlar la tensi n arterial", adem s de otros que nos aseguran que llevan "antioxidantes que previenen el c ncer" (caso del vino) y hasta algunos que "sirven para la arteriosclerosis", como ocurre con el jam n serrano. La mayor a de estas afirmaciones no resisten el menor estudio imparcial, pero all siguen con su publicidad, algo que la totalidad de los herbolarios siguen sin poder ejercer. En resumen, la ley es implacable con las tiendas de herbodiet tica y los laboratorios que fabrican sus productos, pero sumamente suave con los supermercados y las empresas de la alimentaci n. Raz n? Los supermercados no son competencia de las farmacias, pero los herbolarios s . Si tenemos en cuenta que el Ministerio de Sanidad est regido esencialmente por farmac uticos, es f cil sacar la conclusi n. Y en este mundo se mueven los cidos grasos Omega 3, 6 y 9, extraordinarios para la salud, ahora a adidos hasta en la leche de vaca y los embutidos. Son tan importantes como nos aseguran quienes los comercializan? Indudablemente s , aunque alertamos al lector inteligente a que no admita su incorporaci n en los productos derivados del cerdo, precisamente la carne menos recomendable para el consumo humano.
Cine de Terror: Un siglo asustando a los espectadores
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
La pasi n por el cine de terror puede quedar explicada tambi n por ese deseo de aplaudir la otra cara de la moneda, al diablo en lugar de a Dios, al dictador que acaba de eliminar al presidente democr tico, o al cazador que ha conseguido segar certeramente la vida de un pobre animal. Y es que para muchos espectadores los monstruos del cine que nos aterrorizan constituyen la oposici n a los superh roes, al "bueno" de las historias y a las ben ficas hadas madrinas de los cuentos infantiles. Son los lobos de las novelas para adultos y el equivalente a tantos gigantes, dragones y fantasmas que nos aterrorizaron cuando ramos ni os. Tambi n son, como dir a Obi Wan Kenobi, el reverso tenebroso, el camino que lleva a esa extra a felicidad que ocasiona provocar da o en nuestros semejantes. Puede parecer extra o que el malvado de las historias y filmes no sea repudiado por lo espectadores, pero ah tenemos el ejemplo de Dr cula y Freddy Krueger, cada uno con docenas de clubes de fans diseminados por el mundo, del mismo modo que los tienen Godzilla, King Kong y el despiadado asesino de Scream. Darth Vader dicen que tuvo m s admiradores que el guapo Luke Skywalker, aunque luego las admiradoras se inclinaron por el atractivo Harrison Ford, m s asequible que el actor David Prowse que se escond a bajo la m scara negra que le permit a respirar. Parece ser que hacer vibrar a los corazones y las mentes humanas mediante el miedo es un pasaporte seguro para el xito comercial y por ello en los ltimos a os el cine ha sido igualmente pr digo en pel culas con monstruos o asesino sin escr pulos, y una nueva oleada de demonios nos ha llegado sin saber c mo ni porqu . La pasi n del p blico por ver voluntariamente escenas de horror es un contrasentido, pues los villanos reales, los terroristas y los asesinos, no gozan del aplauso general, aunque no por ello dejan de tener adeptos fieles. Tambi n es significativo el hecho de que cuando existe un accidente de tr fico en la carretera, con muertos y sangre diseminados por el asfalto, se ocasione un atasco de varios kil metros. La causa, ya lo sabemos, es la morbosidad por ver la muerte de cerca, el dolor de las v ctimas del accidente. En resumidas cuentas, y volviendo al cine y los espect culos, el secreto para el xito es provocar miedo y repulsi n (como ocurri con "La naranja mec nica"), y la popularidad aumentar en la misma medida en que causen p nico a los usuarios. Pero los monstruos cambian con el paso de los a os y si anteriormente tuvimos a Alien, o asesinos en serie como en el "Silencio de los corderos", ahora nos muestran a "Scream" o al mism simo Diablo, cada vez m s poderoso, aunque debe rivalizar por el trono de los malvados con las nuevas legiones de vampiros combatidos -menos mal- por "Blade". Este libro aporta un recorrido por las pel culas m s populares del g nero de terror, aunque es posible que alguna destacable no figure en esta relaci n. Tambi n muy probablemente alguna de las incluidas no le hayan causado a usted, en particular, el menor miedo, pero no es misi n de este manual juzgar un filme por los gritos de los espectadores, sino solamente por el g nero al que pertenece.
75 Años del cine de CIENCIA FICCIÓN
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
Cuando las primeras pel culas de ciencia-ficci n aparecieron estaban compuestas de ideas delirantes y mundos quim ricos, con para sos perdidos y m quinas producto de una imaginaci n poco pragm tica. En lugar de apoyarse en verdades cient ficas y robots que quiz un d a se pudieran realmente construir, operaban bajo el prisma de los sue os infantiles, en un ambiente en donde todo pod a tener lugar, aunque fuera tan irreal que motivara a la risa. De ah le vino la fama de pel culas de serie B, con bajo presupuesto, malos actores y peores guionistas. Pero pronto los mejores escritores, entre los que destacaron H. G. Wells y Julio Verne, llegaron a ser fuente de inspiraci n para historias bien construidas, y de ah a la inmortal "Metr polis" ya hab a solamente un paso. Desde ese momento, las m quinas y los planetas consiguieron la categor a de personajes y llegaron a anular casi completamente a los propios actores, quienes se segu an comportando como ni os representando un cuento infantil. Este era el esp ritu de los primeros a os, con obras memorables como "Voyage dans La Lune" de George M li s, quien tambi n se atrevi en 1907 con la obra de Julio Verne "20.000 leguas de viaje submarino, aunque la duraci n apenas llegaba a los 18 minutos. Despu s nos llegaron "Der Golem" y "Metr polis", sta ltima restaurada recientemente para el mercado del DVD y cuya duraci n de 182 minutos rompi todos los esquemas de entonces, obligando a la productora a mutilarla en 60 minutos. Pero gracias a estos pioneros la ciencia-ficci n en el cine gan la misma categor a que ya ten a en las novelas, y las productoras la incluyeron en sus proyectos anuales, logrando algunas de ellas conseguir xitos rotundos en taquilla. Otro aspecto, adem s del puramente literario, que contribuy al xito de las pel culas de ciencia-ficci n, fue lo que se denomin como efectos especiales o visuales, pues con ellos consegu an mostrar lo que hasta entonces solamente exist a en nuestra imaginaci n, rivalizando desde entonces con su mayor enemigo, el cine de terror. Si bien ambas modalidades trataban de llegar a un p blico que no gustaba de las pel culas convencionales que reflejaban la realidad, y mientras que el cine de terror quer a conmocionar, el de ciencia-ficci n solamente pretend a hacer salir al espectador del mundo real, al menos mientras durase la proyecci n. Por eso debemos tener bien presente que este tipo de cine no podr a existir sin los efectos especiales, pues van tan unidos como el teatro a los decorados. Esto significa que la calidad de los efectos especiales debe ser tan importante como la misma historia, y me atrever a a afirmar que incluso m s decisiva que la propia direcci n, pues mal se puede entusiasmar al p blico si lo que muestra no parece real, aunque estemos hablando de robots y galaxias perdidas en el infinito. Por ello, y aunque reconocemos que el cine es la "f brica de los sue os", creo que esta gran verdad nunca est mejor aplicada que en las pel culas de ciencia-ficci n. Todo cuanto nuestra imaginaci n pueda so ar, pensar o desear, puede ser plasmado en una pel cula, e incluso la mayor a de las veces con bastante m s realismo que en nuestra mente. Los viajes espaciales, la vida en otros planetas, el contacto con extraterrestres, as como la vida en las profundidades marinas o la lucha contra terribles monstruos, han sido llevados ya a la pantalla para deleite de todos los p blicos. Desde las legendarias pel culas de los a os 50, "El enigma de otro mundo", "La guerra de los mundos", "Cuando los mundos chocan", o "Ultim tum a la Tierra", hasta ahora, las cosas han cambiado bastante y el cine de ciencia-ficci n ocupa ya un lugar de privilegio en los gustos de la gente y algunas de las pel culas m s taquilleras de todos los tiempos tienen como tema los extraterrestres o los "platillos volantes".
Parece una contradicci n la necesidad por encontrar un afrodis aco potente que nos asegure el xtasis, cuando realmente siempre lo hemos tenido a nuestro alcance, ya que el propio ser humano es el mejor de los afrodis acos. Esta es la raz n para que una simple fotograf a, una prenda de lencer a, un recuerdo o un discreto susurro incitante por tel fono, sea capaz de mover el impulso sexual, el m s intenso de todos los conocidos. No obstante, y para aquellos casos en los cuales necesitamos una ayuda a nuestros sentidos y a nuestros rganos genitales (especialmente el var n), los afrodis acos externos, sea utilizando una planta o un alimento, pueden meternos (y perdonen la paradoja) por lo menos en el s ptimo cielo, pues a los seis anteriores ya habremos llegado con los elementos habituales. Por si nos los recuerdan, les indicar cuales son: la vista, el olfato, las caricias, las palabras, el ambiente y la mente. Pero si cuando todo esto es propicio (dos cuerpos desnudos deseando abrazarse) y a n as las sensaciones no son todo lo placenteras e intensas que nos gustar a, y necesitamos pedir ayuda a medios inofensivos que nos den ese empujoncito imprescindible, la naturaleza nos ha puesto a nuestro alcance una gran variedad de remedios. Por ello y aunque los cient ficos sigan insistiendo en que no existen sustancias afrodis acas dignas de inter s y que todas son meros placebos, el prop sito de este manual es mostrarles todo el inmenso arsenal de alimentos, plantas medicinales y modos de estimular el apetito sexual disponibles, algunos de los cuales son reconocidos como muy efectivos por consumidores de todas las naciones y pocas.
Cocina Saludable Sin Colesterol
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
nidottu
En este libro el lector encontrar una informaci n actualizada sobre las funciones del colesterol en nuestro organismo, as como las diversas opciones que proporciona la medicina natural para regularlo de forma eficaz sin da ar el resto del cuerpo. Tambi n hemos incorporado numerosas recetas f ciles de elaborar, con las cuales conseguir mejorar su salud, bajar el colesterol y disfrutar de sus apetitosas comidas.
Las razones por las cuales dos personas, anteriormente enamoradas, deciden un d a romper su relaci n de un modo definitivo, son sencillas y bastante universales: infidelidad, problemas econ micos, intolerancia, malos tratos, y/o deseos de independencia. Una pareja puede estar involucrada en alguna de estas cuestiones, o tambi n en todas juntas, e incluso ser asumidas solamente por uno de los c nyuges, con lo cual el sufrimiento no es padecido por igual, siendo esta la causa por la cual las demandas de divorcio suelen ser emprendidas en solitario. Casi siempre el divorcio es solicitado por quien m s tiene que ganar con la separaci n o, al menos, por quien tiene las cosas mejor resueltas en la vida. S que a primera vista puede parecer que no es as , y que precisamente es el c nyuge m s afectado sentimentalmente quien acude presuroso a un abogado para que "le solucione su problema." Sin embargo, repasen lo que ha sido la vida posterior de esa persona y ver n que ten a todo bien atado: casa, hijos, amigos y dinero. Es necesario recordar las estad sticas que nos dicen que el 90% de los divorcios son solicitados por la esposa? Puesto que esto es as de expl cito, ahora comprender n la raz n por la cual este libro est dedicado a los varones, los m s perjudicados en ese 90% de los divorcios concedidos. Vapuleados por unas leyes inexistentes que discriminan a una persona simplemente por ser var n, otorgando a la mujer vivienda, hijos y manutenci n (nuevamente en el 90% de los casos), esos juristas olvidan que desde hace muchos a os la mujer no esa persona d bil y desprotegida que viv a en tiempos de nuestros abuelos. A pesar de esto, y de que ellas disponen de m s de 200 asociaciones exclusivamente de mujeres (solamente en Madrid) y numerosas ayudas estatales para encontrar trabajo y vivienda, la mayor a de los jueces siguen aplicando con desesperante reiteraci n sus sentencias: todo para ella, nada para l; quiz el padre ver a sus hijos un par de horas cada quince d as, y eso si ella as lo concede. Y es que para algunos jueces ser padre no es lo mismo que ser madre, ni siquiera cuando los hijos han pasado ya la primera decena de a os. Esta postura, que en una jueza nos puede parecer corporativista, en un juez se nos antoja simplemente c moda, pues sabe que cualquier sentencia que discrimine al var n no ser repudiada por los medios informativos, lo que indudablemente no ocurre cuando una mujer -la excepci n de la regla- es quien debe salir de su hogar y pasar una pensi n a su ex-marido. Los varones -alegan- somos due os de instalarnos donde nos da la gana...pero en el exterior de nuestra casa, mientras que ella siempre conservar el hogar que tantos esfuerzos nos ha costado tener. A los pocos d as, nuestra cama y bienes ser n usurpados, como si de un derecho de pernada se tratase, por otro var n sonriente; optimismo nada extra o si tenemos en cuenta que somos nosotros los que tenemos que seguir pagando la hipoteca.
Parece mentira, tan grandullones y todav a no han aprendido a caminar sin aplastar con sus patas a los infelices humanos. Detr s de ellos siempre quedan aldeas devastadas, ni os hu rfanos, edificios en llamas y muchas l grimas, adem s de la seguridad de que ese engendro volver pronto para continuar su aniquiladora misi n. En ocasiones su altura supera al mayor de los edificios, y as ni siquiera las armas de nuestros ej rcitos son capaces de detenerles, aunque con frecuencia el monstruo es tan peque o que apenas podemos alcanzarle, como cuando nos atacan ara as o p jaros asesinos. Sin embargo, en la historia del terror hay unos dignos representantes cuya apariencia ha sido suficiente para producir miedo, y nos estamos refiriendo a esos animales prehist ricos que cient ficos inconscientes han tra do de nuevo hasta nosotros procedentes de tiempos remotos. Y es que los dinosaurios son tan enormes que pueden poner sus patas en cualquier azotea, aunque tambi n hay gorilas que podr an acoger simult neamente a un tanque y a una bella mujer. Afortunadamente, la mayor a de esos monstruos no son capaces de salir de la pantalla, con lo cual no vemos necesario mirar con recelo las esquinas oscuras, ni otear el horizonte para descubrir cuanto antes a ese drag n que empieza a vomitar fuego hacia nosotros. Ese alivio lo perdemos cuando nos metemos por vez primera en una playa desierta, aparentemente tranquila, pero en cuyas aguas seguro que acecha un tibur n hambriento deseoso de morder a la guapa ba ista desnuda. El problema es que aunque nos aseguren que los grandes monstruos son cosa del pasado o de la imaginaci n de los escritores, no estamos tranquilos y por si acaso ya tenemos en nuestra mente cu l ser a el refugio adecuado para escondernos hasta que alguien venga a salvarnos.
En d nde podemos enclavar el piercing? Es un arte, una forma de expresi n, una acentuaci n de la personalidad o, simplemente, una rebeld a a las formas sociales? Si lo catalogamos como arte, deberemos considerar a quienes lo trabajan como artistas, quiz al mismo nivel que un escultor. Sin embargo, es dif cil considerarlo como tal, pues entonces cualquiera que se dedique a embellecer el cuerpo, sea un peluquero o un modisto, tambi n entrar a en esa categor a. Plantearemos mejor la interrogante desde este prisma: cuando un pintor pinta un cuadro indudablemente ha creado una obra art stica, incluso aunque no lo venda, pero cuando este cuadro es colgado en el sal n de un hogar el comprador ha intentado resaltar su personalidad. Si ha encontrado belleza en esta obra es porque se identifica con ella, con sus colores y formas, por lo que intenta que sea tambi n una forma de expresi n. Si lo representado es un paisaje querr demostrar su inter s por la naturaleza, del mismo modo que quien compra un desnudo indudablemente es alguien para quien el sexo es parte vital en su vida. En este libro, asesorado por expertos, se describen los sistemas y modalidades para pintar y modificar est ticamente nuestro cuerpo.
Curacion Con Oligoelementos Y Minerales
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
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Los cient ficos han tardado mucho en valorar a los peque os elementos que ingerimos con la dieta, pues con frecuencia asocian cantidad con importancia, conclusi n poco razonable en quienes son conscientes del gran da o que nos hacen enemigos tan min sculos como los virus. Por ello, cuando revisamos un an lisis de un alimento tan simple como una naranja nos encontramos con elementos tan diversos como agua, prote nas, carbohidratos, fibra, pectinas, celulosa, vitaminas, minerales, cidos y pigmentos, pero ninguna menci n a los oligoelementos. Eso puede llevar a la err nea conclusi n de que no existen en la preciada fruta, pero no es as como el lector podr comprobar leyendo este libro, ya que entre otros contiene manganeso, quiz el oligoelemento m s importante de todos. La Oligoterapia no forma parte de los estudios de los nuevos estudiantes de medicina y por ello los grandes laboratorios farmac uticos no incluyen ninguno de ellos en sus amplios vadem cum, pues para qu fabricar lo que nadie recetar . Esta postura priva a los enfermos de una de las formas m s inocuas que existen para la curaci n de enfermedades y, mucho m s importante, para su prevenci n, ya que su papel es tan importante en la salud que bastar a con tomar peri dicamente alguno o varios de estos oligoelementos para asegurarnos una gran longevidad y un buen estado de salud.
Cine de Zombis y Fantasmas
Adolfo Perez Agusti
Createspace Independent Publishing Platform
2013
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Son tan terror ficos que ni siquiera aparecen en nuestros sue os m s espantosos, y aunque las leyendas populares les suelen definir con bastante precisi n, al menos en cuanto a su capacidad para devorar, descuartizar y, en suma, matar a los infelices humanos que se ponen por delante, solamente el cine ha sido capaz de hacerles realidad. Los zombis, los fantasmas y el resto de los engendros, poseen un aspecto tan desquiciado como su comportamiento, siendo casi imposible encontrar entre ellos a alguien tan seductor como, por ejemplo, Dr cula, el icono del cine de terror. Y aunque dicen que sobre gustos (y disgustos) no hay nada escrito, resulta dif cil encontrar a un bello ejemplar en ese muerto viviente que avanza hacia nosotros con los ojos fuera de sus rbitas pidiendo morder un cerebro fresco; o en Freddy Krueger, el m s gamberro de todos, quien cuando entra en nuestros sue os disfruta resbalando por las paredes su afilada garra. Afortunadamente los hay que llevan caretas que ocultan su deformado rostro, aunque sabemos que lo que esconden es a n m s horrible que aquello que muestran. Como ejemplos de ello tenemos a Jason y Michael Myers, dos monstruos que en su d a fueron humanos, y que solamente una anormal vida anterior les hizo tan malvados e imaginativos en el incruento arte de matar. Decididamente maliciosos y con deseos de introducirse literalmente en nuestras vidas y cuerpos, estos monstruos creados por la imaginaci n de escritores y guionistas de mente f rtil suelen ser muy torpes, por lo que huir de ellos solamente es cuesti n de tener buenas piernas, salvo que antes nos las hayan cortado con un oxidado machete. Por ello, y por si acaso los encontramos un d a en cualquier esquina, vamos a repasar ahora aquellos que ya figuran en todas las buenas galer as del terror, esencialmente las que se pueden ver cuando estamos c modamente sentados y protegidos en la sala de un cine.
Que la comida debe entrar por los ojos y la nariz antes que por la boca es algo bien sabido, siendo estos dos factores los m s cuidados por los buenos cocineros. Hasta tal punto es as que la presentaci n visual de un men y el aroma que llega hasta lugares lejanos, son los que diferencian una comida de categor a de una simple mesa campera. El entorno tambi n influye, qu duda cabe , ya que unos compa eros de mesa agradables son en ocasiones el aliciente que necesit bamos, lo mismo que el elegante mantel, la cuberter a y la imprescindible limpieza. Despu s est la comida misma, con el aroma que es capaz de llegar hasta nuestro sistema l mbico y que provoca las primeras secreciones de jugos g stricos. De este aspecto se encargan las especias -anta o la mayor fuente de riqueza para los pa ses productores-, y los diversos condimentos que enriquecen las salsas, carnes y pescados. Sin embargo, la vista es quiz el ingrediente m s importante, hasta el punto en que podemos considerarlo el principal, y para ello basta con mirar el escaparate de un delicatessen, de una marisquer a o una pasteler a (este ltimo el m s sugestivo para la mayor a de las personas): aunque no tengamos hambre en ese momento, resulta dif cil resistir la tentaci n de entrar y comprar aquello que tan atractivamente nos ofrecen. Y puesto que ya hemos nombrado los dos elementos que m s intervienen en que se desarrolle bruscamente un deseo imperioso de comer -la vista y el olfato-, no nos debe extra ar que ahora, cuando los cocineros (llamarles "restauradores" me parece tan cursi que desisto de hacerlo) han alcanzado casi la categor a de personajes p blicos de inter s colectivo, se busquen nuevas alternativas en los manjares. La soluci n ha venido nuevamente de la mano de la naturaleza, con dos ingredientes que existen en abundancia, no excesivamente caros, y que permiten potenciar y mejorar al m s soso de los platos. Nos referimos a las algas y las flores, las primeras procedentes de la despensa m s abundante del planeta, el mar, y las segundas presentes sin problemas en la mayor a de los hogares y jardines. De las flores trataremos en este libro (otro hay sobre las algas), no solamente proporcionando recetas f ciles de preparar, sino instruyendo a los consumidores sobre sus beneficios para la salud, pues poco recomendable ser a un plato sabroso de comida si nos provocase enfermedades. Las flores comestibles, y esto es algo que el lector debe tener bien claro, son altamente saludables, al mismo tiempo que dan sabor, olor y mejor presencia a cualquier comida.