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Kirjailija
Adolfo Perez Agusti
Kirjat ja teokset yhdessä paikassa: 247 kirjaa, julkaisuja vuosilta 2013–2026, suosituimpiin kuuluu Auxiliar de enfermería Tomo tres: Curso formativo. Vertaile teosten hintoja ja tarkista saatavuus suomalaisista kirjakaupoista.
Nimi esiintyy myös muodoissa: Adolfo Pérez Agustí, Adolfo Pérez Agusti
En este libro usted encontrar una amplia informaci n sobre los principales temas de la medicina natural, pero debe emplear estos datos con responsabilidad. Si es profesional de alg n tipo de medicina, convencional o alternativa, seguramente podr mejorar sus tratamientos empleando algunas de las soluciones expuestas. Si solamente es una persona con deseos de conocimientos, le pedimos que antes de emplearlos consulte a un profesional experto. Aqu detallamos las terapias alternativas m s habituales, para que sepa elegir cu l o cu les de ellas coinciden sobre su criterio de una terapia saludable y eficaz. Tambi n describimos las enfermedades m s frecuentes y los remedios naturales m s adecuados.
Los creadores de este nuevo arte adivinatorio han combinado la estructura tradicional del Tarot con su comprensi n sobre estos seres divinos y las energ as que representan. Cada Carta Ang lica representa a un ngel, el cual est asociado con una serie de elementos que le confieren unas caracter sticas concretas. Para realizar la adivinaci n sobre el futuro, el canalizador deber ser capaz de relacionar las cualidades de ese ngel con el problema o anhelo del consultante, lo que en principio parece sencillo. Si el ngel posee coraje, por ejemplo, eso es lo que debemos hacer, pues adem s, es lo que vamos a obtener de ese ngel en concreto. Una advertencia: mientras que en el Tarot tradicional se suelen emplear muchas cartas para lograr una conclusi n, en este caso la diversidad solamente ocasionar confusi n. Para disponer de sus propios naipes le emplazamos a algo tan sencillo como tener tarjetas con el nombre de cada ngel, nada m s. No necesitar disponer de una costosa baraja a colores para dialogar con las entidades y pedirles consejo. Deje esa parafernalia para quienes gustan del envoltorio para hablar con la divinidad.
Aparentemente, la gran diversidad de armas atribuidas al ninja suponen un problema para el aprendizaje -de por s muy complejo-, del arte supremo del Ninjutsu; pero como este libro demostrar , el eje de todas ellas gira en torno a un simple bast n de apenas 1,20 metros: el Hanbo. A partir de l y mediante sencillas modificaciones, un experto ninja no tendr problemas para manejar con habilidad cualquier arma que tenga en sus manos. La otra cuesti n ser a: qu papel cumplen en el siglo XXI armas rudimentarias que fueron creadas para una civilizaci n en la cual apenas si se empleaban las armas de fuego? Procedentes la mayor a de los utensilios de labranza m s ancestrales, su gran ventaja era que pod an ser transportadas ostentosamente sin que nadie considerase que se trataba de armas muy letales. Ahora, sin embargo, un simple palo (un Tanbo, por ejemplo), provocar a recelo si lo llev semos en la mano dentro de un autob s lleno de gente, y no digamos nada de llevar un Ninja-to o un Kusarigama. Es por eso, y precisamente por eso, que el Ninjutsu cobra cada vez mayor inter s en los aficionados a las artes marciales, ya que la gran diversidad de armas que tiene que aprender el practicante le hace ser diferente... aunque ni siquiera pueda llevarlas legalmente por la calle para autoprotegerse. Para qu aprender, entonces, a manejar algo tan eficaz si luego no podremos emplearlo como arma en nuestra vida cotidiana? La respuesta a este planteamiento es sencilla y consta de tres razonamientos: 1)Las armas ninja son una prolongaci n de nuestras armas naturales (patadas, pu etazos, codos...), contribuyendo a fortalecer nuestros brazos, mu ecas, codos y hombros, dot ndolos as de unas cualidades f sicas que no podr amos conseguir por otros medios de entrenamiento. Tanto es as , que numerosos cuerpos de lite de la polic a y el ej rcito est n incorporando desde hace a os las t cnicas y armas ninja, plenamente vigentes en un mundo en el cual no siempre se pueden emplear armas de fuego para controlar a personas violentas o delincuentes. 2)Del mismo modo que una simple barra de hierro o un cuchillo de cocina se convierten en un arma letal en manos de personas adecuadas, las armas ninja est n all dispuestas para ser empleadas en situaciones l mites que esperamos nunca se den. Adem s, para manejar con eficacia cualquier utensilio dom stico como arma disuasoria o contundente, deberemos haber aprendido primero a manejar las tradicionales armas ninja, consiguiendo as que los simples elementos de uso cotidiano puedan transformarse en nuestras h biles manos en armas de incre ble potencia y efectividad. 3)Finalmente, la cultura de nuestros antepasados hay que conservarla, del mismo modo que se conservan los libros, la naturaleza y los monumentos hist ricos, y el arte del Ninjutsu es algo que nunca se puede perder.
Superiores a los seres humanos en general, pero inferiores a los profetas, los ngeles celestiales han contribuido durante siglos al bienestar de la Humanidad, bien sea indic ndole los designios de Dios, bien impidiendo la mal fica acci n de los demonios. Su labor la realizan organizados por jerarqu as, desde las cuales alaban a Dios, protegen a los fieles y cumplen los mandatos y misiones divinas; todo ello gracias a que pueden volar, hablar cualquier idioma o dialecto, as como vaticinarnos el futuro, facultad esta que ser muy tenida en cuenta en este libro. Estos mensajeros (mafakh -en hebreo-), descritos reiteradamente por Ezequiel, Zacar as y Daniel, forman tambi n parte de la literatura talm dica de la poca posb blica, aquellos textos que recopilaron las tradiciones orales de los jud os acerca de la religi n y las leyes. Parece ser que los ngeles fueron formados en el segundo o quinto d a de la creaci n, estableci ndose cuatro arc ngeles nicos, Gabriel, Miguel, Rafael y Uriel, quienes poseen emanaciones de la luz divina, as como una inteligencia incorp rea similar a la de Arist teles, tal y como describe el fil sofo jud o medieval Maim nides. En el pensamiento b blico los ngeles son mensajeros divinos de Dios, que se distinguen por su funci n (en griego angelos significa sencillamente "mensajero") m s que por su aspecto exterior. Su papel es comunicar o llevar a cabo la voluntad de Dios para los individuos o las naciones. En el Antiguo Testamento Dios est tambi n representado de manera especial por el " ngel de Yahv ," que a veces no se distingue de l, mientras que los ngeles individuales a quienes se ha confiado la voluntad de Dios para la Humanidad, forman parte de la incontable multitud celeste de ngeles que continuamente le adoran y alaban. Del mismo modo, en el Nuevo Testamento los ngeles est n implicados en los anuncios del nacimiento y resurrecci n de Cristo, y vienen a fortalecerle en momentos de crisis como sus tentaciones en el desierto y la agon a de Getseman antes de la crucifixi n. Tambi n se dice que existen ngeles de la guarda para los individuos -posiblemente uno para cada ser humano- (por ejemplo, dando mensajes a Pedro y Pablo en sue os) y para las iglesias, quedando bien claro que ellos ser n quienes env en las plagas y la guerra a los incr dulos, encarg ndose tambi n de tocar las trompetas del Apocalipsis. El pr ncipe de todos ellos es Miguel, el arc ngel, inferior a Cristo, con poderes celestiales similares a los ngeles demon acos o ca dos, estos ltimos tan inteligentes y poderosos que han conseguido arrastrar una y otra vez a los humanos a la perdici n. Y es que los diablos son agentes capaces de influir negativamente en la conducta humana, y aunque son pintados normalmente como masculinos, tambi n se conocen diablesas, siendo igualmente frecuente verlos descritos como una serpiente capaz de hablar con las personas. El Diablo es indudablemente la encarnaci n del mal, el jefe de los esp ritus malos o ngeles ca dos, y la conducta humana irracional o destructiva puede explicarse por la posesi n diab lica o demon aca, como si alguna fuerza maligna tomara posesi n de la voluntad de una persona. Ambos, demonios y ngeles, han sido objeto en los ltimos a os de nuevos y apasionantes cultos, y un creciente n mero de personas han relatado sus experiencias con entidades angelicales o demon acas, las cuales han afectado profundamente sus vidas, y en muchos casos las han transformado por completo. Tanto es as que, estad sticamente, se puede decir que dos de cada diez personas alrededor del mundo han tenido alg n tipo de experiencia sobrenatural, bien sea angelical o maligna
La Helicobacter pylori, una bacteria end mica, es responsable del 90% de los casos de lcera p ptica y tambi n se relaciona con el c ncer g strico, la dispepsia no ulcerosa y el linfoma tipo MALT (Linfoma del Tejido Linfoide Asociado a las Mucosas). Es posible que se encuentre infectada m s de la mitad de la poblaci n mundial y en algunos pa ses la cifra llega hasta el 70% de la poblaci n, aumentando su prevalencia en sectores socioecon micos bajos. Se trata de una bacteria que vive nicamente en el est mago humano. Aunque la relaci n del bacilo con el epitelio es antigua debido a que gran parte de la poblaci n se halla colonizada, tan s lo cerca del 10% de las personas infectadas desarrollan patolog as. En las ltimas d cadas, la investigaci n sobre el Helicobacter pylori se ha incrementado, y poco a poco, se ha averiguado m s sobre la fisiopatolog a de este microorganismo, como la presencia de genes involucrados en la patogenicidad, indicando con ello que no es precisamente una bacteria totalmente inocua, pero tampoco el mayor pat geno en el epitelio estomacal. Mediante la presente revisi n se pretende abarcar algunos aspectos sobre la bacteria, su relaci n y beneficios con el hu sped, as como los procesos patol gicos que puede desencadenar. Finalmente, se indican los procedimientos basados en la medicina natural para su control.
Resulta dif cil marcar la frontera entre erotismo y pornograf a, labor en la cual han fracasado todos los soci logos, pues parece ser m s una cuesti n de apreciaci n personal que general. Para algunos, el erotismo es "sano," es el motor que nos impulsa a sentir atracci n por las personas, su piel, sus andares, sus palabras y su vestimenta. Para otros, es solamente un acercamiento a nuestro instinto animal; a ese impulso que la naturaleza nos ha puesto para perpetuar la especie. Lo cierto es que, en cierto modo, todos los seres humanos disponemos de numerosos recursos er ticos con los cuales queremos dejar bien clara nuestra condici n de sexuados, de seres que reconocen la enorme importancia que las relaciones sexuales tienen en el bienestar f sico y psicol gico. La mujer sabe desde que Dios la puso en el Para so, que posee unas armas de seducci n que le son dadas por naturaleza y las utiliza con suma frecuencia. Una mujer, por ejemplo, est manifestando el aspecto er tico de su personalidad cuando deliberadamente marca sus redondeces y ense a sutilmente parte de sus pechos, siendo consciente de que ese mismo atuendo pasar a totalmente desapercibido en una playa llena de gente. Parad jicamente, el mismo hombre que horas antes contemplaba con poco inter s a esa mujer que luc a en la playa apenas un esbozo de bikini, queda entusiasmado cuando la mira de reojo en una cafeter a en el momento en que ella cruza deliberadamente sus piernas para mostrarlas. Por razones extra as, el impulso visual er tico se hace m s intenso si miramos a la hembra cuando se desnuda delante de su amante y les podemos ver a ambos haciendo el amor con intensidad. En ese momento hay quien asegura que nos adentramos en la pornograf a, un terreno en el cual, aparentemente, los sentimientos dejan paso simplemente al impulso sexual, sin m s requisitos ni justificaciones. El cine no ha sido ajeno a esta diferenciaci n, y desde siempre ha marcado claramente la frontera entre cine er tico y pornogr fico, no solamente buscando la clasificaci n para "mayores de 18 a os," sino para buscar un p blico determinado. Lo curioso del caso es que el espectador tambi n ha tenido clara la diferencia entre ambos estilos y parece ser que el erotismo ha ganado inter s, tanto en calidad art stica como en beneficios econ micos. Ello ha ocasionado que nadie ponga empe o en realizar pel culas pornogr ficas de calidad art stica, pues saben que el espectador solamente quiere ver en estos filmes a los protagonistas completamente desnudos, practicando el sexo una y otra vez, apenas sin justificaci n sentimental. Esa trampa ha sido la causante de su propio estancamiento art stico, aunque a los propietarios de pel culas pornogr ficas no les preocupa, pues el mercado sigue siendo sumamente rentable. Hay otro dato muy significativo, y es que las pel culas er ticas triunfan si el protagonismo lo llevan las mujeres, al menos en cuanto a desnudos se refiere. Afortunadamente ellas no tienen reparo en mostrar su bello cuerpo si "lo exige el gui n," siendo todav a pocos los actores famosos que aceptan mostrarse desnudos, y no por falta de cualidades f sicas. Ello ha ocasionado que el cine er tico est centrado casi exclusivamente en el cuerpo de la mujer, y aunque los actores modernos se est n incorporando a esta tendencia, apenas si les vemos fugazmente su trasero. Disculpen, pues, nuestras amigas y compa eras, si en este libro no hemos incluidos varones desnudos. Otra vez ser .
Arte marcial por excelencia y parte integrante de la tradici n guerrera del Jap n, a la cual hab a conferido incluso parte de la nobleza, el K rate conoci su prueba de fuego en la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, en esta confrontaci n este arte de lucha sali disminuido y fortalecido a la vez. La mayor a de los Karatecas que tuvieron que incorporarse al ej rcito salieron con vida y todos conservaron su patriotismo y orgullo. El Jap n de antes de la guerra era la potencia militar y econ mica m s importante de Asia, y al finalizar sta siguieron conservando su primac a. La sociedad japonesa segu a conservando tambi n el mismo fondo sobre los valores morales, aunque stos eran normas y costumbres medievales. Sin embargo, durante la guerra, los americanos se sorprendieron al tener como enemigos unos soldados modernizados y eficaces. La tradici n no estaba re ida con la eficacia en la guerra. La formidable m quina de guerra japonesa se demostr altamente eficaz contra los americanos, as como qued tambi n bien patente el coraje y la valent a de los japoneses. Tanto es as , que fueron numerosos los japoneses que aceptaron combatir con las manos desnudas. Entrenados con un vigor que no ten a igual, presionados quiz por la propaganda que recib an d a y noche, estaban convencidos que ser an los ganadores de esa guerra. Adem s, los soldados contaban con su gran maestr a en el k rate, bastante m s eficaz que la lucha americana, centrada casi exclusivamente en un boxeo ingl s rudimentario. Sin embargo, su audacia no fue suficiente contra el poder o militar norteamericano, como tampoco lo fue su tendencia al sacrificio. Los "kamikaces" fueron un invento nip n y estaban convencidos de que as servir an al destino de su pueblo. Adem s, su sacrificio les facilitar a una reencarnaci n gloriosa y m s pronta. Pero su pasi n por la gloria les llev a olvidar elementales reglas de prudencia, como es el hecho de que no se puede volar en medio de un espacio cubierto por las bater as antia reas. Esto cost la vida a miles de soldados japoneses. Una vez consumada la rendici n, numerosos karatecas se preguntaron sobre la verdadera eficacia de las artes marciales. Nunca hasta ese momento nadie se hab a cuestionado la validez del k rate como arte de guerra. Esta modalidad de lucha formaba parte del patrimonio cultural del pa s y esto ya era suficiente para considerarlo til y eficaz. Sin embargo, al finalizar la guerra la mayor a de los universitarios que lo practicaban lo abandonaron bruscamente. Llegaron a la conclusi n de que las cualidades f sicas de un individuo solamente tienen una importancia secundaria y, por tanto, el saber artes marciales no era imprescindible. Esta postura generalizada provoc un estancamiento de las artes marciales japonesas, aunque afortunadamente no fue seguida por la totalidad de los maestros de entonces, los cuales siguieron ense ando y practicando el K rate dentro y fuera del Jap n. Lo que s qued demostrado es que no se deber a utilizar tan temerariamente como se hizo durante la guerra. Cuando hay delante un individuo armado con arma de fuego, las t cnicas del K rate no sirven para detener una bala. Es eficaz para la autodefensa y el cuerpo a cuerpo, pero obviamente no lo es contra un fusil ametrallador que dispara diez balas por segundo. El K rate se comenz entonces a valorar en su justa medida y pas a utilizarse en aquellos casos en los que era necesario un buen uso de las armas naturales de nuestro cuerpo, aplicadas por supuesto con buena t ctica y t cnica. Los comandos americanos que luchaban en la selva y en los suburbios de las ciudades, tuvieron pronto conocimiento de la eficacia de las artes de lucha japonesas. Una vez finalizada la guerra, estos mismos grupos de comandos asistieron a las demostraciones de los maestros japoneses. Muchos de esos espectadores ser an despu s los que se encargar an de divulgar por el mundo las virtudes del
Damos tanta importancia a las palabras, escritas o verbales, que nos olvidamos con demasiada frecuencia de los hechos. De esta circunstancia saben mucho los pol ticos, quienes muestran gran habilidad para decir en sus campa as electorales lo que los ciudadanos quieren o r, aunque luego (y con frecuencia, anteriormente) sus actos no tengan nada que ver con aquello que dicen y afirman. La palabra permanece en la mente de las personas gracias a los libros y tambi n grabada en los medios de comunicaci n y ocio denominados como audiovisuales, por lo que no es de extra ar que ocupe ya el primer puesto en cuanto a modos de expresi n se refiere. Los hechos tambi n son importantes, al menos para los historiadores, y por ellos podemos evaluar con cierta precisi n todo cuanto de bueno y malo han realizado nuestros antecesores, aunque dependemos demasiado de la opini n del escritor para saber la verdad de los acontecimientos. Y en medio de estos dos factores, la palabra y los hechos, est n los gestos, la forma de expresi n corporal m s aut ntica de todas y la nica que no da lugar a errores de apreciaci n, siempre y cuando sepamos interpretarlos. Esencialmente todos sabemos evaluar algunos gestos reflejos, como las l grimas, la sonrisa o los gritos, lo mismo que podemos saber lo que ocurre detr s de un grito de dolor, un rubor en la mejilla o un apret n de manos sincero. Pero todos estos gestos son, con frecuencia, manipulados por las personas y expresados por motivos muy diferentes a los que aparentemente son en realidad. Personas h biles que nos enga an con sus gestos hay muchas y de eso saben mucho los ladrones, los estafadores y otras gentes poco recomendables, pero tambi n los emplean para manipularnos personas tan respetables como los pol ticos (nuevamente), los actores, los presentadores de televisi n, los adivinos y los abogados, entre otros. Todo ser humano y frecuentemente los animales, emplean trucos con sus gestos para inducirnos a enga o, algunos tan sutilmente elaborados que solamente est n al alcance de mentes privilegiadas, o maquiav licas. Cualquier acto jur dico es una muestra del arte del enga o (suele mentir el acusado y exagerar el acusador), lo mismo que lo es cuando un vendedor intenta que compremos lo in til, o un pol tico nos abraza durante un mitin por primera y ltima vez en su vida. Tambi n hay enga o cuando un ni o nos avisa que ya se ha tomado la comida que acaba de tirar a la basura o cuando nuestra pareja llega a las tres de la madrugada alegando que ha estado con su madre. Como es obvio, nosotros tambi n nos habituamos a mentir deliberadamente, y en ocasiones, tal y como nos explicaban en el filme "Mentiroso compulsivo", mentir es una necesidad incuestionable para poder estar en sociedad. Todo esto era as hasta que a alguien, en concreto, a m , se le ocurri la feliz idea de hacer un libro para que pudi ramos conocer a las personas simplemente mirando su punto m s d bil: sus gestos. La idea era observar a nuestro pr jimo, m s que escucharle, en busca de cualquier se al externa en su cuerpo que nos dijera la verdad que oculta en su mente. Si logr semos esto habr amos conseguido dos cosas incre bles: nadie nos podr a dar gato por liebre nunca m s (insisto, ni siquiera los pol ticos) y, adem s, podr amos disimular nosotros mismos con una eficacia total.
Las plantas, al igual que cualquier otro ser vivo, requieren de un cuidado totalmente personalizado, incluso aquellas que pertenecen a la misma familia. Aunque existen normas generalizadas que nos permiten cuidar un amplio y variado jard n dom stico, no hay nada que pueda ser til para todas, ni nada que pueda ser inofensivo para la mayor a. Incluso el agua, tan necesaria, vital y aparentemente inocua, puede arruinar por exceso algunas especies y a otras secarlas por defecto. Y eso mismo lo decimos para el sol, ese astro que puede hacer que una determinada planta adquiera el color de hoja m s bello, mientras que unos cortos y min sculos rayos pueden quemar a otra. Ya est claro que cada una de ellas requiere cuidados diferentes, pero si, adem s, tenemos en cuenta las grandes diferencias que existen entre las plantas de interior con las que soportan las temperaturas del exterior, muchos son los detalles que hemos de aprender para que tanto nuestro balc n, como las plantas de interior, tengan un aspecto saludable. Hay tantas causas que pueden hacer que nuestras plantas no presenten un buen aspecto, con un bonito color en sus hojas y unas hermosas flores en primavera que denoten un esmerado cuidado, que se necesitar an varios manuales pr cticos como ste para abarcar todo lo que el aficionado necesita saber para ejercer como buen m dico de sus propias plantas. No obstante, en este libro se ha procurado resumir los conocimientos m s elementales y necesarios que todo buen aficionado deber a poseer para lograr, mediante algunos trucos, tener unas bellas y sanas plantas en su jard n y macetas.
Son los juguetes para unos, los mejores compa eros para otros y un estorbo para los menos. Formando parte del hogar de los humanos desde hace milenios, las diferentes mascotas que viven junto a nosotros son casi -s lo les falta un poco solamente- un miembro m s de nuestras familias. Pacientes, resignadas, afectuosas e inmutables ante nuestros cambios de humor y rarezas, estos animales nos demuestran la gran superioridad que poseen con respecto a la pretenciosa raza humana. Capaces de vivir con la misma alegr a junto a un pobre, un rico, un enfermo, un ni o o un anciano, no necesitan nada m s en la vida que cari o, comida y, en ocasiones, un poco de compa a. Por ello, si estamos pensando llevar una mascota a nuestro hogar hemos de concienciarnos sobre la gran responsabilidad que adquirimos con ello. No olvidemos que se trata de un ser vivo y sujeto, por tanto, casi a las mismas necesidades y problemas que los humanos, y que a partir del momento en que nos hacemos cargo de l, ha de tener los mismos cuidados que el resto de los miembros de la familia. En especial, nosotros no le aconsejamos nunca regalar una mascota a un ni o en el d a de su cumplea os o en Navidad. Esto le puede hacer creer que se trata de otro juguete, pero al contrario que un juguete, no se puede olvidar de l deposit ndolo en cualquier estanter a de su dormitorio hasta que siente deseos de volver a jugar con su regalo. Qu ni o no se vuelve loco de alegr a ante la idea de tener un cachorro? En estos casos ha de prevalecer la sensatez de los mayores y, sobre todo, ser conscientes de que hemos de ser nosotros, y no el ni o, los que tendremos que hacer la mayor parte del trabajo. Es in til, por mucho que queramos responsabilizar a un ni o, que sea l quien se encargue del cuidado total del animal, mucho menos si el ni o es muy peque o. Esto es especialmente importante a tener en cuenta si la mascota es un perrito al que hay que sacar a la calle al menos una vez al d a. Igualmente desaconsejable es regal rsela a una persona mayor porque est sola y, a nuestro juicio, lo que necesita es compa a. Nuestro prop sito puede ser bueno, pero estos regalos improvisados nunca se deben realizar y debemos contar siempre con la aprobaci n de quien va a recibir al animal. No solamente debemos asegurarnos que lo acepta de buen grado, sino que ni uno ni otro puedan verse perjudicados por tener que vivir juntos. Si un anciano no puede cuidar a un perro, obviamente el perro tampoco es adecuado para cuidar a un anciano. A veces no se trata de una carencia de afecto, ni una dejadez en su deseo de cuidar a la mascota, sino que es su propia debilidad f sica lo que les obliga a estar solamente pendientes de s mismos, no disponiendo de m s energ a para cuidar de nadie m s. No obstante, y si despu s de estos y otros muchos razonamientos que le hagan decide llevar un animal a su casa, le felicitamos por ello, no solamente por su humanidad sino por los muchos beneficios morales que recibir con su compa a. Le pedimos especialmente que no desprecien a los animales feos, ni tampoco a los que tengan alg n defecto f sico. Todos son dignos de estar con nosotros y cualquiera de ellos nos puede hacer feliz. Si en verdad ama a los animales y no es solamente una frase con la cual queremos ganar simpat a, deber tratar de hacerles felices, no buscando una posici n ego sta exigiendo todo de ellos sin dar apenas nada a cambio. Recuerde: antes de comprar una mascota busque por los alrededores de su casa alg n animal hambriento, solitario o enfermo, al que los desaprensivos y malvados le hayan maltratado repetidas veces; esa ser , con seguridad, su mejor mascota.
En la madrugada del 15 de abril de 1912, el trasatl ntico Titanic, de la naviera White Star, se hundi despu s de chocar con un iceberg dos horas y cuarenta minutos antes. Fue una de las mayores cat strofes en la historia de la navegaci n, pues de las 2.244 personas que viajaban a bordo se cree que m s de 1.500, concretamente 1.503, perecieron en las heladas aguas del Atl ntico Norte. El Titanic, botado el a o anterior en Belfast, era el mayor y m s lujoso trasatl ntico del mundo y el orgullo de la White Star. Se estimaba que era incapaz de hundirse, al estar el casco dotado con 16 compartimientos estancos que le permit an mantenerse a flote aunque dos de ellos se inundaran. Pero su traves a inaugural iba a ser tambi n la ltima. Tras cuatro d as de navegaci n desde el muelle de Queenstown, en Southampton, hacia Nueva York, el buque intentaba forzar la marcha para atravesar una zona de hielo junto a Terranova, y poder as ganar la codiciada Cinta Azul, otorgada al buque que lograra la traves a m s veloz del Atl ntico. En ese momento colision con un enorme iceberg que penetr por el costado de estribor y abri una brecha de 91 metros. El barco se inclin por la proa y se fue hundiendo lentamente para sumirse en las profundidades en apenas tres horas. Los pasajeros realizaron esfuerzos desesperados por llegar a la cubierta y subir a los botes salvavidas, pero pocos lo lograron. Seg n algunas opiniones contrastadas, el barco no contaba con botes salvavidas suficientes, y algunos de los que hab a se utilizaron s lo a medias. El primer barco que acudi en auxilio fue el Carpathia, que traslad a 700 supervivientes hasta Halifax, Canad . Pronto se abrir a una investigaci n para aclarar las causas de tan tr gico suceso. Pero ahora la historia se reescribe y el gigantesco King Kong, el gorila que aterroriz a varias generaciones, revive y junto al ocean grafo Cousteau, a la princesa de M naco y a otros muchos investigadores, nos llevan a un mundo lleno de imaginaci n e inquietudes.
Una encuesta p blica realizada hace algunos a os revel que la situaci n m s temida en general es la de hablar en p blico, situ ndose incluso por encima de lavar cristales exteriores en el piso 85 de un edificio de oficinas. De modo que pueden imaginarse el temor y la tensi n que esta situaci n genera entre los oradores, pues sabemos de muchos que se desmayan, otros que sudan copiosamente, se les traba la lengua y, con suma frecuencia, les tiemblan las piernas. Tambi n existe quien "se queda en blanco," posiblemente la m s embarazosa de las situaciones, pues tener delante docenas de personas, en ocasiones miles, esperando o r algo que les agrade y en su lugar escuchar el tenebroso silencio, es algo que coh be a cualquiera. En ese momento es cuando desear amos que se hiciera realidad el refr n de "tr game tierra," al menos durante unos minutos. Otros, sin embargo, pueden soportar el estr s y la incertidumbre por el resultado de su pl tica ante el p blico mediante sistemas de sugesti n mental muy eficaces. Estas personas salen mentalmente del lugar o al menos consiguen que el p blico se haga invisible en ese momento, y sabemos que hablar en solitario, delante de un espejo, no es lo mismo que en un mitin pol tico o una reuni n sindical.
Los alimentos constituyen un papel a n m s decisivo en el rendimiento deportivo que el mismo entrenamiento, aunque no se le otorga todav a la importancia que tiene. De los alimentos sacamos la energ a, la restauraci n muscular y sea, la resistencia y hasta la agilidad mental para efectuar movimientos complejos. Por ello, en esta lecci n describimos todos los secretos para lograr una alimentaci n adecuada a cada deporte y persona, evitando dar recomendaciones gen ricas. Hay una alimentaci n adecuada para las fases de entrenamiento, otra para la competici n y, por supuesto, tambi n para las fases de descanso y ausencia de ejercicio. Tambi n existen enormes diferencias en cuanto a las necesidades seg n sea el deporte practicado, la edad, y la propia condici n f sica. Por desgracia, hoy en d a todav a es habitual que se confunda la buena alimentaci n con la comida sabrosa, y por ello es frecuente que los mejores deportistas acudan a comer a restaurantes de lujo, en la creencia de que detr s del alto precio est tambi n la buena nutrici n. En este libro, escrito bajo los postulados de la medicina natural, el deportista de cualquier edad, sexo y deporte, encontrar una gu a completa y sencilla de entender y seguir, con la cual podr mejorar su rendimiento deportivo y ganar salud.
Dentro de su aparente complejidad, una planta medicinal es un ejemplo de sencillez y perfecci n, con su estructura pugnando por llegar un poco m s alto y sus ra ces empe adas en afianzarse cada vez m s en la tierra. Organismo vivo, bello casi siempre, y capaz de proporcionar al ser humano y a los animales alimento y curaci n al mismo tiempo, ha sabido adaptarse en el tiempo y a cualquier lugar, en cualquier circunstancia. Una vez que comprendemos este prodigio natural, resulta imposible admitir que alguien nos hable de la superioridad de los medicamentos como forma de curar al hombre. Encerrados en sus esterilizados y angostos laboratorios, los cient ficos se empe an en mejorar la naturaleza y aunque no lo consiguen nunca, recogen cierta fama y dinero. Si tenemos en cuenta que ninguno de los medicamentos qu micos ha logrado permanecer en el mercado m s de 100 a os, y creo que todav a les he regalado algunas d cadas, comprenderemos lo que quiero decir. Cuando a una planta medicinal le extraemos su principio "activo" la estamos desequilibrando y ese cambio afectar a sus propiedades y a la persona que recibir esa parte aislada. Tambi n hay otro elemento a n m s sugestivo, y es el referente a la informaci n que porta y transmite la planta medicinal, una informaci n producto de miles de a os de evoluci n. Esta informaci n es integrada al individuo que la ingiere, sum ndose a la ya existente, lo que aumenta la eficacia del ADN celular. Se establece entonces una sincron a entre los diferentes elementos, una uni n y perfecci n en la energ a cu ntica, lo que conlleva a la armon a y corrige la distorsi n hasta ahora existente. Se puede lograr este efecto con un producto qu mico carente en su totalidad de vibraci n cu ntica? Ese producto hace tiempo que dej de ser org nico, vivo, y por tanto el ADN celular no lo reconoce, no sabe qu hacer con l. Ello no excluye que no tenga efectos terap uticos, pero a la larga crear una distorsi n org nica nueva. Hasta ahora se han aislado en el interior de las plantas medicinales m s de 12.000 principios org nicos, y gracias a ellos los seres humanos (tambi n los animales y las especies insect voras), han empleado y emplean las plantas medicinales en su estado natural desde hace 5.000 a os, y eso de una manera racional, puesto que con anterioridad fueron empleadas con m s o menos acierto de forma intuitiva. Sin embargo, cuando los qu micos empezaron a propagar que tanta tradici n milenaria no ten a "base cient fica", miles de personas olvidaron toda la informaci n sabiamente recopilada durante siglos, y pasaron a ser consumidores de los medicamentos. La llegada espectacular de los antibi ticos, las hormonas sint ticas y los analg sicos, contribuyeron en gran medida a estos hechos y pronto ni un solo m dico se atrevi a volver a utilizar con sus pacientes ninguna planta medicinal en su estado natural. Y es que no proporcionaba ninguna categor a, ni social ni cient fica, tratar de curar a los enfermos empleando productos que se pod an coger en cualquier huerta o comprar en un modesto herbolario. Es m s, los mismos enfermos reclamaban el medicamento m s caro del mercado, en la creencia de que tras el precio estaba su eficacia. Con el paso del tiempo y en la medida en que los medios de informaci n se hicieron gratuitos y de f cil acceso, las personas volvieron a reconsiderar el uso de las plantas medicinales y reclamaron su uso libre para curar sus enfermedades. En resumen, sea usted sabio y utilice los productos de la naturaleza. Este manual no es una puesta al d a de ning n otro m s antiguo, sino una revisi n fundamentada en las experiencias m s actuales, habi ndose eliminado cualquier referencia esot rica o no contrastada por la medicina moderna.
Lo que ocurre en el universo de las parejas que conviven es siempre una inc gnita, pues nuestra visi n es por fuerza superficial. C mo se las arreglan aquellas parejas que, por lo menos aparentemente, son felices? Son en realidad desdichadas, a n sin saberlo, y toda su sabidur a consiste en soportar estoicamente su infortunio? Su experiencia nos puede servir de orientaci n? Cumplen tal vez con el adagio de que "No se trata de soportar que los vientos soplen en contra, sino de colocar las velas de modo que los hagan favorables?" Con tantos libros que nos hablan sobre la relaci n perfecta entre hombre y mujer, de los problemas y las incompatibilidades de caracteres, resulta imposible que no sintamos cierta tristeza o remordimiento. Han clasificado tantas anomal as en la convivencia que por fuerza tenemos que estar encuadrados en alguna de ellas; si no es en el amor ser en la sexualidad, y sino en las libertades o las relaciones con los dem s. Es imposible pensar que nuestra convivencia es perfecta, pues siempre tendremos un psic logo que nos demostrar que no es as , que la felicidad se alcanza justo como l nos dice, pues para eso es un profesional. Luego vendr n las presiones de la familia y de los amigos, de los compa eros de trabajo y hasta de los pol ticos, ya que la cantidad de consejeros es enorme y resulta dif cil librarse de todos a la vez. No es acaso la felicidad el mayor fin perseguido por los seres humanos? Y no es cierto tambi n que se alcanza por cortos espacios de tiempo y cada cual seg n sus deseos? C mo es posible que todav a alguien nos diga qu es correcto y lo que no? L gicamente, con este libro he pretendido no caer en el mismo error y aunque parezca un texto de consejos varios no es as , pues usted, amigo lector, deber sacar sus propias conclusiones y encontrar los remedios para que su vida afectiva sea un poco mejor. Deber ser, desde ahora, su propio alumno y maestro juntos, analizando y observando, tratando siempre de encontrar la parte positiva de esa convivencia que ahora le parece insoportable. Seguro que su vida no es tan tr gica, pero le aseguro que no me pondr en medio para solucion rsela. Lea el libro y manos a la obra
Fueron los pioneros en acaparar el entusiasmo de los espectadores de televisi n y los primeros tambi n que lograron crear numerosos clubes de fans por todo el mundo, cada uno organizando sus propios festivales y convenciones. Compitieron despu s con "Star Wars", una pel cula t cnicamente muy brillante y aunque se parec a a otras pel culas de aventuras similares, resultaba totalmente nueva y con un estilo diferente. Gracias a estas historias, llegaba un momento en el cual el espectador se cre a el mundo del futuro que le estaban mostrando y, adem s, con un gran sentido del humor. Incluir elementos c micos le suele dar un aspecto inocente, a lo que debemos sumar el hecho de que los personajes principales tienen cierta tica en su comportamiento. B sicamente, estas pel culas "del espacio" muestran una historia sencilla de caballeros gal cticos, contada con magia, con tanta magia que muchos espectadores sienten la necesidad de ponerse de nuevo en la cola del cine para volverlas a ver. Despu s viene el coleccionismo, la asociaci n de admiradores, el merchandising y, en suma, la pasi n por un mundo que ninguno de nosotros conseguir vivir personalmente. Aunque no es f cil entender la admiraci n por un g nero cinematogr fico, posiblemente en esta ocasi n este inter s est ligado a que todas las noches las estrellas nos muestran los mundos lejanos que nos rodean desde la creaci n del universo. En las pel culas de "Star Trek" hay, adem s, todos los ingredientes de las cl sicas pel culas juveniles, con un capit n (Kirk, Picard), un mago (Spock, Data), una princesa (Uhura, Deanna), algunos guapos chicos, con frecuencia monstruos y un malvado en cada cap tulo. L gicamente, les tiene que gustar. Tambi n hay mucha acci n y poco romance (casi siempre plat nico), nav os estelerares con gran potencia militar y toda una tecnolog a que nos avisa de lo que est pr ximo; sin olvidar su ampliaci n al mundo del videojuego, en donde el protagonista es el propio aficionado, lo que hasta hace poco era una quimera. Aunque "Star Trek" naci en los a os 60 mediante un serial televisivo con mucha imaginaci n pero parco en recursos econ micos, no ser a hasta los a os 70 cuando alcanzar a la categor a de mito indiscutible, y eso que llegaba en una poca en la cual las pel culas de ciencia-ficci n no viv an su mejor momento. Y volviendo a "Star Trek", la continuidad de la serie despu s de "Enterprise" parec a una quimera y eso que el entusiasmo por la saga nunca decay y sus clubes de fans son cada vez m s abundantes, lo mismo que las numerosas direcciones en Internet. Ahoa tenemos una gran oferta en las series remasterizadas, sean en DVD o Bluray, y los dos ltimos filmes que recaudaron m s dinero del previsto y que nos aseguran la continuidad de la leyenda, especialmente porque las nuevas generaciones tambi n est n interesadas en esta epopeya gal ctica.
Desarrolladas en principio por gentes campesinas como sencillo m todo defensivo, y posteriormente asumidas como parte del entrenamiento habitual de las castas guerreras, las refinadas artes de lucha orientales se han incrustado como un valor s lido en todo el mundo. Y es que ahora sabemos que su poder no reside simplemente en conseguir anular al contrario con un golpe certero, sino en mejorar nuestra mente y equilibrar nuestro esp ritu. Con su pr ctica, el alumno entra en un mundo casi m stico, en donde la violencia que parece formar parte de su esencia termina convirti ndose en el control de la agresividad, por lo que podr amos asegurar que los artistas marciales son menos violentos que, por ejemplo, los aficionados al boxeo. El secreto est en el esfuerzo d a a d a, en la repetici n miles de veces de la t cnica aparentemente m s sencilla, y en la meditaci n obligada antes y despu s de cada entrenamiento. Junto a ello, el alumno aprende a resolver sus problemas l solo, a no quejarse ante el dolor f sico que le llegar , a respetar al adversario menor, y a no sentir p nico cuando se encuentre con alguien superior. Esa lucha es, pues, m s interna que externa, pero indudablemente su cuerpo conseguir una transformaci n positiva tan alta como su mente. Y paralelo a este mundo individual, los gimnasios (Dojos) de artes marciales involucran frecuentemente a sus alumnos en competiciones deportivas, en donde se mide, m s que la fuerza, la precisi n y la oportunidad. En estos torneos no hay contacto f sico da ino -al menos deliberado-, por lo que suponen una buena opci n para aquellos que desean poner a prueba lo aprendido meses antes. Pero si lo que quieren es dejarse de reglas y asumir lo que supone una pelea casi real, podr n participar en una gran cantidad de deportes al contacto, en donde el K. O. est algo m s controlado que en el boxeo ingl s. Tan amplia es la oferta en el mundo de las artes marciales, que los practicantes suelen cambiar frecuentemente de estilo y profesor, pues en la variedad encuentran siempre el progreso para convertirse en un buen cintur n negro. Normalmente empiezan con el K rate o el Judo, y una vez alcanzada la maestr a necesaria se derivan, o bien a artes marciales de contacto como el Full Contact, o a otras en donde prima el desarrollo espiritual, como es el caso del Tai-Chi. Las opciones le llevar n, por tanto, al K rate y a su idea del golpe nico y definitivo; al Taekwondo con sus patadas voladoras que rivalizan con las posturas del Kung-f imitando a los animales; o al Judo, que proyecta e inmoviliza al adversario, mientras que el Aikido canaliza el impulso de la agresi n en su favor. Tambi n podr aprender la filosof a que esconden las artes marciales internas, como las que se ense an en algunos estilos de Kung-f , as como la demoledora y contundente pelea del Boxeo tailand s, en oposici n a la inquietante sutileza mortal del Ninjitsu. Disfrute y aprenda el lector con el contenido de este libro, ya que contiene la esencia de las sofisticadas artes de lucha inicialmente orientales, en la seguridad de que conseguir una visi n m s exacta de ellas y sus creadores.
Todo lo que tiene que ver con caballos, especialmente los paseos en calesa o trotar en su lomo, es obviamente muy pr ctico y atractivo. Por ello es l gico que existan muchas escuelas que nos ense an a pasear en caballo y centros donde las personas pueden aprender a galopar, lo mismo que existen lugares que nos lo muestra como un compa ero inseparable en muchas pel culas de acci n. Una buena escuela nos ense ar igualmente c mo llevarle con firmeza y eficacia, c mo cuidarle y hasta c mo debe ser su h bitat o cuadra id nea. Sin embargo, cosas as nos ense an solamente una parcela peque a de todo lo que involucra al mundo del caballo, o incluso nos pueden hacer perder el tiempo si su valoraci n sobre la utilidad del caballo se limita a los paseos o a emplearle como animal de carga. Este libro pretende ser como una academia para personas poco experimentadas en este asunto de la vida con los caballos, especialmente en cuanto a su cuidado y doma. Lo esencial, creo, es evitar relatar una larga serie de consejos y miles de explicaciones con las cuales se termina confundiendo, m s que aclarando, lo que un inexperto necesita saber. De hacerse as , el aficionado termina cayendo en una trampa por saturaci n de conocimientos que le impedir tomar decisiones correctas. Ciertamente, la confianza proviene del conocimiento, pero un exceso de ello asimilado en pocos d as es solamente una informaci n que no se puede procesar puesto que se necesita el otro factor esencial: la experiencia. Al principio, dedique todos sus esfuerzos en manejarle con seguridad para ambos, con eficacia y procurando que est lo m s limpio posible. Esta es una labor muy dif cil o al menos agotadora, puesto que se trata de un animal grande, fuerte y con una gran cantidad de ideas y comportamientos propios. Aunque no lo crea, el caballo tiene un cerebro totalmente eficaz que le proporciona fuerte personalidad, al mismo tiempo que grandes sentimientos de fidelidad, tenacidad y capacidad de sufrimiento. Hay mucho dogmatismo tradicional sobre el mundo del caballo, mucho de ello reflejado solamente en algunos libros que est n basados en teor as inadecuadas, carentes de ese aspecto pr ctico y humanista que se debe anteponer siempre a las normas cient ficas. Por ello, el material presentado en este libro est basado no solamente en los principios probados, sino en la parte sentimental que aproxima a los humanos con los animales, sin olvidar la investigaci n que nos lleva a cuidar y comprender m s a este animal. Esto podr a considerarse como una mezcla entre lo mejor de lo viejo y lo nuevo, y de hecho lo es, pues aunque ahora se tenga m s en consideraci n a los animales en general, nunca ha estado el caballo tan apreciado y cuidado como en la antig edad. El problema es que incluir todos los asuntos que involucran al caballo requerir a un libro enorme o, mejor a n, varios libros, con lo cual estar amos proporcionando al lector aficionado el abrumador caudal de conocimientos que he criticado anteriormente. Lo importante es suministrar unos conocimientos b sicos, pero haciendo nfasis en aquellas cuestiones que m s diferencian al caballo de otros animales. Haci ndolo as , el lector tendr entonces una base leg tima para comprender cualquier tema nuevo y, lo m s importante, sabr solucionar, casi por instinto, la mayor a de los problemas que le vayan surgiendo. El m s sabio y el mejor cuidador sabe que nunca se termina de aprender sobre los caballos. Bueno, esto es v lido para cualquier faceta en nuestra vida, pero con ello queremos insistir en que estamos ante un animal muy complejo y que adem s de ofrecer grandes premios est ticos a aquellos que saben cuidarles con eficacia, nos proporciona compa a y, con frecuencia, cari o. Finalmente, espero que este libro le ayude a gozar del mundo de los caballos y a que su esfuerzo diario con l se vea premiado por lo mucho que obtendr con su compa a.
Esta aristocr tica y atractiva actriz comenz usando el nombre Sigourney (sacado de un personaje de "El Gran Gatsby") en la primera d cada de 1960. Hija del anterior presidente de la NBC, Sylvester "Pat" Weaver, y la actriz Elizabeth Inglis, se gradu en la escuela de Arte Dram tico de Yale un a o antes que tambi n lo hiciera Meryl Streep. Su primera salida a un escenario fue en Nueva York, en una obra dirigida por Sir John Gielgud titulada "La esposa constante" y que deber a haber sido interpretada por Ingrid Bergman. Una vez terminado su contrato realiz su primer peque o trabajo en el cine, en la pel cula "Madman" (1978), dirigida por Dan Cohen. Casi simult neamente interpret , por considerarlo de alg n modo, un peque o papel en "Annie Hall" de Woody Allen (1977), en donde si tenemos buena y sagaz visi n la vislumbraremos como una joven que est en la fila de un cine, mientras Woody y Diane discuten sobre los problemas sexuales que la menstruaci n produce en ella. Al a o siguiente intervino tambi n en cortos papeles en diferentes obras de Broadway, como "Gemini" y en varios otros espect culos, apareciendo en la telenovela "Somerset." Su altura de 1,83 cm. le ha impedido a veces intervenir en determinados papeles. Weaver alcanz bruscamente su categor a de gran estrella como la hero na tenaz del thriller de Ciencia-Ficci n de Ridley Scott, "Alien"(1979), y pudo revivir su personaje en "Aliens" (1986), y "Alien 3" (1992.) En 1996 anunci que volver a a interpretar el mismo personaje, con la joven actriz Winona Ryder, en el tentativamente titulada, "Alien: La Resurrecci n." Weaver tambi n prob sus credenciales dram ticas serias haciendo pareja con Mel Gibson en el drama pol tico "El a o que vivimos peligrosamente" (1983), y consigui poco a poco llegar a ser una de las estrellas femeninas de Hollywood m s destacadas de la d cada de 1980. Alcanz un auditorio diferente como una guapa chica que es pose da por el demonio, dando la r plica a Bill Murray, en el enorme xito "Los Cazafantasmas" (1984) y su menos bien recibida continuaci n en 1989. Weaver ha ganado tres nominaciones al Oscar: Mejor Actriz por "Alien" en 1986 y dos en 1989 como Mejor Actriz Secundaria en su trabajo como ejecutiva snob y yuppie, con Melanie Griffith, en "Armas de Mujer." Tambi n fue nominada a la Mejor Actriz, por su retrato de una cient fica y activista ecol gica en el filme "Gorilas en la niebla," en donde encarna a Dian Fossey, quien muri en circunstancias nunca aclaradas. A principios de la d cada de los 90, Weaver interpret pel culas que, en su mayor a, cambiaban el aspecto que hab a desempe ado anteriormente en la pantalla, demostr ndonos su gran versatilidad. Hizo un corto pero significativo papel como la Reina Isabel de Espa a en la desastrosa obra de Ridley Scott "1492: La Conquista del Para so" (1992), y se enganch con cierto xito a la popularidad en su secundario papel de Primera Dama en la comedia pol tica "Dave, presidente por un d a" (1993). Posteriormente adopta un papel menos encantador, como la v ctima vengativa de una tortura pol tica en el filme de Rom n Polanski "La Muerte de la Doncella" (1994), y como una psic loga de delitos especialmente sangrientos que sufre terribles crisis f bicas a salir al exterior, en "Copycat" (1995), junto a Holly Hunter. Weaver tambi n interpret a una nueva evangelista madura en la comedia "Jeffrey" (tambi n en 1995), donde Paul Rudnick nos realiza una recreaci n agradable de los homosexuales. Despu s de una larga relaci n sentimental con el actor/dramaturgo James McClure, Weaver se cas con el director Jim Simpson en 1984, quien la dirigi en las obras de teatro "Old Times" (1981) y "El mercader de Venecia" (1986-87). En mayo de 1990 nacer a su hija Charlotte.
Este libro, escrito de manera sencilla y buscando dar un enfoque amoroso a las relaciones sexuales humanas, puede suponer una gu a clara para mejorar la sexualidad de ambos sexos. Hay numerosas referencias anat micas, pues con demasiada frecuencia los datos y referencias que tenemos del otro sexo son err neos y desvirtuados por una falta de informaci n ver dica. Ello no excluye que sigamos recomendando al lector que una su habilidad sexual, con el amor.